Jueves, 08 de septiembre de 2011
Empiezo este artículo con el testimonio de un joven de 18 años "Tengo 18 años y me  gusta la soledad. No es ningún problema para mí. Al contrario. Mi problema es al revés: es la gente la que me dice si tengo problemas porque no salgo como ellos todos los
 
No nos gusta la soledad
No nos gusta la soledad


Empiezo este artículo con el testimonio de un joven de 18 años "Tengo 18 años y me  gusta la soledad. No es ningún problema para mí. Al contrario. Mi problema es al revés: es la gente la que me dice si tengo problemas porque no salgo como ellos todos los fines de semana. Prefiero largos períodos de silencio meditando o leyendo. Un día vino a verme un amigo y se ha quedado alucinado de que no estuviera oyendo música. Preocupado ha querido prestarme un CD.


Tenía lástima de mí y del silencio en el que estaba inmerso. ¡Es cómico de verdad! Incluso mis padres están alarmados. Creen que puedo dedicarme a pensar en ideas tétricas o que llegue a ser un egoísta cerrado y solitario. Pienso que ya lo han entendido.

Tengo óptimos amigos en cuya compañía nunca me aburro. Estamos a veces mucho tiempo sin vernos, pero cuando nos encontramos, tenemos una gran fiesta como si fuese la primera vez que nos vemos. Además practico el basket por gusto. No creo que sea egoísta: amo la compañía, presto servicios, no me gusta la vida eremítica, como hacen algunos. Me doy cuenta de que es la gente la que tiene siempre muchas ganas de hablar y vive agitada. Me dan pena. Me pregunto:¿ por qué tienen siempre miedo a la soledad, por qué temen tanto al silencio? No necesito una cuota alta de comunicación, lo reconozco, pero quiero que mis encuentros sean intensos y constructivos".

Efectivamente, nuestra sociedad hace lo que está en sus manos para impedir que el ser humano esté solo y en paz consigo mismo. Es muy raro que se enseñe a los jóvenes a que aprecien la soledad y a que experimenten el hecho de estar solos. Al contrario, se tiene la impresión de que toda la educación- en familia o en la escuela- tiende a no dejar espacio de silencio; se obliga a comunicar, a integrarse...dos palabras de orden un poco tiránico de la sociedad contemporánea.

Los padres y profesores se alarman si el chico está solo, si prefiere la compañía de los libros, de la naturaleza.

El tiempo dedicado a la soledad, tiempo bendito en el que se puede explorar el propio jardín interior, no lo aprueban los adultos. Ellos se sienten más tranquilos si el chico forma parte de un grupo o de una pandilla.

APRENDIZAJE DE LA SOLEDAD
Sin este aprendizaje de la soledad,  la persona corre el riesgo de encabritarse como un caballo y perder la capacidad de enfrentarse con acontecimientos de la vida como ruptura sentimental, luchas, pérdida del puesto de trabajo, o el abandono de la actividad por gustar el silencio.

Creen que sin los demás, no se es nadie, nada. Nunca se han detenido a aprender por sí mismos, a conocerse, a tener confianza en sí mismos y en sus posibilidades.

LA SOLEDAD ES EL PRECIO PARA SER LIBRE
La soledad es el precio que hay que pagar para ser libres y también la recompensa de la libertad. Disuadir de la soledad es  prácticamente impedir a que se tome conciencia de sí mismo, obstaculizar el crecimiento, cortar la posible creatividad y genialidad.

El signo de la libertad y de la madurez existe cuando la persona se siente actor y responsable de la propia existencia, cuando no pide a los otros que lo hagan feliz, cuando no acusa sistemáticamente a los otros de las propias debilidades e insuficiencias- cosa que se constata- a menudo.

Hay ciertamente formas dolorosas de soledad, sobre todo cuando la soledad no se quiere, ni se elige, ni se siente comprendida, aceptada o amada.

También es verdadero que no podemos estar solos por timidez, por repliegue sobre uno mismo o por resignación.

También es cierto que los amigos  no caen del cielo, hay que encontrarlos, conquistarlos. Pero no es el amor por la soledad lo que aleja y cancela a los otros, es el egocentrismo agudo.

HABLO DE LA SOLEDAD QUE ENSEÑA A AMAR
Por tanto, hablo de la soledad que enseña a amar, que permite desbrozar el camino y la firmeza del amor.

Quien ama la soledad no es necesariamente una persona privada de ternura, calor o pasión. Incluso en la pareja es necesario que exista un espacio de silencio, un lugar reservado para sí mismo, una zona/soledad.

La soledad es como un respiro y es fecunda. Todas las corrientes de pensamiento dan valor al silencio y a la soledad como fue de inspiración, manantial de ideas, instrumento de creatividad, condiciones indispensables para la creación artística. Si el encuentro con los otros es indispensable, el encuentro consigo mismo también es necesario. El tiempo de la soledad es una ocasión para reflexionar sobre el modo de vivir nuestras relaciones humanas y vigilar su calidad. El que vive la inevitable soledad con serenidad descubre al mismo tiempo su capacidad de ir serenamente hacia los otros.


Publicado por mario.web @ 16:18
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