Martes, 18 de octubre de 2011
Autor: Don Melchor Sánchez de Toca y Alameda, Consejo Pontificio de la Cultura | Fuente: Vatican.va 
El cine: imágenes para un diálogo ente los pueblos y una cultura de la paz en el Tercer Milenio
Crónica del evento realizado por el Consejo Pontificio de la Cultura y el Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales en el que se buscó dar espacio a otro tipo de cine, cargado de valores humanos, éticos y espirituales.
 
El cine: imágenes para un diálogo ente los pueblos y una cultura de la paz en el Tercer Milenio
El cine: imágenes para un diálogo ente los pueblos y una cultura de la paz en el Tercer Milenio
Roma (Italia), 2-4 de diciembre de 1999



Del 2 al 4 de diciembre ha tenido lugar en Roma, en la sede de la Universidad Gregoriana, un encuentro internacional de estudios con el título El cine: imágenes para un diálogo entre los pueblos y una cultura de la paz en el Tercer Milenio. Este congreso, convocado y organizado por el Consejo Pontificio de la Cultura y el Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales, en colaboración con el "Ente dello Spettacolo", está encuadrado dentro de los actos del festival internacional de cine Tertio Millennio, que este año ha llegado a su III edición.

El Festival del Cine Espiritual no es, ciertamente, de aquellos que atraen la atención de la prensa del corazón por la presencia de los astros de la pantalla. Sin embargo, dentro de sus modestos límites, ha logrado afianzarse como una presencia alternativa en el panorama cinematográfico. Como explica Andrea Piersanti, Presidente del "Ente dello Spettacolo" –la institución que ha ideado y organizado en estos tres años el festival– "la critica cinematográfica contemporánea, a base de limitarse al análisis estético de las películas, de contentarse con examinar los aspectos estéticos y técnicos, se ha visto incapaz de afrontar un análisis de los contenidos del cine, y sobre todo, falta de preparación para hablar de ética y valores humanos en el cine. El festival de cine espiritual pretende precisamente colmar este vacío". Para ello, busca dar espacio a otro tipo de cine, cargado de valores humanos, éticos y espirituales; ese cine que, desgraciadamente, sólo transmiten en televisión en la madrugada, como comentaba irónicamente el director argelino Rachid Benhadj, presente en el congreso.

Quizá la característica más importante de este festival de cine sea el querer colocar en el centro al hombre, en lugar de los datos de taquilla y las cifras de audiencia. Frente a la imagen plana y unidimensional del hombre que suele presentar el cine comercial, Tertio Millennio quiere privilegiar retratos humanos poliédricos, complejos, multidimensionales. Nos lo recordaba el Papa en la audiencia concedida a los participantes en el Encuentro: "Es necesario que el hombre, en su compleja y misteriosa realidad, se convierta en el sujeto de referencia de un cine de calidad, que proponga cultura y valores universales. El hombre, todo el hombre, uno e indivisible. Un cine que tome en consideración sólo algún aspecto de la sorprendente complejidad del ser humano, acaba inevitablemente por reducirlo y no desempeñar un fecundo servicio cultural".

Cine espiritual, sí, pero no cine clerical, ni cine "de sotana", según el mismo Piersanti. Un aspecto éste puesto de relieve por Benhadj, argelino, musulmán, autor de dos películas sobre el P. Comboni y los combonianos; para él, "hacer un film religioso, no es ilustrar la Biblia o el Corán, sino ilustrar la vida de los hombres, en la que se trasluce la presencia de Dios." Se trata de proponer o incluso de rescatar del olvido esas películas, a menudo en posición marginal en el mercado cinematográfico, que hablan de valores humanos, aun cuando utilicen un lenguaje fuerte como Salvad al soldado Ryan, o La delgada línea roja, que figuraban entre las películas del Festival.

Este congreso, en sus ediciones de años anteriores, ha tratado de explorar este territorio cinematográfico y de explotar la potencialidad del cine como vehículo de cultura. Tras el Congreso El cine, vehículo de espiritualidad y cultura del año 1998, e Imágenes de la vida, del año 1998, el tema de este año estaba dedicado al cine como instrumento de diálogo entre los pueblos, una cuestión siempre actual, como lo demuestra el hecho de que la UNESCO haya declarado el 2000 "año para la cultura de la paz". O el preocupante fenómeno de la violencia en las escuelas americanas, cuya principal fuente de alimentación, –no es un secreto para nadie– es cierto tipo de películas. El Card. Paul Poupard, Presidente del Pontificio Consejo de la Cultura, en su saludo inaugural, hablando de las potencialidades del cine, explicaba así la elección del tema: "el cine, verdaderamente puede constituir un vehículo fascinante y potente para hablar a todo hombre y a todo el hombre, alcanzándolo en lo íntimo de su corazón, de su inteligencia y de su corazón, abriéndolo a la acogida del otro y de la trascendencia". Para Mons. John Foley, Presidente del Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales, el gran recurso del cine es "la capacidad de contar por medio de imágenes, reforzando la memoria histórica". En el cine, la memoria de uno se hace colectiva, y la pantalla, lazo de unión entre diversas generaciones, entre mundos diferentes geográfica y culturalmente. A la salida de una proyección de una película violenta, los muchachos remedan los disparos y las explosiones que han visto; después de ver un film como La vida es bella, de R. Benigni, uno se siente dispuesto a afrontar la vida y el sacrificio con una sonrisa.

