S?bado, 03 de septiembre de 2011

No es muy loco pensar que a una mamá se le debe el primer lugar entre los hombres y que un hijo agradecido es, en sí mismo, el premio de una mujer.


Se han rodado muchas películas de hombres y mujeres que cambiaron el curso de la historia y también de súper héroes, que llenan aquí y allá nuestra imaginación con toda clase de poderes y aventuras.

Pero existe alguien más sorprendente... ¡y en la vida de cada uno! Un personaje de carne y hueso sin igual que nos despierta para el colegio o el trabajo, que revisa nuestra ropa antes de salir, que nos tiene preparado todo lo que necesitamos; es quien nos recibe cuando, al final del día, regresamos al hogar; que nos cuenta una historia antes de irnos a dormir... no sólo en la noche, sino durante todo el día, ella transforma nuestra vida. Ése gran héroe -mejor dicho heroína-, se llama mamá.

Ella tuvo la extraordinaria capacidad de llevarnos nueve meses en su vientre. Ella nos alimentó; intuyó la razón de nuestras lágrimas, aun sin saber de telepatía, posee la capacidad de levantarse todas las noches en busca del hijo que llora. Jamás le vence el cansancio. Esta súper heroína tuvo la constancia tremenda de peinarnos, darnos de comer, vestirnos, cargarnos durante muchos años sin vacaciones. Sin ella nadie podría atarse las agujetas, tomar la cuchara o decir “te quiero” por sí mismo.

Ella no vuela ni se teletransporta, pero siempre está disponible, sacando el tiempo quién sabe de dónde. No puede lanzar rayos láser de sus ojos, pero una mirada sana el dolor del niño o lo detiene cuando quiere hacer una travesura. Sus brazos no son súper potentes y, sin embargo, ningún bebé duerme más seguro que en ellos. No sobra decir que puede sobrevivir siendo la última que come y con la ración más pequeña. Su mayor poder es su cariño y la sonrisa, esa sonrisa a pesar de las ojeras, las canas o el dolor.

Todo lo que una madre ha hecho, sólo es comparable con Dios. En el fondo, Dios da a cada mujer la capacidad de ser madre. Le regala con su misma condición, todo un “kit” de poderes, de cualidades, de virtudes.

¡Y saber que esta heroína puede estar ahora mismo lavando, planchando, cocinando o trabajando para darnos lo mejor! ¡Pensar que -quizá- no ha dejado de hacer milagros con la economía de la casa!

Por estas cualidades, no es muy loco pensar que a una mamá se le debe el primer lugar entre los hombres y que un hijo agradecido es, en sí mismo, el premio de una mujer.

No hay que buscar mucho para encontrar grandes cualidades o grandes héroes. Basta mirar a la mujer que nunca cambiará, que se tomó en serio la misión de ser madre, y darle un abrazo y toda la gratitud de nuestro corazón.
«¡Hijo, ahí tienes a tu madre! » (Jn 19, 27).



Publicado por mario.web @ 12:22
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios