S?bado, 03 de septiembre de 2011
Una catequesis adecuada es un punto clave para entender la vocación y el llamado.
 
Una catequesis adecuada
Una catequesis adecuada

Ahora bien, no basta armarse de un santo celo por las vocaciones y salir a media plaza a predicar una misión para recoger vocaciones para nuestro Instituto. En este punto es en donde debe darse una conjunción maravillosa entre el espíritu de fe en las vocaciones y la adaptación a los tiempos modernos. Entre el celo por la salvación las almas y la comprensión de nuestra cultura. Entre las ansias de dar a conocer al Amado y haber comprendido que la joven de hoy no es la misma que la joven de hace unos años. En pocas palabras, es necesario vivir en este punto, con profundidad, equilibrio y armonía, el aggiornamento proclamado por el Beato Juan XXIII en la convocatoria a la apertura del Concilio Vaticano II y de quien Paulo VI se hizo fiel intérprete. Bástenos unas cuántas líneas de la encíclica Ecclesiam suam, sobre la forma en que debemos entender este aggiornamento: " (es un)... estímulo a la siempre renaciente vitalidad de la Iglesia, a su siempre vigilante capacidad de estudiar las señales de los tiempos, y a su siempre joven agilidad de probar todo y de apropiarse lo que es bueno, siempre y en todas partes".1

De esta necesidad de estar siempre en actitud vigilante para estudiar las señales de los tiempos, nace la posibilidad de adaptar el mensaje evangélico y por consiguiente, establecer una adecuada pastoral vocacional.

Esperar que las vocaciones toquen a las puertas de nuestros conventos como antaño solían hacerlo, creer que las familias serán las primeras promotoras de las vocaciones entre sus hijos o sus conocidos o parientes, pensar que de la escuela pueden surgir vocaciones a la vida consagrada son pensamientos, sino ilusorios, sí un poco quiméricos. Debemos recordar aquí las palabras de Juan Pablo II: "Además de promover la oración por las vocaciones, es urgente esforzarse, mediante el anuncio explícito y una catequesis adecuada, por favorecer en los llamados a la vida consagrada la respuesta libre, pero pronta y generosa, que hace operante la gracia y la vocación. Por ello, la pastoral vocacional actualizará los recursos apropiados, como la dirección espiritual, para alimentar aquella respuesta de amor personal al Señor que es condición indispensable para convertirse en discípulos y apóstoles de su Reino" (VC, 64)2

Este número bien valdría la pena reflexionarlo con calma, pues vale para una programación detallada, minuciosa y eficaz de la pastoral vocacional.

Además de promover la oración por las vocaciones...
El Papa es consciente de la necesidad de la oración. Toda búsqueda por las vocaciones comienza en el Sagrario, es decir a los pies de Jesucristo Eucaristía. Decíamos que quien se enamora "perdidamente" del Señor, no puede menos que buscar compartir su amor a otras personas. Signo inequívoco para medir "la temperatura espiritual" de cada Congregación o Instituto religioso en la búsqueda de las vocaciones, será su amor a Cristo. Y un amor que no se mida simplemente por las obras de piedad o las obras externas, sino por el grado de abnegación personal para donarse a Dios. Es la capacidad personal de cada miembro de la Congregación a morir a sí mismo, para darse a Dios, a que dará a cada uno en particular esa fuerza, ese vigor, esa "chispa interna" para buscar vocaciones.3

Y esto no es ninguna fórmula mágica sino signo de una equilibrada psicología, fruto del amor de Dios. Cuando una persona es lo que debe ser, no puede menos que sentirse a gusto consigo misma, y esta felicidad que no es "para uso personal", la debe irradiar a los demás. Así, cuando una religiosa es lo que tiene que ser, su amor al Único, la hará disponible para compartir ese amor con los demás. Nada nuevo... si recordamos que este es un principio metafísico: primero el ser y después el obrar.

