S?bado, 25 de junio de 2011

En toda revelaci?n privada hay que distinguir dos componentes: el contenido doctrinal o mensaje y las circunstancias f?sicas que lo acompa?an, lo que se llama ?epifen?menos? (arrobamiento, levitaciones, hierognosis, inedia, impasibilidad, estigmas, etc.). El primero es competencia de la Iglesia; el segundo lo es de la Ciencia. El cometido de la Iglesia consiste en examinar si el contenido de una revelaci?n privada es conforme o no al dogma, la moral, la liturgia o la disciplina eclesi?stica. Si se halla algo contrario a alguno de estos aspectos de la religi?n cat?lica, se puede estar cierto de que la pretendida revelaci?n es falsa. Tambi?n si en ella se hallan elementos triviales o rid?culos (por ejemplo, las supuestas visiones de sor Magdalena de la Cruz o de ?ngela Carranza), que podr?an redundar en desdoro e irrisi?n de la fe. Aun cuando quedare establecida la perfecta ortodoxia del mensaje o contenido doctrinal de una revelaci?n privada no por ello es ?sta de origen sobrenatural: puede ser perfectamente natural o, incluso, debida a intervenci?n diab?lica (preternatural). Esto ?ltimo no es de extra?ar, ya que el Demonio, como ?mica de Dios? gusta de presentarse como ?ngel de luz para mejor enga?ar a las almas.

?C?mo discernir entonces si una aparici?n es aut?nticamente sobrenatural, natural o preternatural? Aqu? es cuando entran los cient?ficos, cuyo papel es el de estudiar los epifen?menos que acompa?an a la presunta revelaci?n y dictaminar si tienen o no una explicaci?n natural. En el primer caso, el asunto queda pr?cticamente resuelto; en el segundo, pasa nuevamente a la Iglesia para que ?sta, con los elementos s?lidos proporcionados por la investigaci?n cient?fica, dictamine si lo que no puede ser explicado por causas naturales viene de Dios o del Maligno. S?lo entonces se establece la autenticidad o no de la revelaci?n privada. En este proceso hay que evitar dos cosas: por parte de la Iglesia, arrogarse competencias cient?ficas que no son las suyas propias en cuanto Iglesia (puede nombrar sus propios expertos para examinar los epifen?menos, por supuesto, pero el dictamen de aqu?llos valdr? lo que valgan sus argumentos basados en la evidencia emp?rica); por parte de la Ciencia, meterse a decidir sobre la sobrenaturalidad o preternaturalidad de un fen?meno (cuando s?lo debe limitarse a determinar si se puede explicar o no por causas naturales).

Una vez que la autoridad eclesi?stica ha juzgado que una revelaci?n privada no se opone en su contenido a la religi?n cat?lica y que hay respaldo cient?fico para creer en su car?cter sobrenatural, normalmente la aprueba, declar?ndola aut?ntica. Todav?a en este caso la manifestaci?n as? aprobada no es vinculante para el creyente, que puede perfectamente no prestarle fe ni tenerla en cuenta en absoluto para su vida espiritual. Nadie est? obligado a creer en la Medalla Milagrosa, ni en La Salette, ni en Lourdes, ni en F?tima, aunque se trate de apariciones acreditadas, aprobadas y recomendadas por la Iglesia, que hasta ha hecho entrar a algunas en su liturgia, como se ve en las festividades del 11 de febrero (Lourdes) y el 27 de noviembre (Medalla Milagrosa). Ello no obstante, parece imprudente ignorar estas intervenciones extraordinarias, por mucho que no entren en la Revelaci?n p?blica. Es oportuno recordar a este respecto la exhortaci?n de San Pablo a los Tesalonicenses: ?No apagu?is el Esp?ritu, no despreci?is las profec?as; examinad cada cosa y quedaos con lo que es bueno? (V, 19-21).

?Qu? pasa si la Iglesia difiere su juicio sobre una revelaci?n privada? Es el caso de las apariciones de Garabandal, ejemplo de actitudes y posturas correctas e incorrectas, como veremos ampliamente m?s adelante. Los sucesivos obispos de Santander (a cuya jurisdicci?n corresponde la pedan?a c?ntabra que fue escenario de fen?menos fuera de lo com?n entre 1961 y 1965) observaron una l?nea que se puede considerar ?sinuosa? frente a aqu?llas. Desde la contundente reacci?n de Mons. Puchol (?esto lo acabo yo cueste lo que cueste?) ya antes de o?r el parecer de los cient?ficos hasta la prudente benevolencia demostrada por Mons. del Val, que levant? la prohibici?n de acudir a Garabandal de sus predecesores, pasando por las notas nada claras del obispado que declararon, sin dar razones serias para ello, que no constaba el car?cter sobrenatural de las presuntas apariciones. En casos como ?ste que nos ocupa la conducta a observar es clara: obediencia a lo que dispone la autoridad eclesi?stica (aunque a uno le parezca errado) y paciencia: si la revelaci?n es aut?ntica acabar? por abrirse paso y dar sus frutos. Las apariciones de Nuestra Se?ora de Todos los Pueblos en Amsterdam (entre 1942 y 1959) no fueron aprobadas por el obispo de Haarlem-Amsterdam hasta 2002. Mientras se espera, puede uno leg?timamente prestar fe humana a la revelaci?n y beneficiarse de lo bueno que pueda contener en relaci?n a la vida espiritual.


Publicado por mario.web @ 7:13
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