Martes, 09 de agosto de 2011

Juan 20, 1-9. Resurrecci?n del Se?or. ?Pidamos a Cristo resucitado poder resucitar junto con ?l, ya desde ahora!
Autor: H. Bernardo Siller | Fuente: Catholic.net
Evangelio

Lectura del santo Evangelio seg?n san Juan 20, 1-9

El primer d?a de la semana, de madrugada, cuando todav?a estaba oscuro, Mar?a Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra hab?a sido sacada. Corri? al encuentro de Sim?n Pedro y del otro disc?pulo al que Jes?s amaba, y les dijo: ?Se han llevado del sepulcro al Se?or y no sabemos d?nde lo han puesto?. Pedro y el otro disc?pulo salieron y fueron al sepulcro. Corr?an los dos juntos, pero el otro disc?pulo corri? m?s r?pidamente que Pedro y lleg? antes. Asom?ndose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entr?. Despu?s lleg? Sim?n Pedro, que lo segu?a, y entr? en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y tambi?n el sudario que hab?a cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entr? el otro disc?pulo, que hab?a llegado antes al sepulcro: ?l tambi?n vio y crey?. Todav?a no hab?an comprendido que, seg?n la Escritura, ?l deb?a resucitar de entre los muertos.

Oraci?n introductoria

Jes?s m?o, yo te busco en mi peregrinar por este mundo. Conc?deme la gracia de poseerte con plenitud y no permitas que me separe de tu amor. Por favor, Jes?s, ayuda a nuestros familiares y a todos aqu?llos que se hayan olvidado de ti.

Petici?n

Se?or, que de ahora en adelante te busque en cada acontecimiento de mi vida.

Meditaci?n

Tambi?n Sim?n Pedro y el otro disc?pulo se dirigieron de prisa al sepulcro; y Pedro, entrando dentro, vio las vendas por tierra, y el sudario que hab?a sido puesto sobre la cabeza de Jes?s, al lado (cf. Jn 20, 7). Entonces entr? tambi?n el otro disc?pulo, vio y crey?; "a?n no se hab?an. dado cuenta de la Escritura, seg?n la cual era preciso que El resucitase de entre los muertos" (Jn 20, 9). Vieron y comprendieron que los hombres no hab?an logrado derrotar a Jes?s con la losa sepulcral, sell?ndola con la se?al de la muerte; La iglesia que hoy, como cada a?o, termina su triduo pascual con el Domingo de Resurrecci?n. Los art?fices de la muerte del Hijo del Hombre, para: mayor seguridad, "pusieron guardia al sepulcro despu?s de haber sellado la piedra" (Mt 27, 66). Muchas veces los constructores del Mundo, por el cual Cristo quiso morir han tratado de poner una piedra definitiva sobre su tumba. Pero la piedra permanece siempre removida de su sepulcro; la piedra, testigo de la muerte, se ha convertido en testigo de la Resurrecci?n: "la diestra de Yav? ha hecho proezas" (Sal 117 [118], 16). La Iglesia anuncia siempre y de nuevo la Resurrecci?n de Cristo. La Iglesia repite con alegr?a a los hombres las palabras de los ?ngeles y de las mujeres pronunciadas en aquella radiante ma?ana en la que la muerte fue vencida. La Iglesia anuncia que est? vivo Aquel que se ha convertido en nuestra Pascua. Aquel que ha muerto en la cruz, revela la plenitud de la Vida (Juan Pablo II, Mensaje, 6 de abril de 1980).

Reflexi?n apost?lica

Los disc?pulos corrieron al sepulcro vac?o y creyeron. En mi vida diaria estoy llamado a correr, tambi?n, al encuentro del Se?or. En la resurrecci?n de Cristo tenemos la certeza de que nuestra vida no se acaba en el vac?o. Nuestra existencia es un continuo peregrinar hacia el encuentro definitivo y eterno con Dios. Nos hiciste Se?or para ti e inquieto est? nuestro coraz?n hasta que no descanse en ti (cf. San Agust?n).