En el congreso han participado juntos estudiosos de cine y representantes del mundo del espectáculo. Entre estos el cómico Claudio Bisio, la actriz Giulia Boschi y los directores Franco Zeffirelli, Roberto Faenza, Rachid Benhadj y Giuseppe Piccioni. Entre los estudiosos, William Baugh, de la Universidad Gregoriana, Stefano Zecchi, de la Statale de Milán, García Noblejas de Navarra, Michael P. Gallagher, de Dublín y el P. Fantuzzi s.j., conocido crítico cinematográfico de la Civiltà Cattolica. Han dado su apoyo y su presencia también miembros del gobierno, como Giovanna Melandri, Ministra para los Bienes y Actividades Culturales del gobierno italiano, o el diputado Castellani, Presidente de la Comisión de Cultura e Instrucción del Parlamento italiano.

Relaciones, debate y también proyecciones durante los días del congreso. El jueves 2 de diciembre se proyectó el trabajo de Eyal Sivan Un especialista- Retrato de un criminal moderno (1999), hecho con material de archivo, grabado durante el proceso al jerarca nazi Adolf Eichmann en Jerusalén en los años ’60. El film, que presenta el retrato de un hombre impecable, mediocre, celoso burócrata y al mismo tiempo responsable del exterminio de millones de judíos durante la II Guerra Mundial, expresa perfectamente esa "banalidad del mal" de la que habla Hannah Arendt, la pérdida completa de la capacidad de horrorizarse ante el mal, el familiarizarse con la depravación, que amenaza peligrosamente nuestra sociedad.

También se proyectó en el auditorio de la Gregoriana la película del director Bernaldo Bertolucci El asedio (1999), una historia profundamente humana que, –en palabras del Card. Poupard–, "tiene la capacidad de contar con medios escasos un amor de gran sensibilidad, hecho sobre todo de sacrificio". Sobre la película se ha expresado también muy positivamente el P. Fantuzzi, sj, definiéndolo "una manifestación de un artista che pone al desnudo su propia alma. En una película, todo autor pone una parte de sí mismo, y eso siempre merece respeto". Palabras de elogio para el director de El último tango en París, que escandalizó en los años 70 al público y a la crítica, y que ahora –quizá sea la madurez– ha querido detenerse en los valores del diálogo y de la solidaridad.

Bertolucci ha podido afrontar un tema así con la libertad y la independencia que le dan sus años y la fama que tiene a sus espaldas. Pero no resulta fácil superar los obstáculos para los que tratan de hacer un tipo de cine diferente. Otro director presente en el congreso, Giuseppe Piccioni, comentaba lo difícil que es hacer cine cuando simplemente se quiere contar historias de personas. En un mercado cinematográfico sin reglas, en la peor expresión de la globalización, Roberto Faenza, autor de El amante perdido, ha dicho: "hay dos maneras de trabajar: usar la película para ganar dinero, o arriesgarse a perderlo para hacer un film no convencional". Habla así un director que en su película ha abordado una parábola del entendimiento entre los pueblos, en una especie de Romeo y Julieta ambientado en el Israel donde judíos y árabes se enfrentan a diario. Su película narra la historia de amor entre una chica judía y un joven palestino.

Para poder contribuir al diálogo entre los pueblos, el cine no necesita recurrir a exhortaciones moralizantes. Basta que busque ensanchar el campo visual del espectador, lo cual, por desgracia, no es muy frecuente. Michael P. Gallagher, en su intervención acusaba al cine predominante en el mercado principalmente de cobardía, porque "con demasiada frecuencia refuerza las estructuras de la cultura dominante en lugar de ensanchar los horizontes o la sensibilidad del público". Esta tarea de ensanchamiento significa para Gallagher "invitarlos hacia regiones de sorpresa, más allá de las actitudes habituales". El problema del cine actual, por tanto, no es sólo el contenido banal, violento o fuertemente erótico de algunas películas, sino la falta de ambición, la ausencia de experiencia estética que pueda transformar el horizonte del espectador.

Que el cine pueda ser vehículo de diálogo y de paz lo demuestra también otra estupenda película presentada en el congreso el 4 de diciembre (su proyección oficial tendrá lugar en el festival de Berlín): Mirka, de Rachid Benhadj. Y al mismo tiempo, desgraciadamente, confirma las dificultades que encuentra el cine de países del tercer mundo, a pesar de contar en el cast de actores con Gérard Depardieu y Vanessa Redgrave. Mirka cuenta la historia de un niño nacido de una violación étnica durante el conflicto balcánico, y que va en busca de su madre. La violación, "un acto de amor usado como arma de guerra", y el niño fruto de esa violencia, se convierte en la película en una parábola de la aceptación del otro, del que es diferente, e incluso el enemigo. Al final, el amor logrará superar las reservas hacia ese hijo del odio, recuerdo vivo de la humillación sufrida por la madre. Para el director, Mirka es también la verdad que pone a todos un poco en crisis, que obliga a poner la vida frente a los hechos y la realidad.

Para la Iglesia, se puede decir que el tercer milenio ya ha comenzado, al menos por lo que respecta al mundo del cine. Tras una época de titubeos frente al séptimo arte, la Iglesia, experta en humanidad, realidad esencialmente sacramental, y por tanto visual, desea contemplar el cine con simpatía, aunque sin ingenuidad. "Deshagamos ese malentendido que atribuye a la Iglesia una insensibilidad frente al cine, y de empecinarse en una postura de incomunicación con el mundo trepidante, fascinante y difícil que gira en torno a todo lo que hoy es el mundo del cine". Así se expresó el Card. Poupard ante los periodistas en la conferencia de prensa de presentación del festival. Por su parte el Papa, amante del cine, ha querido reafirmar su esperanza de que el cine, en el cuadro del Gran Jubileo, "pueda hacer su aportación original para la promoción de un humanismo ligado a los valores del Evangelio, y, gracias a esto, creador de una auténtica cultura del hombre y para el hombre".

Don Melchor Sánchez de Toca y Alameda
Consejo Pontificio de la Cultura

Publicado por mario.web @ 20:49
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