Jueves, 01 de septiembre de 2011
Carlos Wagner habla sobre las responsabilidades de los grupos humanos que trabajan
 
¿Qué es la empresa, hoy?
¿Qué es la empresa, hoy?
Preguntarse en la actualidad sobre el significado de la empresa es cuestionarse sobre las responsabilidades de los grupos humanos que trabajan. La innovación tecnológica y el capital por sí solos no significan beneficios para las personas, la empresa significa comunidad de objetivos y esfuerzos en beneficio de la sociedad. 

Las empresas más exitosas actuales no son las que tienen más edificios, maquinaria o instalaciones, sino las que dominan el mercado con su servicio al cliente, con su calidad superior, con su publicidad más convincente y con sus precios más convenientes. Esta superioridad competitiva es imposible de lograr sin colaboradores motivados y participativos, responsables y creativos. 

Así, Microsoft y Bimbo, por ejemplo, más que grandes fábricas para dominar sus mercados, requieren equipos humanos conocedores del negocio, leales y creativos, convencidos de su función empresarial. Tales colaboradores, son los que generan la innovación tecnológica, los que convierten a la empresa en «clase mundial», los que difunden su imagen pública, los que cuidan el patrimonio con esmero. Desde siempre, son los colaboradores y dirigentes empresariales los que significan el éxito o el fracaso de la empresa. 

Yo pienso que la empresa es una comunidad de personas que colaboran con eficacia, para lograr objetivos compartidos, mediante el uso eficiente de diversos recursos, para satisfacer las expectativas de clientes y proveedores, con respeto y en beneficio hacia la sociedad. Si esto es así, toda empresa es resultado de la creatividad humana, a veces con responsabilidad social para generar y compartir bienestar, satisfacción y aprendizaje. 

No faltan, por supuesto, aquellas organizaciones que sólo existen para la explotación egoísta de los colaboradores, clientes y proveedores. Aún sobreviven algunas empresas familiares donde la voluntad del dueño pretende acapararlo todo: decisiones, ganancias y privilegios, pero cada día son menos. También sobreviven algunos organismos paraestatales donde el caciquismo prepotente de sus dirigentes se conjuga con el burocratismo ineficiente del personal, para desesperación y frustración de los usuarios. 

Pero el cambio de época en el que nos encontramos, con sus nuevas necesidades, tecnología y cultura, está superando a las empresas anacrónicas, ineficaces y descorteses del pasado, al favorecer, en cambio, el trato cordial y la competitividad de los nuevos líderes del mercado hacia todos sus públicos. 

Así, el empoderamiento que la psicología laboral ahora proclama, la enseñanza social de la Iglesia lo exigía desde mucho tiempo antes: los bienes del planeta deben servir para el bienestar y para una vida digna de todos los seres humanos. En México y América aún prevalecen enormes contrastes sociales en lo económico, en la calidad de vida y en la escolaridad, entre los más pudientes (los empresarios) y los grandes sectores marginados de la población. En palabras de Juan Pablo II, durante su Mensaje a los empresarios de México de 1990, tal situación clama justicia al cielo. ¿No serían empresas más participativas una solución para estos contrastes?

Autor: Carlos Wagner | Fuente: Yoinfluyo.com 


Publicado por mario.web @ 23:29
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