Domingo, 07 de agosto de 2011
Jorge Enrique M?jica nos lleva a una exploraci?n profunda del problema migratorio y el trabajo de aproximaci?n que se ha hecho desde la religi?n.
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Creer, migrar e integrarse
Creer, migrar e integrarse
No hace falta una sensibilidad excesiva para compadecerse de los centenares de inmigrantes procedentes de ?frica que a diario son interceptados en las costas espa?olas, francesas o italianas en condiciones paup?rrimas. En la mayor?a de los casos han invertido todo patrimonio, toda posesi?n, para pagar el medio y la persona que les ayuden a penetrar en una nueva frontera aun a costa de la propia vida. En otras latitudes de la tierra la odisea no es menor en riesgo ni deja de ser conmovedora: la frontera M?xico-Estados Unidos constituye, hoy por hoy, un punto nodal de excesivo flujo migratorio donde las garant?as de ?xito para el emigrante ilegal no son halag?e?as. Seg?n las estad?sticas del gobierno estadounidense, alrededor de 800, 000 mexicanos ingresan diariamente a los Estados Unidos. Cada a?o la Uni?n Americana admite entre 150, 000 y 200, 000 mexicanos al pa?s como residentes permanentes legales[1].

Seg?n datos recientes de las Naciones Unidas, los emigrantes por razone econ?micas son hoy casi doscientos millones; los refugiados, cerca de nueve millones y los estudiantes internacionales unos 2 millones[2]. A estos habr?a que a?adir los desplazados internos y los emigrantes irregulares.

Todos ellos son, de una u otra manera, ?Pr?fugos de cualquier condici?n que, impulsados por las persecuciones o por la necesidad, se ven obligados a abandonar la patria, la amada familia, los vecinos y los amigos entra?ables, para dirigirse a tierras extranjeras?[3]. No obstante las mil vicisitudes y los casos de muerte en situaciones verdaderamente tr?gicas, hay seres humanos que alcanzan el objetivo de ingreso y establecimiento en un nuevo pa?s. Tanto individual como colectivamente, la persona y los distintos grupos de inmigrantes[4] llevan consigo un patrimonio cultural y religioso rico de significativos elementos; poseen unas caracter?sticas propias: hasta el momento antes que emigraran el ambiente en que se hab?an desenvuelto form?, de una u otra manera, su ser de sujetos culturales. El emigrante est? marcado por una faceta o medio cultural que, com?nmente, coincide en identificarse con las fronteras de un pa?s. ?El hombre existe siempre en una cultura concreta?[5].

Es verdad que en algunos pa?ses los diferentes grupos ?tnicos no comparten la totalidad de elementos que pueden determinar universalmente a todos los miembros de un Estado pol?tico, sin embargo, es com?n que a la mayor parte de sus habitantes se les puedan atribuir unos rasgos o caracter?sticas m?s o menos generalizadas. Una de ellas es la religi?n.

El inmigrante, al penetrar una nueva frontera, lleva consigo ese patrimonio cultural. En ?l se ha desenvuelto y resulta, por consiguiente, ineludible el choque que supone su encuentro con la nueva realidad cultural ante la que se halla.

Cada pa?s posee una cultura propia. Su conciencia hist?rica no es la misma que la del pa?s vecino ni la de ning?n otro. No obstante, ser?a falso negar que, incluso as?, un gran n?mero de naciones comparten, aunque s?lo sea parcialmente, una riqueza com?n. La religi?n vuelve a suponer un ejemplo claro. Una buena cantidad de pa?ses latinoamericanos, europeos, e incluso asi?ticos, participan en mayor o menor medida de una fe ya cristiana, ya musulmana, ya hind?. Las manifestaciones culturales convertidas en obras art?sticas (esculturas, pinturas, arquitectura, literatura, etc.), evidencian la sinton?a, la proximidad, en al menos un rasgo, aunque ?ste esencial?simo, del todo cultural.

