Jueves, 15 de septiembre de 2011

Mateo 8, 18-22. Tiempo Ordinario. ¿Cuántas veces Dios nos ha dicho: “Sígueme”, y cuántas otras, no le hemos hecho caso? Siempre tenemos excusas.



Evangelio


Lectura del santo Evangelio según San Mateo 8, 18-22

Jesús, al verse rodeado por la multitud, dio orden de cruzar a la otra orilla. Entonces, se le acercó un maestro de la Ley y le dijo: «Maestro, te seguiré adondequiera que vayas.» Jesús le contestó: «Los zorros tienen cuevas y las aves tienen nidos, pero el Hijo del Hombre ni siquiera tiene dónde recostar la cabeza.» Otro de sus discípulos le dijo: «Señor, deja que me vaya y pueda primero enterrar a mi padre.» Jesús le contestó: «Sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos.»

Oración introductoria

Jesucristo, te seguiré a donde quiera que vayas. Ya sé que el camino es duro, que no tendré dónde reclinar la cabeza en muchas ocasiones, por la incomprensión, el trabajo, los problemas, las tentaciones... Pero no importa, porque te tendré junto a mí, y Tú también me tendrás junto a ti.

Petición

Señor, dame tu gracia para comprenderte, para escucharte, para amarte. Que no me desaliente ante las dificultades ni ante las duras condiciones de mi vida. Al contrario, que ellas me estimulen a amarte más y a comprenderte mejor.

Meditación

Dios es la realidad fundante, no un Dios sólo pensado o hipotético, sino el Dios de rostro humano; es el Dios-con-nosotros, el Dios del amor hasta la cruz. Cuando el discípulo llega a la comprensión de este amor de Cristo "hasta el extremo", no puede dejar de responder a este amor si no es con un amor semejante: "Te seguiré adondequiera que vayas" (Lc 9, 57). (Benedicto XVI, Discurso del domingo 13 de mayo de 2007).

Reflexión Apostólica

Jesucristo es la Palabra hecha carne. Por esto, sabemos que Dios nunca nos ha dejado de hablar. ¿Cuántas veces Dios nos ha dicho: “Sígueme”, y cuántas otras, no le hemos hecho caso? Siempre tenemos excusas para salvaguardar nuestra dignidad cristiana: “Perdón, no te escuché”. Y realmente no le escuchamos. No le escuchamos porque el ruido interior y exterior sofoca la voz del Maestro que nos dice “Sígueme, perdonando a este compañero”, “Sígueme, ayudando a ése que está subiendo las escaleras”, “Sígueme, no respondiendo nada a aquél que te acaba de humillar porque yo he padecido más que esto, y he perdonado, ayudado, callado...”.
Y yo, pobre pecador, hago lo que me es más cómodo a mi naturaleza, dejando pasar esa oportunidad de ejercer mi derecho de ser cristiano: el amor a mi prójimo.
Si llegamos a escuchar lo que nos dice Dios en cada momento, entonces, iremos comprendiendo su amor por nosotros y por los que nos rodean, sean justos o injustos, santos o pecadores. Y es, entonces, cuando podremos responderle: “Maestro, te seguiré a donde quiera que vayas”.

Propósito

Buscaré estar al menos 10 minutos ante Cristo en una visita, para fomentar mi silencio interior y descubrir su voz.

Diálogo con Cristo

Jesús, yo quiero seguirte, pero muchos males me impiden escuchar tu voz que me guía: primero, están los ruidos exteriores, te pido valor para apartarlos; después, aparece el ruido exterior, te pido coraje para ser tajante con él, y también, aparece el hombre viejo que se niega a escuchar tu voz y seguirte, dame la fuerza para vencerle y seguirte de cerca. Y Tú nunca me abandones.

Cristo quiere que le llevemos, no que le arrastremos: Cristo resulta pesado para el que lo arrastra. (San Gilberto, In Cant. 17)


Autor: David Varela Flores


Publicado por mario.web @ 18:21
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