Martes, 11 de octubre de 2011

1.-Es por todos conocido la importancia que tuvo en la Iglesia el Concilio Vaticano II que renovó con la fuerza del Espíritu Santo toda la realidad eclesial y encontró al Pueblo de Dios con la mente y el corazón abiertos para recibir las mociones del Paráclito. De varios documentos del Concilio, en especial de la “Lumen Gentium”, apreciamos cabalmente la misión de la Iglesia en el mundo, al servicio del Reino y no para si misma. Y dentro de ella, el papel de los laicos emergió como fundamental para llevar a la realidad del orden temporal ese mandato evangelizador del Señor Jesús que nos impulsa a transformar este nuestro mundo en uno más humano, justo y solidario, por lo tanto más cristiano.

2.- Pero el Concilio ocurrió hace cuarenta años y todavía resta aplicarlo cabalmente en su plenitud, lo cual nos confirma la obra magnífica del evento. Desde esa fecha podemos afirmar que el papel de los laicos en la Iglesia y en el mundo salió fortalecido, ya nadie nos puede considerar cristianos pasivos. Tenemos claramente nuestra identidad, reforzada por los padres conciliares. Identidad diferente y complementaria de la de nuestros hermanos clérigos que por mandato del Señor y a través del sacramento del Orden se constituyen servidores ministeriales de nosotros, todo el Pueblo de Dios.

El entonces Papa Juan Pablo II explicó en varios documentos la complementariedad de la misión de clérigos y de laicos dentro y fuera de la Iglesia. A los clérigos les compete el servicio ministerial consagrado u ordenado y a los laicos nos compete llevar el Evangelio a cada rincón de las realidades temporales llamadas a ser transformadas según Cristo: la familia, la profesión, el trabajo, la sociedad, la política, el derecho y la justicia, la enseñanza, la cultura, las ciencias biológicas, el deporte y un largo etcétera.


3.- Es en esa longitud de onda que Juna Pablo II nos habló a los laicos de la necesidad de una expresión de la santidad socio-política, es decir, que los actores sociales y políticos que nos decimos cristianos seamos efectivamente, por el testimonio de vida alimentado previamente en la oración, evangelizadores de esas realidades, constructores de una nueva forma de servir al bien común, que de eso se trata justamente, en el terreno social y de lo político.


Vemos en Latinoamérica particularmente, continente católico , a muchos de la clase política gobernar nuestras naciones sin ética alguna y es justamente en ese sector, en donde estoy convencido, de que los cristianos militantes del Evangelio debemos tomar parte dentro de los partidos políticos y también de los sindicatos porque el espacio que no se ocupe por nosotros lo ocuparán indefectiblemente otros. Queremos ver un acción pública sujeta a la ética, a la búsqueda del bien común de los pueblos que no es más que el interés general por encima de los intereses sectoriales y tratando siempre que los más infelices sean los más privilegiados. Así cumpliremos la opción preferencial por los pobres de la que nos hablan con amor nuestros sagrados pastores.

Debemos como cristianos dar la batalla por actuar, para no dejar espacio a los que no tienen principios y así con nuestra gestión cívica colaborar para que las realidades temporales se orienten según Dios. Basta pensar que distinto sería el mundo si los bautizados nos tomáramos todos en serio la grave misión y responsabilidad conferida por Jesús trasmitida a los apóstoles al momento de su ascensión a los cielos.


4.- Para iluminar ese accionar resulta fundamental la formación de los laicos, como nos insistió Juan Pablo II. Y es en la doctrina social cristiana que encontraremos los principios inspiradores de esa búsqueda del bien común. El Compendio de DSI resulta un instrumento privilegiado con ese fin.

De tal manera que actuando dentro de los partidos políticos, organizaciones empresariales, profesionales o sindicales, los laicos cristianos debemos de ser sal, luz y fermento para orientar todas esas realidades temporales según el Evangelio como nuestro carisma específico al servicio del Reino de Dios que ya está entre nosotros pero que todavía no en su plenitud, lo cual sabemos por la fe y la revelación, será con la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo al fin de los tiempos.

Así como dice San Pablo todo lo creado será recreado en Cristo Jesús, que entregará la nueva creación en manos de su Padre, para que éste sea todo en todos. El mundo gime con dolores de parto, nos dice la Escritura, por lo que todos los integrantes del Pueblo de Dios debemos de asistirlo como enviados del Señor a que alumbre la nueva humanidad, el nuevo hombre, siguiendo el modelo de Cristo.

Autor: Dr. Carlos Alvarez Cozzi


Publicado por mario.web @ 19:27
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