Jueves, 18 de agosto de 2011

Comentario editorial de la revista semanal ECCLESIA en su número 3.582-82 (6 y 13 de agosto de 2011)

Obviamente nos referimos con la frase que titula este comentario editorial a la Jornada Mundial de la Juventud, que en su vigésimo sexta edición tiene lugar en Madrid del 16 al 21 de agosto. La frase es del gran teólogo Romano Guardini, y fue certera y oportunamente utilizada el 22 de julio pasado por el cardenal Rouco Varela en un curso de verano en Aranjuez titulado “La Iglesia y los jóvenes”. Y es que la JMJ es un acontecimiento de extraordinaria importancia, magnitud y trascendencia que está a punto de comenzar. Mejor dicho, ha comenzado ya porque la JMJ no es cuestión solo de su semana de celebraciones, ni de la presencia en ella del Papa. Una JMJ –y, por supuesto, esta JMJ también- es un acontecimiento de largo recorrido previo y posterior a su mismo desarrollo.

Tras tres años de intensos trabajos y movilización general en toda nuestra Iglesia española, la JMJ 2011 Madrid llega ya a nosotros avalada por las mejores credenciales: esa misma preparación espiritual, material y pastoral. Gracias a ella, la JMJ 2011 Madrid, es ya la JMJ de todos, en particular de toda la Iglesia católica que peregrina en España y desde Madrid, capital de España, para la Iglesia universal. Sin duda alguna que ya tan solo por lo que de preparación, dedicación, esfuerzo, entusiasmo y trabajos previos ha supuesto, la JMJ ya ha merecido la pena.

Pero la JMJ aguarda a sus días grandes, al río inmenso de jóvenes de la práctica totalidad del mundo que, como un reguero luminoso y fecundado de esperanza, recorrerá primero las diócesis españoles y después Madrid con una repleta agenda de actividades, todas ellas con el denominador común de la evangelización y de la siembra. Y cultivar y cuidar esa siembra será la tarea que comenzará cuando las luces y las músicas de la JMJ 2011 Madrid se apaguen. Porque, con palabras del cardenal Rouco, todo esto “produce un efecto en la vida de la Iglesia”, que es el nacimiento de “una generación joven, identificada con la fe vivida en la comunión de la Iglesia”. Y la JMJ tiene caminos y metas posteriores. La JMJ está llamada a “reforzar, profundizar y extender la pastoral vocacional” de todas las vocaciones. Porque la mejor siembra y el gran anhelo de toda JMJ es que de ella “no salga nadie sin encontrar su propia vocación” y de ponerse manos a la obra en su fiel seguimiento.  Y de este modo, todos en la sociedad y la Iglesia saldremos ganando.

Estamos, pues, de fiesta y de enhorabuena. Estamos de gran y buena esperanza con la JMJ 2011 Madrid. Será cuestión de renovar ahora nuestros esfuerzos y compromisos para contribuir a que este gran acontecimiento que ya ha comenzado dé fruto y fruto –que lo dará- y a que su trascendencia y su repercusión sean tan extraordinarias como lo ha sido su preparación y lo va a ser su celebración.


Publicado por mario.web @ 12:31
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