En gran medida, la religi?n, como elemento constitutivo e imprescindible de una cultura, cuando no fundante, anima la visi?n que determinar? la cerraz?n o apertura en el proceso de integraci?n de los inmigrantes y la reciprocidad por parte de los ciudadanos del pa?s que los recibe. Nos encontramos as? ante una pluralidad bien diversificada de posturas en torno al fen?meno de la integraci?n del migrante y la aceptaci?n del mismo en nuestra actualidad. Un fen?meno que se ha ido acentuando y tomando carices distintos tanto por parte de las masas que se movilizan como de los habitantes de los lugares hacia los cuales se desplazan y establecen.

Consientes de que la presencia de extranjeros, sobre todo en los pa?ses desarrollados o que gozan de un esperanzador futuro econ?mico o pac?fico, est? constituyendo y va a seguir significando un fen?meno de la m?xima importancia social[6], conviene buscar un cauce que distense el encuentro que supone. Es este encuentro el que plasma un planteamiento peculiar en torno al tema de la aceptaci?n o integraci?n mutua. Un ?problema? que parece encontrar soluci?n en las respuestas que ofrece la religi?n, que aporta la fe. Partimos de la obviedad tocante a la diversidad de credos. No es la religi?n en su conjunto, por el mero hecho de ser religi?n, quien puede establecer cauces v?lidos aunque eso se desear?a.

A ra?z del viaje realizado a Turqu?a, Benedicto XVI ha agradecido y ensalzado el sentido de la hospitalidad que distingue a los pa?ses de mayor?a musulmana. Al musulm?n el asilo se le presenta como un deber. Sin embargo, no se puede ocultar el enfoque que al respecto tienen sobre la integraci?n en cuanto toca a los suyos. Los hechos manifiestan la actitud m?s o menos general del musulm?n: no hay espacio para la integraci?n so pena de caer en una mal entendida conversi?n o abandono de la propia fe. Son conocidas las peticiones realizadas por grupos islamistas en Espa?a o Inglaterra que han llegado a solicitar la aplicaci?n, para sus comunidades, de una regulaci?n jur?dica especial semejante a la que viv?an en los pa?ses de origen.

En el caso de ser los pa?ses de mayor?a musulmana los que acogen, si bien hemos ponderado el sentido del asilo, no se puede considerar a ?ste como un gesto que implique una indiferencia de cara al futuro. En la pr?ctica, prima el deber del inmigrante a comulgar, en algunos lugares incluso coaccionado por la fuerza f?sica y la presi?n psicol?gica, con la cultura del lugar. Se violan los derechos humanos. De aqu? la necesidad de reflexi?n respetando siempre la distinci?n entre di?logo civil y religioso; distinguir entre esfera civil y esfera religiosa tambi?n en los pa?ses musulmanes pues no son desconocidas las graves dificultades que los cristianos experimentan para que les sean reconocidos sus derechos humanos[7].

El hind? trata de no estar sujeto al mundo. Integrarse supondr?a ligaci?n. Si bien la pr?ctica actual m?s extendida se distingue por el principio pr?ctico religioso de indiferencia hacia las cosas materiales, incluyendo al hombre, se vale de ellas en tanto cuanto le son ?tiles. Prima un utilitarismo que imposibilita profundamente la compenetraci?n real. Una cosa es valorar la cultura y la sociedad por el car?cter absoluto que entra?an al estar conformadas por personas individuales, y otra utilizarla como medio para fines particulares. Tambi?n son conocidas las secuelas de violencia hacia cristianos, incluso nativos, en ciertas zonas de la India. Podr?amos extendernos hacia otras confesiones pero este bot?n de muestra basta.

Actualmente son m?s palpables las causas que motivan los desplazamientos migratorios: pobreza, injusticia, intolerancia religiosa, conflictos armados; la b?squeda de unas mejores condiciones de vida que satisfagan las carencias econ?micas, la b?squeda de la paz o el l?cito prop?sito de la unidad que supone el reencuentro familiar. En la visi?n cat?lica, la realidad de las migraciones no puede ni debe ser vista s?lo como un problema, sino tambi?n y sobre todo como un gran recurso para el camino de la humanidad[8]. Es esta percepci?n la que ha justificado desde siempre[9] el v?lido y leg?timo principio de libertad de tr?nsito basado en la concepci?n de la humanidad como una gran y ?nica familia.