?Qu? fue lo que vio esa ma?ana? Seguramente la s?bana santa en perfectas condiciones, no rota ni rasgada por ninguna parte. Intacta, como la hab?an dejado en el momento de la sepultura. S?lo que ahora est? vac?a, como desinflada; como si el cuerpo de Jes?s se hubiera desaparecido sin dejar ni rastro. Entendi? entonces lo sucedido: ?hab?a resucitado! Pero Juan vio s?lo unos indicios, y con su fe lleg? mucho m?s all? de lo que ve?an sus sentidos. Con los ojos del cuerpo vio unas vendas, pero con los ojos del alma descubri? al Resucitado; con los ojos corporales vio una materia corruptible, pero con los ojos del esp?ritu vio al Dios vencedor de la muerte.

Lo que nos ense?an todas las narraciones evang?licas de la Pascua es que, para descubrir y reconocer a Cristo resucitado, ya no basta mirarlo con los mismos ojos de antes. Es preciso entrar en una ?ptica distinta, en una dimensi?n nueva: la de la fe. Todos los d?as que van desde la resurrecci?n hasta la ascensi?n del Se?or al cielo ser? otro per?odo important?simo para la vida de los ap?stoles. Jes?s los ense?ar? ahora a saber reconocerlo por medio de los signos, por los indicios. Ya no ser? la evidencia natural, como antes, sino su presencia espiritual la que los guiar?. Y as? ser? a partir de ahora su acci?n en la vida de la Iglesia.

Eso les pas? a los disc?pulos. Y eso nos ocurre tambi?n a nosotros. Al igual que a ellos, Cristo se nos ?aparece? constantemente en nuestra vida de todos los d?as, pero muy dif?cilmente lo reconocemos. Porque nos falta la visi?n de la fe. Y hemos de aprender a descubrirlo y a experimentarlo en el fondo de nuestra alma por la fe y el amor.

Y esta experiencia en la fe ha de llevarnos paulatinamente a una transformaci?n interior de nuestro ser a la luz de Cristo resucitado. ?El mensaje redentor de Pascua -como nos dice un autor espiritual contempor?neo- no es otra cosa que la purificaci?n total del hombre, la liberaci?n de sus ego?smos, de su sensualidad, de sus complejos; purificaci?n que, aunque implica una fase de limpieza y saneamiento interior -por medio de los sacramentos- sin embargo, se realiza de manera positiva, con dones de plenitud, como es la iluminaci?n del Esp?ritu, la vitalizaci?n del ser por una vida nueva, que desborda gozo y paz, suma de todos los bienes mesi?nicos; en una palabra, la presencia del Se?or resucitado?.

En efecto, san Pablo lo expres? con incontenible emoci?n en este texto, que recoge la segunda lectura de este domingo de Pascua: ?Si hab?is resucitado con Cristo, buscad las cosas de all? arriba, donde est? Cristo sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque hab?is muerto, y vuestra vida est? escondida con Cristo en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces tambi?n vosotros aparecer?is, juntamente con ?l, en gloria? (Col 3, 1-4). ?Pidamos a Cristo resucitado poder resucitar junto con ?l, ya desde ahora!

Prop?sito

Har? una oraci?n especial por todos mis familiares y compa?eros difuntos. Demostrar? mi alegr?a por la Resurrecci?n de Jes?s.

Di?logo con Cristo

Se?or Jesucristo, te pido que nunca me separe de ti. Dame la gracia de amar y tratar a las dem?s personas con el amor y la bondad con que T? lo has hecho. ?Qu?date siempre a mi lado, te necesito porque T? mi fortaleza y mi esperanza. Se?or, conf?o en Ti!


La muerte del Se?or demuestra el inmenso amor con el que nos ha amado hasta sacrificarse por nosotros; pero s?lo su resurrecci?n es ?prueba segura?, es certeza de que lo que afirma es verdad. Benedicto XVI, audiencia, 26 de marzo de 2008)


Publicado por mario.web @ 0:11
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