Jueves, 08 de septiembre de 2011

Lucas 22, 14-20. Jesucristo Sumo y Eteno Sacerdote. Tú me has amado enormemente al quedarte en la Eucaristía. ¡Qué bueno eres! Así podré hablar contigo cuando lo necesite.
Autor: Benjamín Meza Reyes | Fuente: Catholic.net


Evangelio

Lectura del santo Evangelio según Lucas 22, 14-20

Llegada la hora, Jesús se sentó a la mesa con los Apóstoles y les dijo: «He deseado ardientemente comer esta Pascua con ustedes antes de mi Pasión, porque les aseguro que ya no la comeré más hasta que llegue a su pleno cumplimiento en el Reino de Dios». Y tomando una copa, dio gracias y dijo: «Tomen y compártanla entre ustedes. Porque les aseguro que desde ahora no beberé más del fruto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios». Luego tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía». Después de la cena hizo lo mismo con la copa, diciendo: "Esta copa es la Nueva Alianza sellada con mi Sangre, que se derrama por ustedes.

Oración introductoria

Jesús, así como Tú deseaste dejar el sacramento de tu amor aquel Jueves Santo, yo también deseo encontrarme contigo el día de hoy. Tú me has amado enormemente al quedarte en la Eucaristía. ¡Qué bueno eres! Así podré hablar contigo cuando lo necesite.

Petición

Jesús, enséñame a valorar tu presencia en el sacramento de la comunión. Aumenta mi fe para que nunca dude de la fuerza de la Eucaristía y de tu amor.

Meditación

Jesús no sólo habló; no sólo nos dejó palabras. Se entrega a sí mismo. Nos lava con la fuerza sagrada de su sangre, es decir, con su entrega «hasta el extremo», hasta la cruz. Su palabra es algo más que un simple hablar; es carne y sangre «para la vida del mundo» (Jn 6, 51). En los santos sacramentos, el Señor se arrodilla siempre ante nuestros pies y nos purifica. Pidámosle que el baño sagrado de su amor verdaderamente nos penetre y nos purifique cada vez más. (Benedicto XVI, homilía del Jueves Santo, 20 de marzo de 2008)

Reflexión apostólica

El amor a Cristo Eucaristía ha llevado a una multitud de hombres a propagar la fe católica en el mundo. El cuerpo de Cristo fue el alimento y la fuerza para dar a conocer el amor de Dios. La fuerza que recibo en la comunión es capaz de impulsarme a propagar la doctrina de Cristo. Si creo realmente en Dios necesito acudir a recibirle en su sacramento. ¿Qué tan frecuentemente comulgo? ¿Creo realmente en la necesidad del alimento espiritual? Las próxima vez que acuda a misa, reflexionaré sobre esto.

Propósito

Hoy pediré a Dios por la extensión de la fe en la misa o haciendo una comunión espiritual. y rezaré por los sacerdotes.

Diálogo con Cristo

Jesús, ayúdame a que cada vez que acuda a misa o a recibir tu santa Eucaristía, valore el grande amor que me has tenido quedándote conmigo. Te doy gracias por que hubo personas que me inculcaron la fe, alimentados con la fuerza de tu Cuerpo hecho pan. ¡No permitas que me aparte de ti!


El amor de la Trinidad a los hombres hace que, de la presencia de Cristo en la Eucaristía, nazcan para la Iglesia y para la humanidad todas las gracias (San José María Escrivá, Es Cristo que pasa, 86)


Publicado por mario.web @ 20:20
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