Lunes, 19 de septiembre de 2011

Los gestos que se realizan durante la celebración de la Santa Misa están fijados en la Ordenación General del Misal Romano, y pueden ser adaptados (por supuesto, respetandola naturaleza de cada momento de la Misa) por las diferentes Conferencias Episcopales con la posterioraprobación de la Santa Sede.

En Argentina no hay nada prescrito sobre este particular, por lo que, en principio, los fieles nodeberían alzar las manos. Todavía no ha salido la nueva edición del Misal Romano, pero, según tenemos entendido, no habrá modificaciones en estepunto,quedando tal como aparece en el Ordinario de la Misa (Cf. CEA, 84º AsambleaPlenaria, nov. 2002, Res. n. 7; Recon. CCDDS, Prot.n. 23/03/L, 28 jun 2003).

Según parece, no ha tenido eco la sugerencia del SENALI (Secretariado Nacional de Liturgia):«Nada excluye que la elevación de las manos sea también propuesta por la Conferencia de Obispos para que ese gesto sea adoptado también por los fieles a tenor de OGMR 43, pues es el gesto más propio para esta plegaria: el gesto del niño que pide a su padre. De hecho,hay una tendencia bastante general a imitar ese gesto, que expresa mucho más la naturaleza del momento orante que el “tomarse de las manos”, también bastante extendido, pero más impropio. En consecuencia se sugiere indicar la posibilidad, facultativa según la costumbre del lugar, de elevar las manos mientras se reza la Oración del Señor».

A nuestro modo de ver, conviene subrayar la distinción del sacerdocio ministerial y real (Cf. la anterior respuesta). El Padrenuestro está íntimamente ligado a la Plegaria Eucarística,de la que es continuación y en la que el sacerdote alza las manos en actitud de intercesión, cual Moisés contra Amalec (Cf. Ex 17,11). Por esta razón, el Padrenuestro ha sido siempre una oración netamente sacerdotal, por lo que el Misal revisado por el Beato Juan XXIII, lo pone en boca del sacerdote, adhiriendo los fieles con la última petición del Pater: "ylíbranos del mal". El Misal de Pablo VI ha dado a los fieles una importante participación al prescribir que la Oración del Señor sea rezada por el sacerdote y el pueblo fiel conjuntamente, ya que con esta Oración nos preparamos principalmente para la Comunión. Curiosamente,ya en la época de San Agustín, en la Iglesia Africana, el sacerdote se reservaba la recitación del Pater Noster, uniéndose los fieles ritualmente, pero no alzando las manos, sino mediante golpes de pecho a la petición: «perdona nuestras deudas…»(Cf. J. JUNGMANN, El Sacrificio de la Misa, BAC, Madrid 1963, II.845).


P. Jon M. de Arza, IVE

de: http://www.teologoresponde.org.ar


Publicado por mario.web @ 9:40
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