S?bado, 03 de septiembre de 2011
La oferta educativa para formar a una mujer consagrada en los albores del Tercer Milenio es amplia y vastísima.
 
¿Nuevos tiempos, nueva formación?
¿Nuevos tiempos, nueva formación?

La oferta educativa para formar a una mujer consagrada en los albores del Tercer Milenio es amplia y vastísima. Apelo a las formadoras a que sean capaces de controlar la cantidad de folletos ilustrativos que reciben cada mes, proponiendo cursos, programas y especializaciones que tiene como único objetivo la formación de las religiosas.1

Nos encontramos con propuestas tan disímiles que van desde la preparación para la misión "ad gentes" hasta la experiencia práctica del Análisis de sueños, Técnicas de masaje y polarización y cursos de Iluminación sobre la refundación, la nueva espiritualidad y los nuevos retos de la vida religiosa.2

El punto fundamental que consideraremos en el presente artículo será el preguntarnos por el tipo de formación, sus cualidades, los protagonistas y la finalidad de la misma que debe recibir la mujer consagrada en los albores del Tercer Milenio. De alguna forma esta necesidad viene urgida por el Concilio Vaticano II cuando nos dice que la renovación de los Institutos depende en gran parte en la formación de sus miembros (PC 18)3.

Y esta formación viene requerida por el nuevo Códice de Derecho canónico cuando dice: "Después de la primera profesión, la formación de todos los miembros debe continuar en cada instituto, para que vivan con mayor plenitud la vida propia de éste y cumplan mejor su misión. Por tanto, el derecho propio debe determinar el plan de esta formación4 y su duración, atendiendo a las necesidades de la Iglesia y a las circunstancias de los hombres y de los tiempos, tal y como exigen el fin y el carácter del instituto". (CDC 659)5

La formación, según lo indicado por el Derecho canónico, abarca todas las etapas, todas las edades de la mujer consagrada. No se limita al período del noviciado o juniorado y no termina con la entrada a la así llamada "casa de reposo".6

Abarca todo el arco de tiempo que la mujer consagrada vivirá en esta tierra. "El objetivo central del proceso de formación es la preparación de la persona para la consagración total de sí misma a Dios en el seguimiento de Cristo, al servicio de la misión."7 En esta definición del objetivo de la formación, la exhortación une dos conceptos profundos en los cuales vale la pena detenernos un poco.

Por un lado traza el posible camino e itinerario de la formación al mencionar que es una preparación para la consagración a Dios a través del seguimiento de Cristo y del servicio a la misión. Quiere decir que todo proceso formativo debe tener como mira el hacer posible que la persona responda adecuadamente al llamado que ha recibido de Dios para consagrar su vida entera.

Por otro lado nos dice que esa formación tiene como agente primario a la persona que quiere consagrarse. La formación no se realiza sobre una materia inerme como podría ser un pedazo de barro, si bien es cierto que podemos utilizar bellas imágenes y comparaciones que evoquen esta realidad. Pero bien sabemos que la formadora tiene entre sus manos "algo más" que arcilla moldeable: tiene una persona.

Y esta persona no reduce sus características de persona a un tiempo determinado. Se es persona y se va realizando la persona a través del tiempo, con los contactos que se tienen con la cultura8, de forma que la persona responde al llamado a lo largo del tiempo. Y para preparar a la persona, más bien, para ayudar a la persona a que responda a su consagración a lo largo del tiempo, es necesario la formación. Una formación que se adapte a las diversas circunstancias de tiempos y lugares.

Aunque por su esencia la persona es la misma, los accidentes que la rodean van cambiando a lo largo del tiempo y la persona consagrada deberá responder a estos nuevos accidentes. Cada respuesta que da, la hacen más o menos consagrada, según la respuesta la aleje o la acerque a la consagración a Dios. Por ello la formación debe ser permanente9, con el fin de ayudar a la religiosa a responder a estas diversas circunstancia que se irán presentando a lo largo de toda su vida.

Es cierto que el mismo Derecho canónico establecerá las cualidades de la formación para cada una de estas etapas así como los agentes y protagonistas de las mismas10, pero antes de seguir adelante con el análisis de la formación, conviene detenernos también sobre la persona que quiero formar. ¿Qué es lo que voy a formar? ¿Qué material tengo entre manos? ¿Qué puedo hacer con ese material? ¿Hacia dónde lo debo llevar?

La falta de una visión clara y concreta del material que tengo así como el de la meta que quiero conseguir con ese material, nos lleva a una ambigüedad muy peligrosa en la formación. Existen formadoras que desconocen las características de la joven del Tercer Milenio. Hay Superioras de comunidad que manejan a su comunidad sin conocer un mínimo la dinámica de grupos.

Hay quien pone todos sus esfuerzos por entender el psicoanálisis de la mujer y sobre este psicoanálisis basa toda su labor formativa, dejando a un lado la acción de la gracia. Tampoco somos ajenos al fenómeno de la superiora como punto de referencia, en donde, desconociendo lo que dice el Magisterio de la Iglesia, la Superiora es un miembro más de la comunidad, sin ejercer la autoridad11.

Es por ello urgente y necesario conocer "el material" que tenemos entre manos y la meta a la que la queremos llevar. En la práctica no puede hablarse de una separación del binomio mujer - consagración. No se forma "alguien" vago y etéreo, sino que se forma a una persona. Y no se forma por el afán de formar, sino con el fin de tener una persona consagrada a Dios. Persona y consagración es una fórmula única que no admite separación en la vida religiosa.

Nosotros, por cuestiones metodológicas las hemos separado y trataremos en primer lugar a la persona que hay que formar.

NOTAS
1 Nota del editor: el autor ha realizado una gran investigación visitando a más de 300 Superioras Generales de Italia, Holanda, España, Francia y Polonia.
2 Los últimos tres cursos son ofrecidos por un reconocido Instituto de espiritualidad en Centroamérica, dirigido por una congregación religiosa.
3 Concilio Vaticano II, decreto Perfectae caritatis, 28 de octubre de 1965: EV 1/702-770
4 Las negrillas son del autor.
5 Código de Derecho Canónico, 1983: EV 8
6 A propósito de este término, no entiendo como puede llamarse "casa de reposo" al lugar en el que residen las personas consagradas que con su oración, sacrificio y el testimonio de tantos años de vida consagrada pueden aún hacer latir el carisma de su Congregación, al interno de su propio Instituto y para beneficio de toda la Iglesia. Las almas que ahí residen no son parte de un "mobiliario" en reposo.
7 Juan Pablo II, exhortación postsinodal Vita consecrata, EDB, Bologna, 1996
8 Mondin, Battista, Antrpologia Filosofica, Edizione studio domenicano. Bologna, 2000 p.250
9 Amedeo Cencini, La formación permanente, Ediciones San Pablo, Madrid, 2002. "Así es la formación permanente: algo que sigue la vida en su caminar, en cada uno de sus instantes."
10 Código de Derecho Canónico, op. cit. números 659 - 661
11 Juan Pablo II, exhortación postsinodal Vita consecrata, 1996, EDB, Bologna, "... conviene ricordare che tocca all´autorità l´ultima parola, e ad essa compete poi di far rispettare le decisioni prese". (n. 43)


Publicado por mario.web @ 19:41
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