Martes, 11 de octubre de 2011
Tolkien: de la Tierra Media a la salvación
Tolkien: de la Tierra Media a la salvación

13 DE JULIO DE 2011


Escribió "El señor de los anillos" a lo largo de 12 años. Sabía 14 idiomas, se inspiró en las lenguas germánicas, el finés y la mitología islandesa.

JRR Tolkien era de padres ingleses y anglicanos. Pasó los primeros años en Sudáfrica. Regresó a Inglaterra porque el clima les iba mal a los niños y a la madre. Su papá se quedó en África con la idea de reunirse con ellos, pero murió al poco tiempo. Su madre pasó grandes trabajos para sacarlos adelante.

No tenía dinero para pagarles un tutor, así que ella misma les enseñó francés, latín y alemán, piano y dibujo.


En 1900 su madre empezó a ir a catequesis a una iglesia católica de los barrios bajos de Birmingham, se convirtió al catolicismo, lo que fue una hazaña sin igual en la Inglaterra del momento en que todo lo católico y romano era considerado anti-inglés.

Desde los ocho años, Tolkien fue católico. Vivió agradecido a su madre que se mató de trabajo y preocupación para que sus hijos conservaran la fe.

Vivían en las afueras de la Ciudad. Cuando Tolkien tuvo que estudiar, un tío se compadeció y le pagó las 12 libras esterlinas que requería, pero la escuela le quedaba lejos. Se mudaron al centro de la ciudad, y les pareció un barrio feo, por lo que volvieron a cambiarse de casa, gracias a lo que conocieron a un buen párroco llamado Francis Xavier Morgan, que se hizo muy amigo de la familia.

La madre enfermó de diabetes, el párroco les consiguió unas vacaciones en la campiña y los niños fueron los más felices. La salud de la mamá se deterioró, murió y dejó la custodia de los niños al párroco, así como algo de dote. El sacerdote tenía viñedos en Jerez de la Frontera y con eso se ayudó para sacarlos adelante.

Les buscó alojamiento en casa de una tía, cerca del Oratorio, pero ella no les mostraba cariño, por lo que vieron el Oratorio como su verdadero hogar. Además, asistían al Padre Francis Morgan en el altar.

Con el tiempo, Tolkien vio el amor providente de Dios en su madre y en el P. Francis. De él aprendió la caridad y el perdón. También vio que todo pasaba, que las luchas de la vida no se ganan de forma total y definitiva, que incluso en las victorias había derrotas. Que no hay amor verdadero sin sacrificio, que no hay salvación posible sin perdón, que no hay perdón sin misericordia, que en toda victoria en el mundo hay pérdida. Pero pase lo que pase, siempre hay esperanza.

La historia de la Tierra Media es la Historia de la Salvación, pues es un hecho gozoso, digno de ser relatado. En Dios creador hay perdón y sacrificio, y lo hay porque hay misericordia, porque la gracia y la providencia hacen posible que —contando con libertad— las cosas más adversas den un giro inesperado, favorable en la más dura prueba.

Estos factores rigen los destinos de nuestra vida personal y colectiva. El mal, el dolor, el sufrimiento y hasta la mismísima muerte, son pasajeros. El tiempo no se acaba porque se convierte en eternidad. Estas verdades están en la genialidad de Tolkien y se reflejan en "El Señor de los anillos", aunque él sitúa el argumento antes de la venida de Cristo.

Es una historia de esperanza contra toda desesperanza. El libro "Silmarillion", publicado por su hijo, es clave para entender su obra más famosa.

Autor: Rebeca M. Reynault


Publicado por mario.web @ 22:28
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios