Mi?rcoles, 13 de julio de 2011

(Hech 1, 4-14; 2, 1-47; Jn 1, 33; Lc 4, 14-19; Rm 5,5)

Les invito a descubrir lo que quiere decir la expresi?n "Bautismo en el Esp?ritu Santo" y cu?les son los efectos en las personas que lo reciben bien dispuestas. Jes?s mismo, quien emplea esa expresi?n, alert? a sus disc?pulos sobre la importancia del Esp?ritu Santo y la necesidad de recibirlo. Por eso, les mand? no salir de Jerusal?n a la evangelizaci?n del mundo sin recibir antes la "Promesa del Padre". Les dijo: "Juan bautiz? con agua, pero ustedes ser?n bautizados en el Esp?ritu Santo dentro de pocos d?as"recibir? la fuerza del Esp?ritu Santo cuando venga sobre ustedes, ser?n mis testigos en Jerusal?n, en toda Judea, en Samaria y hasta los extremos de la tierra" (Hech 1, 5-8).

Convertirse en testigos de Jes?s

Para poder evangelizar necesitamos ser llenos del Esp?ritu Santo, porque es a trav?s de nosotros que act?a ?l. Por eso, lo m?s urgente que necesita la Iglesia es una nueva efusi?n del Esp?ritu, que es tanto como decir que necesita un ej?rcito de hombres llenos del Esp?ritu. Pero el Esp?ritu Santo no es algo que pueda ser producido por nuestros propios esfuerzos, ni siquiera puede ser "merecido", porque es puro don del Padre, para convertirnos en testigos.

Ser testigos de Jes?s no se realiza mediante m?todos humanos, o con vagos sentimientos; es el Esp?ritu Santo quien hace testigos de Jes?s. Los mismos disc?pulos que estuvieron con Jes?s, necesitaron el Esp?ritu Santo para ser testigos del Maestro. Los ap?stoles tuvieron la ventaja de ser instruidos por el Salvador en persona, lo vieron morir, resucitar y subir al cielo; sin embargo, hasta que no fueron bautizados por el Esp?ritu Santo en Pentecost?s, no mostraron nada nuevo. Pero cuando el Par?clito irrumpi? en sus almas, quedaron nuevos y abrazaron una vida nueva, siendo gu?as de los dem?s y haciendo arder la llama del amor de Cristo en ellos mismos y en los otros. Sino se da una efusi?n del Esp?ritu seremos falsos testigos o, en el mejor de los casos, personas emprendedoras, pero no testigos de Jes?s.

Despu?s de la ascensi?n de Jes?s al cielo los disc?pulos se fueron al Cen?culo y all? se prepararon con Mar?a y recibieron el Bautismo en el Esp?ritu y su fuerza, que los convirti? en criaturas nuevas. Del Esp?ritu sacaron los ap?stoles la fuerza para ser, en medio del mundo, testigos de Jes?s resucitado. Con el Esp?ritu estaban preparados para la evangelizaci?n del mundo pues, no hay evangelizaci?n alguna sin el Esp?ritu Santo. En efecto, "el Esp?ritu Santo es el agente principal de la evangelizaci?n" (EN 75). Antes de iniciar Jes?s de Nazaret su predicaci?n "descendi? sobre ?l el Esp?ritu Santo" (Lc 3,22) en el momento del bautismo y fue "conducido por el Esp?ritu Santo"(Lc 4,1) para prepararse en el desierto y "con la fuerza del Esp?ritu Santo" (Lc 4,14) volvi? a Galilea a inaugurar su predicaci?n en Nazaret; entr? en la sinagoga, donde expuso su programa de evangelizaci?n, diciendo: "El Esp?ritu del Se?or est? sobre m?"" (Lc 4, 17-19).

La Ley del Esp?ritu

El Esp?ritu Santo desciende sobre la Iglesia precisamente el d?a en que Israel recordaba el don de la ley, de la alianza, cincuenta d?as despu?s de la Pascua, y salida de Egipto (cf. Ex 19,1-6). Por eso, dir? san Agust?n: "Es un misterio grande y maravilloso: si os dais cuenta, en el d?a de Pentecost?s ellos recibieron la ley escrita con el dedo de Dios y en ese mismo d?a de Pentecost?s vino el Esp?ritu Santo". Este hecho quiere decir que el Esp?ritu Santo es la ley nueva, que sella la nueva y eterna alianza. Esta Ley ya no queda escrita en tablas de piedra, sino en los corazones; ya no es una ley exterior, sino interior, es el Esp?ritu. Por eso, hab?a dicho Ezequiel: "os infundir? mi Esp?ritu y har? que camin?is seg?n mis preceptos y que pong?is por obra mis mandamientos" (Ez 36,27).

El Esp?ritu de Cristo

Cuando Cristo mor?a en la cruz dice el cuarto Evangelio: "Despu?s inclin? la cabeza y entreg? el esp?ritu" (Jn 19,30). Jes?s, en la cruz, "entreg? el esp?ritu". Esto en el lenguaje de Juan, tiene dos significados: uno natural: se refiere la muerte f?sica de Jes?s: dio su ?ltimo suspiro, muri?; otro, m?stico y alude al Esp?ritu Santo, como don transmitido a los creyentes como consecuencia de la pasi?n glorificadora de Cristo: "entreg? el Esp?ritu" a la Iglesia naciente. Jes?s, en la cruz ha arrancado de toda la humanidad el coraz?n de piedra, o sea, todo el rencor, toda la enemistad y el resentimiento contra Dios, pues ha "crucificado al hombre viejo" y ha "destruido el cuerpo del pecado" (Rm 6,6). Ha absorbido nuestra muerte y, a cambio, nos ha dado su amor, su "Esp?ritu de hijo". Todo esto lo expresa san Pablo llamando al Esp?ritu Santo "Esp?ritu de Cristo" (Rm 8,9) y diciendo que el Esp?ritu da vida "en Cristo Jes?s" (Rm 8,2). El Esp?ritu Santo nos viene de Cristo y mantiene viva la memoria de Jes?s, "da testimonio" de ?l. El renueva todas las cosas. Cuando el Esp?ritu Santo viene y toma posesi?n de alguien, tiene lugar un cambio y esa persona pasa a ser una persona diferente. As? se vio en los disc?pulos de Jes?s.

El Esp?ritu Santo es sanador

Desde el momento que nos posee el Esp?ritu Santo, algo maravilloso pasa en nuestra vida. Recibimos a Jes?s como a nuestro Se?or y Salvador y nos libera en nuestro cuerpo, en nuestra mente y en nuestro esp?ritu. El cambia nuestro coraz?n de piedra en coraz?n de carne, rompe los obst?culos y El mismo empieza a actuar en nosotros, a dirigir nuestras vidas, si as? lo deseamos. Despierta en nosotros capacidades latentes para servir mejor a nuestros hermanos. Nos da las gracias necesarias para comprender un poco m?s los misterios de la Encarnaci?n y Resurrecci?n y nos da un hambre viva y nueva por la oraci?n. Nos fuerza a dar testimonio con nuestra vida. Nos haced gritar a todo el mundo el nombre de Jes?s, llen?ndonos de un amor especial por Jes?s. Comenzamos a ser m?s y m?s como Cristo, ejemplo de entrega amorosa y de comuni?n con el Padre.

Crecer en el Esp?ritu

El Bautismo en el Esp?ritu Santo, es decir, nuestro Pentecost?s, es solo el comienzo de una Vida Nueva. Seremos tentados como Jes?s en el desierto, a donde hab?a sido conducido por el Esp?ritu Santo. Pero, las tentaciones son una preciosa oportunidad para crecer en el fe y confianza en el Padre, en Jes?s y en su Esp?ritu. M?s a?n, las tentaciones nos ayudan a salir fortalecidos y transformados, si sabemos aprovechar la oportunidad, sabiendo que el Padre est? con nosotros en todo momento y que no permite que seamos tentados m?s de lo que podemos resistir.

La vida de Dios es din?mica en nosotros. Una vez pose?dos por el Esp?ritu, deseamos compartir las maravillas que el Se?or est? haciendo en nosotros y en los dem?s. La vida nueva no se puede vivir a solas, nos lleva a vivir y a fortalecer la comunidad y queremos ser como Cristo con los hermanos. Empieza, para nosotros, a ser imprescindible la oraci?n personal diaria, la oraci?n comunitaria y empieza a gustar la oraci?n de alabanza y de agradecimiento al Se?or. Se hace necesario el alimento y meditaci?n de la Palabra de Dios. Tambi?n, Jes?s, impulsado por el Esp?ritu Santo, dedic? muchas horas a la oraci?n, hablando con el Padre con filial confianza e intimidad incomparable.

En contacto con la Palabra, ?sta se ir? haciendo carne en nosotros y lograremos que nuestra oraci?n se convierta en vida cada d?a. Cristo Jes?s es base fundamental de lo que vamos construyendo cada d?a en nuestras vidas y sentimos la necesidad de ayudar a otros.

La vida del Esp?ritu es din?mica

Una persona que ha recibido el bautismo en el Esp?ritu se puede comparar a un ni?o reci?n nacido, que por s? solo podr?a morir por falta de alimento y abrigo. Dios nos ha hecho de tal manera que dependemos unos de otros. Adem?s, El se complace en manifestar su poder en comunidad. Es en la comunidad donde El derrama sus dones para el bien de la comunidad. El amor fraterno empieza a ser el signo visible de la presencia de Dios. Con ese amor vencemos las ataduras del enemigo, pues nos revestimos de las armaduras de Dios.

Fr. Nelson M.
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Publicado por mario.web @ 10:14
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