Así, Juan Pablo II sugiere esta oración por las vocaciones, oración que no es el cumplir mecánicamente con una norma, un punto del horario de la comunidad ("Hoy toca adoración por las vocaciones"), sino expresión de un amor muy grande. Primero se es consagrada y después se actúa como consagrada, aunque siendo sinceros, las dos cosas van unidas de la mano, precedidas sin embargo por el ser.

Pero Juan Pablo II es realista, humana y espiritualmente realista y así sabe que además de la oración hay que hacer algo más. De ahí su consejo y su llamado: además. Al momento de realizar nuestros rezos, oraciones, adoraciones y sacrificios por las vocaciones, debemos pensar que se debe hacer algo más. Este algo más muchos lo han interpretado como una tentación en contra de la Providencia, como no creer que Dios puede por sí solo llenar los conventos de monjas y monjes. No dudamos de Dios... dudamos de nosotros mismos. Dios podría haber llevado a cabo la obra de la salvación sin la intervención de los hombres, sin embargo se ha querido valer, primero de su Hijo, y después de otros muchos hombres para prolongar en el tiempo la obra de la salvación.

Este además señalado por el Papa Juan Pablo II no es desconfianza en la Providencia, al contrario: es creer ciegamente en la Providencia lo cual no significa quedarse de brazos cruzados, sino analizar los caminos que la Providencia nos tiene deparados. La Providencia, hasta hace unos años tenía unos caminos muy concretos para la búsqueda de las vocaciones: bastaba trabajar en la parroquia, en la escuela, en los hospitales, realizar el apostolado al cual el Instituto estaba consagrado y junto con una sana vida familiar, un cultivo cuidadoso de la fe mediante la asidua recepción de los sacramentos y la práctica de un apostolado, las vocaciones llegaban a los conventos. Eso era confiar en la Providencia. Ahora confiar en la Providencia significa abrir los ojos y darse cuenta que se deben intentar otros caminos, porque la Providencia ha diseñado para este Tercer Milenio, otros caminos.
¿Cuáles son estos caminos? El mismo Papa nos lo señala...

...mediante el anuncio explícito y una catequesis adecuada.
Anuncio explícito y catequesis adecuada van de la mano. Se debe anunciar la vocación, se debe proponer a las jóvenes este camino maravilloso de felicidad en el servicio al Señor. Lo primero es no tener miedo y quitarnos las ideas de que vamos a forzar la libertad de las personas. El mundo cuestiona ahora tanto esta libertad y no forzar nada a los jóvenes. Sin embargo estos jóvenes, a los cuales "no se les puede tocar" vienen todos los días bombardeados por mensajes y propuestas de valores (¿o antivalores?) a través de los medios de comunicación social y sin embargo frente a ellos no se alza ninguna voz que proclame la autonomía de los jóvenes frente a esos mensajes.

Después de hacernos conscientes de que debemos anunciar sin miedo esta invitación para compartir el gozo de vivir en el Señor, tenemos que aplicar todos nuestros sentidos para anunciar esa invitación mediante una catequesis adecuada. Y aquí debe darse la simbiosis maravillosa que preanunciaba en renglones precedentes: En este punto es en donde debe darse una conjunción maravillosa entre el espíritu de fe en las vocaciones y la adaptación a los tiempos modernos. Entre el celo por la salvación las almas y la comprensión de nuestra cultura. Entre las ansias de dar a conocer al Amado y haber comprendido que la joven de hoy no es la misma que la joven de hace unos años.

La catequesis adecuada debe tomar en cuenta las diversas circunstancias de tiempos y lugares. No se trata de adaptar nuevos métodos, nuevas técnicas, simplemente porque se piensa que lo nuevo es mejor que lo antigua. ¿Cuántas iniciativas multiseculares de la iglesia en la cura de las vocaciones se han dejado a un lado después del Concilio, simplemente por pensar que eran antiguas, pasadas de moda y que no "respetaban la libertad de la persona? ¿Cuántos seminarios menores, escuelas apostólicas, aspirantados para chicas de 15 y 16 años desaparecieron de la noche a la mañana sin más fundamento que su antigüedad y/o anacronismo?

