S?bado, 01 de octubre de 2011
Leer o no leer, ¿ése es el
Leer o no leer, ¿ése es el "terror"?



En nuestro país se vive una realidad que bien podría convertirse en el marco de un buen relato de ficción o de suspenso: pareciera que los mexicanos le tenemos pánico a esos raros objetos llamados "libros", pues no nos acercamos a ellos como intuyendo que, al hacerlo, nuestras vidas corren peligro de manera irremediable.

Se trata de una situación que en un principio pudiera resultar exagerada, pero que existe y que nos aplasta, que nos va cerrando puertas tanto a nivel individual como colectivo.

Y es que no importan los esfuerzos que México haga para que su gente lea, no importa que se invierta en la construcción de bibliotecas o espacios para leer, ni que estemos rodeados de publicidad y de campañas en pro de la lectura; tampoco importa la impartición de talleres sobre literatura o de coloquios… no importa, porque los mexicanos huimos de los libros como si en ello nos fuera la vida.

¿Difícil de creer? Según la Encuesta Nacional de Lectura 2006, realizada por el Área de Investigación Aplicada y Opinión del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) por encargo del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), los siguientes son algunos datos que hablan por sí solos de un fenómeno que para nada es ficción:

Del total de los encuestados, 56.4 por ciento afirmó que lee. Cuando se les peguntó acerca del último libro que leyeron, el 38.8 por ciento no recordó el título. Cuando la pregunta fue "¿Cuál es su autor favorito?", 52.3 por ciento de los encuestados no supo, 15.2 por ciento no contestó y 9.1 por ciento dijo no tener un autor favorito.

Pues bien, en esta realidad observable veo sólo dos caminos: o a los mexicanos no nos gusta leer, y mentimos diciendo que sí; o, simplemente, tenemos mala memoria.

¿Cómo cambiar esta triste realidad? ¿Será que en serio a los mexicanos la lectura ni nos va ni nos viene? ¿No somos capaces, como en otros países, de disfrutar de un buen libro? ¿O, más bien, hemos empezado mal el camino hacia la lectura?

PARA QUITARNOS EL MIEDO

Muchas son las razones —o excusas— que los mexicanos planteamos para no leer: la falta de tiempo, el no ver bien, la dificultad que representa, la pereza que implica, el no saber qué leer o el no tener un lugar apropiado para hacerlo, además de muchas otras.

Pues bien, supongamos que hay mexicanos que sí quieren leer pero que no saben cómo empezar a hacerlo, ya que no tienen el hábito.

Lo primero, cuando se tienen esas ganas de conocer el mundo a través de la lectura, es empezar por obras que no resulten complicadísimas o que vengan en una presentación de "libro-tabique". Es más sencillo empezar con el consumo de lecturas más cortas y que resulten atractivas, para que despierten nuestro interés.

Para lograr tal fin, presento a continuación la breve semblanza de un autor estadounidense que, además de ser un "must" en la literatura, logra despertar el gusto por la lectura a través de sus relatos cortos. Se trata de Edgar Allan Poe, un hombre de muchas facetas, innovador en el campo de la escritura y cuya vida resulta, por demás, interesante.

POE, UN INVENTOR

Edgar Allan Poe nació el 19 de enero de 1809 en Boston, Estados Unidos; sus padres, actores de teatro, murieron cuando aún era pequeño. Edgar fue entonces adoptado —aunque no de manera oficial— por Frances y John Allan, con quienes vivió de 1815 a 1820 en Reino Unido, lugar en el que comenzó su educación.

En 1820 regresó a Estados Unidos y estudió en la Universidad de Virginia; más tarde, el que hoy es conocido como el "maestro del relato corto", se enrolaría en el ejército y comenzaría su carrera literaria, en 1827, con su primer libro de poemas: "Tamerlán y otros poemas".

En seguida, comenzaría a trabajar en algunos periódicos, escribiendo relatos y haciendo de crítico literario, lo que le haría ganar cierto reconocimiento. En 1835 se casó con Virginia Clemm, una joven prima que tenía, en ese entonces, 13 años de edad y que moriría de tuberculosis pocos años después, dejando una marca importante en la vida de Poe.

Fue gracias a su obra poética que su nombre comenzó a ser realmente importante, sobre todo cuando publicó, en 1845, "El Cuervo". Posteriormente, escribió las obras "Las campanas", "Ulalume" y "Annabel Lee".

Poe también ganó reconocimiento gracias a sus cuentos tan imaginativos como intensos e innovadores. Supo revolucionar la literatura, en su época y para siempre, con sus famosas historias de terror, ciencia ficción, de misterio y de detectives. Algunos de los más importantes, son: "Berenice" (1835), "El pozo y el péndulo" (1842), "El gato negro" (1843) y "El entierro prematuro" (1844).

También incursionó en la novela con "La narración de Arthur Gordon Pym" (1838), y en el género ensayístico.

A Edgar se le conoce como un revolucionario, como un inventor; es el crítico, escritor, poeta y periodista que mantuvo siempre la unidad en sus relatos. Es el hombre que contaba historias sobrenaturales, retrospectivas, realistas, de terror… el hombre que hablaba de odio, de venganza y de la culpa; el hombre que trasladó los padecimientos de su vida a sus obras.

Poe, que murió el 7 de octubre de 1849, en Baltimore, dejó con su obra un legado inmensurable. Escritores como Julio Cortázar, Jorge Luis Borges y Charles Baudelaire escribieron, posteriormente, sobre su vida y sobre su obra.

Jorge Luis Borges afirmó, en un escrito publicado en "La Nación" (Buenos Aires, 1949), que: "La muerte y la locura fueron los símbolos de que ése (Poe) se valió para comunicar su horror de la vida; en sus libros tuvo que simular que vivir es hermoso y que lo atroz es la destrucción de la vida, por obra de la muerte y de la locura".

Y continuó: "Sin la neurosis, el alcohol, la pobreza, la soledad irreparable, no existiría la obra de Poe. Esto creó un mundo imaginario para eludir un mundo real; el mundo que soñó perduraría, el otro es casi un sueño".

Poe, con su vida y su tormento, creó un mundo alterno que aún hoy es posible conocer y que nos invita a imaginar.

El autor que alguna vez afirmó que el verdadero terror venía del alma, es no sólo un parteaguas en la literatura universal, sino una invitación a conocer otros mundos, mundos que jamás hubiéramos imaginado, pero que están a nuestro alcance gracias a aquello que tanto tememos: los libros.

Hoy podemos, en tanto queramos, conocer a este autor a través de sus escritos. "Mi vida ha sido capricho, impulso, pasión, anhelo de la soledad, mofa de las cosas de este mundo; un honesto deseo de futuro", escribió Poe en una carta. Pues bien, contagiémonos de esa pasión, que nada nos lo impide.

Autor: Marcela Méndez

Publicado por mario.web @ 11:05
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