Lunes, 12 de septiembre de 2011
Mensaje compartido en la Revista "Iglesia Misionera hoy"
 
El compromiso del periodista en la era de las redes sociales
El compromiso del periodista en la era de las redes sociales
El último mensaje del Papa Benedicto XVI para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales confirma un escenario que lejos de asustar, llena de ilusión. El Papa nos invita a todos los cristianos a unirnos “con confianza y creatividad responsable a la red de relaciones que la era digital ha hecho posible”. Internet, y más aún, las redes sociales, son parte integrante de la vida humana y también en este campo estamos llamados a anunciar nuestra fe en Cristo. 

Para el periodista, intrépido cooperador de la Verdad, el desafío se renueva con este escenario. Todo internauta se convierte ahora en un potencial comunicador de masas. Especialmente los jóvenes, desfachatados quijotes sedientos de la búsqueda del encuentro personal con el otro y consigo mismo.

Tradicionalmente el periodista, el verdadero, tiene como objetivo el llevar la verdad y explicar la realidad. Ahora se abre otra puerta tan importante como esta. La de ser modelo y guía. No se puede, aclara el Papa, “anunciar un mensaje en el mundo digital sin el testimonio coherente de quien lo anuncia”. Y los periodistas, como experimentados profesionales del don de comunicar han de ser estela en este sentido. Han de marcar, con su trabajo y comportamiento, el rumbo de las nuevas generaciones de comunicadores que encuentran en internet su plataforma de expresión.

La pregunta del prójimo
Una de las preguntas que se hace Benedicto XVI tiene que ver con un tema ya analizado en la Argentina en el tercer congreso de comunicadores católicos, en el 2002. “¿Comunicador, quién es tu prójimo?” nos preguntamos como Iglesia que peregrina en nuestro país entonces. “¿Quién es mi prójimo en este nuevo mundo?” interroga el Papa ahora. 

El sacerdote y periodista español Manuel Bru reflexionaba en El clamor de los pobres: “Las cinco preguntas que los periodistas se hacen para no perder nada en su observación y en la elaboración de sus artículos no sirven para nada a la hora de mirar al pobre. Es más, interrogarse qué, quién, cuándo, cómo, dónde y por qué, muchas veces es el mejor modo de defender nuestra mirada de la realidad. Son preguntas que sirven para hablar de ellos, pero no para acercarse a ellos, no para hablar con ellos.(&hellipGui?oPor eso Jesús no entra en el juego de la teorización cuando el doctor de la ley le pregunta: ´¿Quién es mi prójimo?´, sino que le habla del buen samaritano."

En esta nueva circunstancia digital en la que los periodistas pueden, si lo quieren, proponer un nuevo modelo de comunicación que se multiplique en la red, es imprescindible volver la mirada sobre el hombre. Reencontrarse con su esencia, con su verdad, con su dignidad. Y devolver al hombre al centro de la labor periodística implica preguntarse quién es nuestro prójimo. Sobre quién hablamos, a quién le hablamos, acercarnos, comprenderlo… 

Decía el cardenal Ratzinger en Cooperadores de la verdad que “la confianza fundamental en la existencia del bien y en la necesidad de contribuir a extenderlo no impide el trabajo del periodista. Es más bien, lo único que lo hace posible: debe ser la columna de un auténtico ethos periodístico”. Animémonos pues a buscar la crónica blanca con esperanza, a comunicar la caridad en la verdad. 

Contemplando al hombre, adentrándonos en su esencia, vemos que no es sólo un bulto arrojado al lado del camino. Vemos la verdad en él, el bien en él, sus dolores y angustias, el don que es para nosotros. Lo amamos. Se trata de abrir los ojos a lo trascendente, a lo que moviliza verdaderamente al hombre (que no son sólo los intereses económicos, políticos o deportivos). ¿Con qué nos encontramos al volver sobre él? El cardenal Jorge Bergoglio proponía una respuesta en aquel congreso de 2002:

“Hay una hermosura distinta en el trabajador que vuelve a su casa sucio y desarreglado, pero con la alegría de haber ganado el pan de sus hijos. Hay una belleza extraordinaria en la comunión de la familia junto a la mesa y el pan compartido con generosidad, aunque la mesa sea muy pobre. Hay hermosura en la esposa desarreglada y casi anciana, que permanece cuidando a su esposo enfermo más allá de sus fuerzas y de su propia salud. Aunque haya pasado la primavera del noviazgo en la juventud, hay una hermosura extraordinaria en la fidelidad de las parejas que se aman en el otoño de la vida, esos viejitos que caminan tomados de la mano.” 

El periodista ante el mundo digital

Si el periodista aprovecha la explosión de esta nueva vida pública digital para volver sobre la esencia de las cosas redescubrirá su auténtica vocación. Muchos ya lo hacen en distintos ámbitos del periodismo. Son titánicos gladiadores que prefieren el bien común a los intereses particulares, que comprenden quién es el prójimo y que, sin tapujos, lo aman, y amándolo, abrazan y comunican la verdad.

Estos periodistas son la legítima referencia para quienes se aventuran en el continuamente nuevo mundo de la comunicación en internet para comunicar lo que vieron, o más aún, para testimoniar lo que son. 

Los periodistas tienen en sus manos el gozoso esfuerzo por identificar lo bueno y necesario, hacerlo bello e interesante, y ganar legítimamente el lugar en la agenda mediática. Y los internautas que nos volcamos a las redes sociales para comunicar y dar testimonio debemos apoyarlos. 

Pero también imitarlos descubriendo y amando al prójimo con nuestra comunicación digital. ¿Cómo? Como Cristo haría ante una computadora.

Publicado por mario.web @ 21:32
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