La verdadera catequesis inicia de un análisis sereno de la realidad que nos circunda y esto es obra de todo el Instituto y de cada una de las religiosas en particular. ¿Cómo son las chicas de hoy en día? ¿Cuáles son sus valores? ¿Cuáles son sus intereses prioritarios? ¿Qué aspiraciones tienen en la vida? Y a partir de ahí se puede comenzar a pensar en una catequesis práctica, real, dinámica. Habrá quien pueda sentirse descorazonada por la situación en la que se encuentran las jóvenes con las cuales les toca trabajar. No hay que desilusionarse. Recuerdo aquella historia de la antigua Grecia en la que varios hombres de gobierno de las polis se reunían para tomar una decisión sobre el carácter decadente que se veía en los jóvenes. Uno de ellos, mostrando una manzana podrida la asemejaba con la polis. Sin embargo decía que la solución estaba en la misma manzana, es decir, en la misma ciudad. Frente a los ojos de todos, abrió la manzana y mostró las semillas. "La manzana podrá estar podrida, pero de las semillas aún podemos hacer que nazcan buenos ciudadanos" Y la solución fue la educación de los niños.

Muchas veces puede ser que trabajar con las jóvenes sea tiempo menos que perdido. Hay que admitirlo: en muchos casos se llega tarde: la joven de hoy a sus 14, 15 ó 16 años ha conocido ya tantas cosas, ha tenido ya tantas experiencias que es muy difícil trabajar con ellas. ¿Por qué no trabajamos con las niñas? ¿Por qué no hacer grupos de animación cristiana, de evangelización ente las niñas de 9, 10 y 11 años y así irlas preparando, sembrar en ellas el germen de una vida cristiana para que pueda florecer la semilla de una posible vocación?

A eso se refiere el Papa con la adecuada catequesis: una catequesis que conoce la psicología de la mujer de hoy, que conoce también la psicología de la respuesta vocacional. Y que después se lanza a crear estrategias adecuadas.

Por ello, la pastoral vocacional utilizará los recursos apropiados...
Pasar a la acción, ¡qué difícil nos resulta! No cabe duda: vivimos muchas veces aferrados a nuestra forma de ser, a nuestro ritmo de trabajo. Nos cuesta mucho cambiar, nos cuesta mucho innovar siempre en dependencia de nuestros Superiores. Nos da miedo intentar nuevos apostolados, nos da miedo quedarnos con las manos vacías o no ser comprendidas. ¿No se estará colando el egoísmo entre nosotras?

Poner en práctica los recursos adecuados significa lanzarse muchas veces a lo desconocido, pero es que ¿alguien nos dijo que la fe era un seguro de vida? ¿alguien nos aseguró que en la vida religiosa no deberíamos tener sobresaltos? Cuenta Malcom Mulgredige, quien fue el "descubridor" de la Madre Teresa de Calcuta4, que en cierta ocasión ella viajaba en avión con su tradicional sari de 100 pesetas. Un pasajero le preguntó si estaba casada, a lo que ella respondió afirmativamente. El pasajero inquirió por el estado de su matrimonio y la Madre Teresa respondió: "A veces las cosas no van tan bien. Si viera cuántas angustias me hace pasar mi Esposo".

Tenemos que usar nuestra inteligencia para hacer el análisis de la realidad y escoger cuáles medios serán los más eficaces para llevar a cabo esta pastoral vocacional. Después tendremos que poner en práctica estos medios, a través de nuestra voluntad. Pero en el conjunto, debemos poner nuestro corazón, es decir nuestro amor para trabajar en la pastoral vocacional.

El Papa no vacila en mencionar como un recurso apropiado el de la dirección espiritual. Cierto: pueden darse otros recursos. Pero vale la pena detenerse para explicar un poco este recurso. Primero, ¿por qué lo ha mencionado el Papa? Sabemos que en toda exhortación apostólica las palabras están cuidadosamente seleccionadas y que no se escriben sólo por rellenar espacios. Por lo tanto debemos pensar que la dirección espiritual debe ser sumamente importante en la pastoral vocacional. ¿Por qué?