Los documentos y declaraciones del Papa[10], el Pontificio Consejo para la pastoral de los emigrantes e itinerantes[11] y varias conferencias episcopales como la estadounidense, mexicana, espa?ola[12] o italiana, han buscado explicar las causas profundas de las mareas migratorias, adem?s de defender una mayor comprensi?n respecto al sentido del derecho a desplazarse cuando las circunstancias lo ameritan, con la consecuente respuesta y actitud humana tocante a la acogida.

Con no menor claridad han instado a los pa?ses de d?nde nacen los constantes y abundantes flujos migratorios a ofrecer a sus habitantes las oportunidades econ?micas, pol?ticas y sociales que les permitan alcanzar una vida digna y plena mediante el uso de sus dones de manera que eviten la necesidad de salir de la propia tierra en busca de una vida mejor al que les da el lugar de origen. Y es que ?en el enorme campo de las migraciones internacionales la persona humana tiene que ponerse siempre en el centro. La justa integraci?n de las familias en los sistemas sociales, econ?micos y pol?ticos de lo pa?ses de acogida s?lo se alcanza, por un lado, respetando la dignidad de todos los inmigrantes, y, por otro lado, con el reconocimiento por parte de los mismos inmigrantes de los valores de la sociedad que les acoge?[13].

Por lo anterior, han reconocido la obligaci?n por parte del inmigrante a ?que cultiven una actitud abierta y positiva hacia la sociedad que le acoge, manteniendo una disponibilidad activa a las propuestas de participaci?n para construir juntos una comunidad integrada que sea ?casa com?n? de todos?[14]. Actitud que puede entenderse como un deseo de conocer la historia nacional o aprender la lengua, por ejemplo; aceptaci?n y valoraci?n que no deben significar comulgar con falsos valores que m?s bien son vicios disfrazados de virtudes y que suelen presentarse como progresos de sociedades modernizadas. Tampoco debe entenderse esta inculturaci?n como una renuncia al pasado, a la cultura en la que se naci? y desarroll? el migrante; no se debe entender como la p?rdida de los verdaderos y universales valores depositados en la cultura patria a favor de una malentendida homogeneizaci?n[15]. Valorar y respetar lo nuevo no significa renunciar a lo que de bueno hay en lo propio. D?gase lo mismo para los que les reciben: ?cu?nta riqueza produce el abrirse a conocer lo valioso y bello que ofrecen otras culturas! Por eso es necesario llevar a cabo acciones legislativas, jur?dicas y sociales para facilitar dicha integraci?n[16].

Esta visi?n cristiano-cat?lica responde con acierto al problema de la integraci?n pero no se queda en el plano te?rico. ?La Iglesia estimula la ratificaci?n de los instrumentos legales internacionales destinados a defender los derechos de los emigrantes, refugiados y sus familias, y ofrece, en varias de sus instituciones y asociaciones, el amparo que resulta cada vez m?s necesario?[17]; tutela a los emigrantes y a sus familias a trav?s del auxilio de protecciones legislativas, jur?dicas y administrativas espec?ficas, as? como a trav?s de una red de servicios, centros de escucha y de estructuras de asistencia social y pastoral[18].

?sta es una respuesta equilibrada que concede a la fe un papel protag?nico. Obviamente presupone un credo arraigado y vivido y una disponibilidad a cooperar tanto por parte del migrante como del nativo que le recibe. La disyuntiva parece ahora venir del encuentro entre migrantes de otras religiones con su particular cosmovisi?n del mundo y la cultura y los ciudadanos con los que convivir?n o viceversa.

Cada vez es mayor la migraci?n de musulmanes hacia pa?ses europeos o hacia Norteam?rica en busca de trabajo, democracia o tambi?n por la reunificaci?n familiar. Los cat?licos est?n llamados a ser solidarios con los inmigrantes musulmanes, conociendo su cultura y religi?n, y testimoniando los propios valores cristianos desde la perspectiva de la nueva evangelizaci?n: deben profundizar su identidad dando testimonio de ella. Esto presupone el respeto mutuo y la solidaridad humana.

De la misma manera, los inmigrantes musulmanes deben respetar la identidad cultural y religiosa del pa?s que les acoge; distinguir lo que dichas sociedades pueden o no pueden tolerar de la cultura isl?mica y lo que se ha de respetar y compartir.

