S?bado, 02 de julio de 2011
El 28 de noviembre de 1996 el cardenal Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI, intervino en la Conferencia Mundial Organizada por el Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, organizada sobre el tema "A imagen y semejanza de Dios: ?Siempre? Los enfermos mentales".
Esto es un resumen de lo que dijo:
- Ante el tema de este convenio internacional, emergen en m? recuerdos inquietantes. Os ruego que me permit?is contaros, a manera de introducci?n, esta experiencia personal que nos lleva al a?o 1941, al tiempo de la guerra y del r?gimen nacionalsocialista.
Una de nuestras t?as, a la que visit?bamos frecuentemente, era madre de un robusto muchacho que era alg?n a?o m?s joven que yo, pero mostraba progresivamente los indicios t?picos del s?ndrome de Down. Suscitaba simpat?a por la simplicidad de su mente ofuscada; y su madre que ya hab?a perdido una hija por muerte prematura, le estaba sinceramente aficionada.
Pero en 1941 las autoridades del Tercer Reich ordenaron que el chico deb?a ser llevado a un asilo para recibir una mejor asistencia. Todav?a no se sospechaba nada de la operaci?n de eliminaci?n de los discapacitados mentales, ya iniciada. Poco tiempo despu?s lleg? la noticia de que el ni?o hab?a muerto de pulmon?a y su cuerpo hab?a sido incinerado.
Desde aquel momento se multiplicaron las noticias de este estilo. En el pueblo en que hab?amos vivido antes, visit?bamos de buena gana a una viuda que hab?a quedado sin hijos y se alegraba por la visita de los ni?os del vecindario. La peque?a propiedad que hab?a heredado de su padre apenas pod?a darle para vivir, pero ten?a buen ?nimo, aunque no sin alg?n temor por el futuro.
M?s tarde supimos que la soledad en la que se hallaba cada vez m?s sumergida, hab?a nublado m?s y m?s su mente: el temor por el futuro se hab?a hecho patol?gico, de manera que apenas se atrev?a a comer, porque tem?a siempre por el ma?ana en el que tal vez quedar?a sin comida que llevarse a la boca. La clasificaron como trastornada mentalmente, fue llevada a un asilo y tambi?n en este caso pronto lleg? la noticia de que hab?a muerto de pulmon?a.
Poco despu?s en nuestro actual pueblo sucedi? la misma cosa: la peque?a finca, junto a nuestra casa, estaba confiada a los cuidados de tres hermanos solteros, a quienes pertenec?a. Eran considerados enfermos mentales, pero estaban en condiciones de ocuparse de su casa y de su propiedad. Tambi?n ellos desaparecieron en un asilo y poco despu?s se nos dijo que hab?an muerto. A este punto ya no cab?a tener dudas de cuanto estaba sucediendo: se trataba de una sistem?tica eliminaci?n de cuantos no eran considerados como productivos. El Estado se hab?a arrogado el derecho de decidir qui?n merec?a vivir y qui?n deb?a ser privado de la existencia en beneficio de la comunidad y de s? mismo, porque no pod?a ser ?til a los dem?s ni a s? mismo.
A los horrores de la guerra, que se hac?an cada vez m?s sensibles, este hecho a?adi? un nuevo temor: advert?amos la helada frialdad de esta l?gica de la utilidad y del poder. Sent?amos que el asesinato de esas personas nos humillaba y amenazaba a todos nosotros, a la esencia humana que hab?a en nosotros: si la paciencia y el amor dedicados a las personas que sufren son eliminados de la existencia humana por considerarlos como una p?rdida de tiempo y de dinero, no se hace el mal s?lo a los que mueren, sino que en ese caso se mutilan en su esp?ritu incluso los que sobreviven.
Nos d?bamos cuenta de que all? donde el misterio de Dios, su dignidad intocable en cada hombre, se deja de respetar no s?lo se ve amenazado cada individuo, sino que es todo el g?nero humano quien est? en peligro. En el silencio paralizador, en el temor que nos bloqueaba a todos, fue como una liberaci?n cuando el Cardenal von Galen levant? su voz y rompi? la par?lisis del miedo para defender en los discapacitados mentales al hombre mismo, imagen de Dios.
A todas las amenazas contra el hombre, derivadas del c?lculo del poder y de lo ?til, se opone la luminosa palabra de Dios con la que el G?nesis introduce el relato de la creaci?n del hombre: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza" (G?nesis 1,26). ?Qu? se entiende con estas palabras? ?En qu? consiste la semejanza divina del hombre? Consiste en la orientaci?n a la vida eterna. Esta vida eterna significa algo m?s que una simple subsistencia eterna. Una realidad puede ser eterna s?lo a condici?n de que participe de lo que es eterno: de la eternidad de la verdad y del amor.
?Puede ser destruida esta imagen de Dios? ?Existen seres humanos que no son imagen de Dios? Por grande que sea su sufrimiento, por desfigurados y ofuscados que puedan ser en su existencia humana, ser?n siempre los hijos predilectos de nuestro Se?or, ser?n siempre de modo particular su imagen.
Cristo en la Cruz se ha asemejado definitivamente a los m?s pobres, a los m?s indefensos, a los que m?s sufren, a los m?s abandonados, a los m?s despreciados. Y entre ?stos est?n aquellos cuya alma racional no llega a expresarse perfectamente mediante un cerebro d?bil o enfermo, como si por una u otra raz?n la materia se resistiera a ser asumida por parte del esp?ritu. Pero la pasi?n de Jes?s desemboca en su resurrecci?n. Cristo resucitado es el punto culminante de la historia, el Ad?n glorioso hacia el que tend?a ya el primer Ad?n, el Ad?n ?terreno?. As? se manifiesta el fin del proyecto divino: todo hombre est? en camino del primero al segundo Ad?n.

Publicado por mario.web @ 11:13
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