Definido por el magisterio como "Una escuela sistemática de la vida interior"5 la dirección espiritual ha cobrado nuevamente importancia en la última década de los años noventa. Medio privilegiado en la formación de las conciencias, conocemos su gran valor pedagógico en las etapas del noviciado y juniorado.6 Aplicado a la pastoral vocacional permite seguir más de cerca al candidato o a la persona que ha mostrado tener ciertas inquietudes vocacionales. Frente a un mundo despersonalizado en donde la agregación de los grupos es lo único que cuenta, la dirección espiritual da la oportunidad a la persona de buscar personalmente la voluntad de Dios para su vida. De ahí que el director o padre espiritual pueda valerse de este medio para hacer un discernimiento sereno y objetivo sobre la idoneidad de la candidata a la vida consagrada.

Este recurso debe ser utilizado con periodicidad (una vez al mes es muy aconsejable, aunque según las circunstancias puede hacerse más frecuente), basado en un programa de vida, de forma que el dirigido pueda ir conociendo la voluntad de Dios sobre su vida y responder al llamado, si es que Dios lo llama a la vida consagrada.

Junto con la dirección espiritual, podemos señalar otros recursos apropiados, pero todos ellos deberán responder a una estrategia común, basada en el análisis de la realidad que se haya hecho. Como sugerencia personal, tengo en muy alta estima el carisma de cada congregación, que como recurso puede funcionar como aliciente para la búsqueda de las vocaciones.

Los jóvenes de nuestros tiempos están muy sensibilizados a las necesidades de los demás. Son cientos las organizaciones de voluntariado a la que anualmente se suman miles de jóvenes. Los hay de diversa categoría y diversa finalidad, pero todos se basan en la gran necesidad que tiene el joven de darse y de hacer "algo" con su vida, si bien este "algo" se reduce a unos cuántos meses o años. El carisma de cada congregación encierra una parte preciosa que sirve a cada hombre o mujer para realizarse plenamente.7 El fundador o la fundadora han recibido la inspiración de Dios para contemplar en forma muy específica el misterio de Cristo y vivirlo en la cotidianeidad de la vida. Es a través de esta cotidianidad donde el carisma se hace recurso de la pastoral vocacional: presentado en forma atractiva, adaptada a nuestros tiempos, servirá para tomar, reforzar o madurar una decisión de vida. Con unas reglas bien definidas, con un seguimiento personal a través de la dirección espiritual, quien comparte unos mismos afanes apostólicos no puede permanecer indiferente a la llamada, si es que Dios la llama a la vida consagrada.

La fantasía femenina no tiene límites y es aquí más que nunca donde "el genio femenino" debe ponerse en marcha para descubrir los mejores recursos pastorales. NO en vano Juan Pablo II hace un llamado a la fantasía de la caridad8 y qué mejor servicio a la caridad que el propiciar las vocaciones a través de la puesta en marcha de diversas iniciativas vocacionales.

NOTAS
1 Paulo VI, n. 53
2 Juan Pablo II, n. 64
3 Amedeo Cencini, Amerai il Signore Dio Tuo, EDB 11° ed. Bologna, 2000 "... la qualità e la garanzia di vita d´un istituto è data dalla disponibilità a morire da parte dei suoi membri, come singoli e come gruppo."
4 Malcom Mulgredige, Tú me das el amor, Sal Terrae, Bilbao, 1980
5 Juan Pablo II, Carta a los jóvenes del mundo, Torino 1985, n. 9; cfr. Potissimum institutioni, 30.52-53-63
6 Docentes como Tonino Cantelmi, Rosa Grazziano y Juan Carlos Ortega han venido insistiendo últimamente en la importancia de este medio no sólo para las etapas del noviciado y juniorado sino para toda la vida consagrada. Cfr. Specializzazione in Direzione Spirituale, Pontifico Ateneo Regina Apostolorum.
7 Amedeo Cencini, Vita Consacrata. Itinerario formativo lungo la via di Emmaus, Ed. San Paolo, Milano, 1994, p. 46-48
8 Juan Pablo II, Exhortación apostólica Tertio Millenio Ineunte, EV, 2001


Publicado por mario.web @ 19:43
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