Sea cual sea el caso, el cristianismo no puede entenderse como una fuerza cultural impositiva cerrada a todo lo que no sea ella misma. La historia pone de manifiesto la manera como ella se ha ido enriqueciendo de todas aquellas huellas de verdad existentes en culturas y civilizaciones de distintas latitudes geogr?ficas y estadios temporales tan diversos, reconociendo y abrazando lo que de bueno y verdadero ha visto en ellas. Por su parte, la aportaci?n que ha ofrecido se constata en la impronta dejada en todo el orbe occidental y en no pocos pa?ses de otros continentes. Una de sus m?ximas expresiones cristaliz? en el haber fundamentado el valor de la persona humana y la igualdad de derechos del hombre y la mujer que desembocar?a en la declaraci?n universal de los derechos humanos.

El cristianismo no ha denostado a aquellas culturas con las que ha entrado en contacto. Ha sabido inculturizarse e inculturizar; ha sabido ser una religi?n abierta que ha dado forma al concepto de cultura. Esto es algo que deben saber dar y a lo que deben estar dispuestos los que llegan a un nuevo pa?s con la esperanza de mejores oportunidades de vida. A su vez, tambi?n es una actitud a valorar por parte de los que acogen independientemente de la religi?n profesada por una u otra parte.

La religi?n juega un papel trascendental en el proceso de integraci?n. Obviamente no es indiferente la mirada que de dicha integraci?n hace cada credo; en el cristianismo cat?lico jam?s se considerar? a ning?n ser humano como extranjero y s? como parte de la ?nica y gran familia humana. No deja de ser tarea del inmigrante el tomar conciencia de su dignidad, de sus derechos, deberes y de sus valores; de su compromiso a ponerlos en com?n con los otros y a esforzarse por aceptar y ser aceptado. Se puede ?caminar hacia una pronta integraci?n arm?nica en el intercambio de dones?[19]. Es un hecho.


Si te interes? el art?culo te invitamos a escribirle a su autor dando un [email protected]


Notas
[1] Melissa Therrien y Roberto R. Ramirez, The Hispanic Population in the United States: March 2000, Current Population Report P20-535 (Washington, D.C.: U.S. Census Bureau, 2000). Immigration and Naturalization Service, nota de prensa "INS Announces Legal Immigration Figures for FY2001" Washington, D.C., August 30, 2002. U.S.-Mexico Migration Panel, Mexico-U.S. Migration: A Shared Responsibility (Washington, D.C.: Carnegie Endowment for International Peace, 2001). Jeffrey Passel, "New Estimates of the Undocumented Population in the United States," (Washington, D.C.: Migration Policy Institute/Migration Information Source, 22 de mayo de 2002). U.S. - Mexico Migration Panel, Mexico-U.S. Migration: A Shared Responsibility (Washington, D.C.: Carnegie Endowment for International Peace, January 2001), p. 28. Tambi?n ver INS Statistical Yearbook, FY 2000. Tambi?n consultar Statistical Yearbook of the Immigration and Naturalization Service, Fiscal Year 2000 en www.ins.usdoj.gov
[2] Cfr. P?gina oficial de las Naciones Unidas versi?n espa?ola en www.un.org/spanish/documents/
[3] P?o XII, Exsul familia: AAS 44 (1952) 649.
[4] A) Inmigrante: Toda persona que ingresa de otro pa?s a territorio nacional con el objetivo de transitar por o establecerse en ?l. B) Emigrante: Toda persona que sale de su pa?s natal para vivir en otro en forma permanente. C) Migrante: Una persona en tr?nsito, en movimiento (voluntario o forzado) dentro de su propio pa?s, internacionalmente, o ambos. A diferencia de los refugiados, los migrantes tienen la capacidad de regresar a su pa?s de origen cuando as? lo deseen ya que sus vidas no peligran en ?l.
Usamos los t?rminos utilizados en el documento ?Juntos en el Camino de la Esperanza Ya No Somos Extranjeros. Carta pastoral de los Obispos Cat?licos de los Estados Unidos y M?xico sobre la migraci?n? emitido conjuntamente
por la Conferencia de Obispos cat?licos de Estados Unidos y la Conferencia Episcopal Mexicana. En http://www.nccbuscc.org/mrs/strangersp.shtml

