Mi?rcoles, 05 de octubre de 2011

Mateo 20, 20-28. Tiempo Ordinario. Fiesta de Santiago ap. Nosotros no somos los dueños de nuestra vida y mucho menos del plan de salvación que Dios tiene sobre nosotros.
Autor: Bernardo Siller | Fuente: Catholic.net

Evangelio


Lectura del santo Evangelio según san Mateo 20, 20-28

Entonces la madre de los hijos de Zebedeo se acercó a Jesús, junto con sus hijos, y se postró ante él para pedirle algo. «¿Qué quieres?», le preguntó Jesús. Ella le dijo: «Manda que mis dos hijos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda». «No saben lo que piden», respondió Jesús. «¿Pueden beber el cáliz que yo beberé?». «Podemos», le respondieron. Está bien, les dijo Jesús, ustedes beberán mi cáliz. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes se los ha destinado mi Padre». Al oír esto, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo: «Ustedes saben que los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero que se haga su esclavo: como el Hijo del hombre, que no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud».

Oración introductoria

Señor Jesucristo, Tú me has dado el tesoro de conocerte. Tú te has hecho hombre para enseñarme que todo lo humano me puede llevar a ti, tanto el sufrimiento como la alegría, el sacrificio y la felicidad. Tú eres mi Roca y mi Salvación. A ti quiero verte en mi vida. Quiero que todas las circunstancias de mi vida me hablen directamente de ti, pues Tú estás siempre a mi lado.

Petición

Señor, haz de mí lo que te plazca sin que yo busque nada a cambio.

Meditación

A todos nos gusta el poder, el ser reconocidos como los más importantes cuando se trata de ser elegidos entre los mejores. En este Evangelio es la madre de los Zebedeos quien se acerca a Jesús para pedirle que sus hijos se sienten a su derecha y a su izquierda en su Reino. El deseo de una madre para sus hijos no podría ser mejor. Ante el dueño de la mayor empresa de este mundo no duda en pedirle los mejores puestos para sus hijos.

Jesucristo se da cuenta de sus intenciones y se adelanta a preguntarle «¿Qué quieres?». La madre hace su petición y Jesús responde con la frase «No saben lo que piden». Esta frase le debió de haber dolido a Jesús en lo más íntimo. “¡Tanto tiempo llevaba ya con ellos y ellos seguían esperando en un mesías mundano! ¡No habían entendido todavía el Sermón de las Bienaventuranzas y las predicaciones acerca del Reino de Dios!” No habían comprendido que “el que quiera ser grande, que se haga servidor; y el que quiera ser el primero que se haga su esclavo”.

La fe en Jesús es algo que se debe llevar y reflejar en la vida. No podemos sólo esperar a que nos salve por habérselo pedido. Cada día tenemos que luchar por conocer a Jesús y por reconocerlo como Dios. Un Dios que le gusta estar entre los humildes y entre lo que se confían a su Providencia

Reflexión apostólica

En pocas palabras Jesús nos da una conferencia magistral de lo que es el “servicio” al Rey de los Cielos y a Su Reino. En primer lugar hemos de “beber el cáliz”, es decir, hemos de participar con Él en su sufrimiento por las almas para parecernos a Él, pues no sólo habla de beber un cáliz, sino de beber el cáliz que Él beberá.

En segundo lugar muy claramente que el binomio salvífico es el del sacrificio y la confianza en Dios. Nosotros no somos los dueños de nuestra vida y mucho menos del plan de salvación que Dios tiene sobre nosotros. A nosotros, como piezas de un ajedrez, nos toca movernos adonde Él nos diga sabiendo que el que lleva la jugada y ve todo el panorama es Él.

Propósito

Buscar servir antes a los demás que a mí mismo.

Diálogo con Cristo

Ahora que te he contemplado, Señor, en tu sencillez y servicialidad, no permitas que yo, seguidor tuyo, me decida por el lado del servicio del mundo. Haz, que lo primero que desee sea servir y no ser servido para tener un lugar contigo en el cielo.


Al estar con Él, observando lo que hace y escuchando sus palabras, han reconocido en Jesús al Mesías; y, viéndolo resucitado después de haber sido crucificado, han tenido la certeza de que Él, verdadero hombre, era al mismo tiempo verdadero Dios, el Hijo unigénito venido del Padre, lleno de gracia y de verdad. (cf. Jn 1,14). (Benedicto XVI,).


Publicado por mario.web @ 1:06
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