[5] Juan Pablo II, Enc?clicas de Juan Pablo II. Edici?n preparada por J.A. Mart?nez Puche, O.P. Edibesa 5? ed., Madrid 2003, Veritatis Splendor n. 53, p. 1072-1073.
[6] Mons. Jos? S?nchez, obispo de Sig?enza-Guadalajara, Espa?a. ?La familia inmigrante, nuestra familia?, Carta pastoral en http://www.zenit.org/spanish/ [2007-01-13].
[7] Conviene ver ?Migraci?n e itinerancia desde y hacia los pa?ses de mayor?a isl?mica?. Conclusiones y recomendaciones: ?Migrantes musulmanes en los pa?ses de mayor?a cristiana?. Consejo Pontificio para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes. XVII Sesi?n Plenaria. Vaticano 15-17 de mayo, 2006. En:
http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/migrants/documents_1/rc_pc_migrants_doc_15170506_XVII-plenaria-finaldoc_sp.html
[8] Meditaci?n mariana del ?ngelus, 14 de enero de 2007, n. 3: L?Osservatore Romano, edici?n en lengua espa?ola, 19 de enero de 2007, p. 1.
[9] Cfr. En la ?Pacem in Terris? de Juan XXIII se profundiza en el derecho del individuo a migrar cuando as? lo aconsejan los leg?timos intereses.
[10] V?ase el elenco completo de los mensajes del pontificado de Juan Pablo II con ocasi?n de las Jornadas mundiales del emigrante en http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/messages/migration/index_sp.htm
[11] V?ase, por ej.: INSTRUCCI?N ?ERGA MIGRANTES CARITAS CHRISTI?(La caridad de Cristo hacia los emigrantes). PONTIFICIO CONSEJO PARA LA PASTORAL DE LOS EMIGRANTES E ITINERANTES, 1 mayo de 2004. En http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/migrants/documents/rc_pc_migrants_doc_20040514_erga-migrantes-carit
S.E. Mons. Agostino MARCHETTO, Los flujos ?migratorios? en el mundo. Consecuencias y expectativas. Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes. Congreso Nacional sobre la Pastoral de la Movilidad Humana, (10-14 marzo 2003), Veracruz, M?xico. En http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/migrants/documents/rc_pc_migrants_doc_2003035_flows_marchetto_sp.html
[12] V?ase, por ej. ?Los inmigrantes, un desaf?o?? Carta pastoral de la conferencia episcopal espa?ola. Bolet?n oficial del obispado Mondo?edo-Ferrol A?o CL octubre-diciembre 2006 n. 10-12. En http://www.mondonedoferrol.org/definitiva%20diocesis_archivos/bolet%C3%ADn/boletin%20obispado%20out%20dec%20internet.pdf
[13] Meditaci?n mariana del ?ngelus, 14 de enero de 2007, n. 3: L?Osservatore Romano, edici?n en lengua espa?ola, 19 de enero de 2007, p. 1.
[14] Mensaje del S. Padre Benedicto XVI para la 93? jornada mundial del emigrante y el refugiado, 18 de octubre de 2006, n. 47: L?Osservatore Romano, edici?n en lengua espa?ola, 24 de noviembre de 2006, p. 10.
[15] Juan Pablo II, Ecclesia in America n. 5, Editrice Vaticana 1999.
[16] Mensaje del S. Padre Benedicto XVI para la 93? jornada mundial del emigrante y el refugiado...
[17] Mensaje del S. Padre Benedicto XVI para la 93? jornada mundial del emigrante y el refugiado?
[18] Meditaci?n mariana del ?ngelus, 14 de enero de 2007, n. 3: L?Osservatore Romano, edici?n en lengua espa?ola, 19 de enero de 2007, p. 1.

[19] Cfr. Carta pastoral de mons. Jos? S?nchez, obispo de Sig?enza-Guadalajara, Espa?a La familia inmigrante, nuestra familia Por monse?or Jos? S?nchez Gonz?lez, obispo de Guadalajara-Sig?enza en http://www.zenit.org/spanish/ Fecha publicaci?n: 2007-01-13.

Publicado por mario.web @ 1:24
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