Viernes, 21 de octubre de 2011

Empresario: ¿Opiniones desfavorables?
Empresario: ¿Opiniones desfavorables?
Carlos es empresario y rotario. Tuvo que dar charlas en el Rotary sobre su profesión: habló de la empresa y los empresarios; y se suscitó un diálogo muy áspero que hizo que casi se arrepintiera de haber hablado. En general la imagen del empresario no es buena y a él le perturbaba la conciencia esta crítica negativa de muchos de sus consocios: ¿estaba inmerso en una profesión desdorosa?

Algo parecido le sucedió cuando tuvo que hablar en una reunión general de "cursillos", actividad, dice, de gente muy caritativa pero que esperó hacia nuestro Carlos una punzante declaración de que la imagen del empresario "nunca puede ser buena".

Un destacado columnista estadounidense investigaba la opinión de la juventud e hizo una encuesta: se pidió a los jóvenes de edad comprendida entre los 13 y los 18 años que evaluaran las normas éticas de personas pertenecientes a diversos campos de actividad. Solamente un 30% de los interrogados consideró altas o muy altas las normas de ética de ejecutivos o empresarios de negocios; y los encargados de propaganda comercial merecieron una evaluación todavía más baja.

¿Podemos orientar a nuestro protagonista de algún modo?

Vamos a enumerar diez conceptos que tratan de aclarar esta situación del empresario y proporcionar una posible vía para ubicar su imagen en el lugar que corresponde.

Capital sin prejuicios

1. Hay confusión entre riqueza y capital (aun en círculos cultos). La riqueza es improductiva; en cambio el capital es una herramienta de trabajo orientada a la producción. Si no es fecundo, si no es productivo, no es capital. La riqueza puede ser indiferente y hasta mala cuando sirve al egoísmo y al individualismo: el capital que produce normalmente es bueno.

2. Si hay una persona que maneja ese capital (empresario o ejecutivo), que organiza el trabajo, crea equipos, racionaliza sistemas, introduce máquinas, organiza la venta, etc. esa persona cumple la función de dar trabajos. El hombre, cualquier hombre, necesita esa fuente de trabajo para que subsista su familia y él.

3. Es casi tradicional que el empresario, que suele ser un buen vendedor de su producto, sea un mal vendedor de la imagen de la función que desempeña en la sociedad, que es, como dijimos, la de crear fuentes de trabajo.

4. El aditamento de "sociedad anónima" que tienen muchas empresas en su nombre, teje a muchos un trasfondo de tinieblas donde operan de una manera tenebrosa el dueño de la empresa y sus colaboradores. Y, desde luego, no es así. Las sociedades anónimas son corporaciones como fueron las de los benedictinos en la Edad Media que vendían vinos y quesos y destinaban los beneficios a construir esas portentosas catedrales que aún existen. La denominación de "anónima" es un concepto jurídico de la ley argentina y trata de reflejar la circunstancia de que el capital Se forma con el aporte de capitales individuales. Mucho más agradable es el nombre de "corporación" que usan otras naciones del globo.

Servir al público

5. Otro aspecto que proporciona mala imagen es el creer que la empresa al ser privada se aleja y conspira contra el pueblo. En primer lugar lo privado no es, por eso sólo, una cosa mala: mi casa es privada, mi correspondencia es privada... Por otra parte una sociedad que fabrica alpargatas, publica cuatro balances al año y cotiza sus acciones en la bolsa es más pública que privada.

6. Un profesor de Economía de la Universidad desarrollaba el tema hablando sólo de empresas muy voluminosas cuyos capitales superaban al tesoro de muchas naciones pequeñas. Y a esta imagen del gran empresario se le teme y no se la quiere. Lo correcto hubiese sido recordar también el gran aporte social que hace la pequeña empresa y señalar cuánto trabajo crean las pequeñas y medianas empresas.

En Francia, estadísticamente, aseguran que el 60% de las fuentes de trabajo lo crean las pequeñas y medianas empresas. En el resto del mundo no debe ser muy distinto.

7. Si comparamos a un empresario con figuras como políticos, sacerdotes, deportistas, artistas, se encontrará con que el empresario es menos adicto al diálogo que todos los mencionados. El empresario no dialoga, no se exhibe; y eso lo hace aparecer como individualista; y de ahí se pasa sin mucha reflexión a tomarlo como egoísta. Desde luego, el empresario, por su falta de diálogo, no es necesariamente egoísta.

8. La motivación del empresario debe ser bien entendida. El empresario actúa por las utilidades (y hay quien lo dice con signos de admiración y entonación de cosa mala). Veamos: hay una persona cuya motivación es misericordiosa, asiste todos los días a la hora de visita a hospitales y proporciona compañía y material de lectura a sus asistidos. Y otra persona dedica su tiempo a impulsar una empresa que en término de empleos a la comunidad proporciona una mayor satisfacción social. No podemos decir que la segunda persona esté actuando mal; quizá podamos aspirar a juntar las cosas y que el empresario siempre tenga en la mira además del lucro, el mejoramiento de las personas, su elevación espiritual y perfeccionamiento.

Si un empresario distribuye su capital entre diez pobres habrá once pobres; pero si lo emplea bien desaparecerán esos primeros diez. Es conocida la imagen de que si la torta no crece la distribución no podrá aumentarse, por eso el empresario debe ser creador e imaginativo. Dios es creador y el que tiene iniciativa actúa a su imagen y semejanza.

La imagen del empresario

9. De todos modos, para que exista la creación, el buen uso del capital, el estímulo a la pequeña y mediana empresa, debe el creador encontrar un entorno adecuado: si al empresario de entrada se lo considera ladrón y enemigo del pueblo es muy fácil que se desanime más de uno. Cada época trajo la necesidad de practicar ciertas virtudes; en la Edad Media la gran virtud era la resignación: muchos males individuales y sociales no tenían solución, había que resignarse. Pero hoy que existen muchas soluciones la virtud a recomendar es la búsqueda de esas soluciones.

Sería muy saludable que propagadores y educadores -inclusive cristianos- aplaudan y creen un entorno estimulante a los que se dedican a buscar soluciones.

Participación Cívica

10. Hay que acusar al empresario de adherirse en exceso al "no te metas" por no intervenir en las Cámaras o Uniones Empresariales y deja el lugar con pocos representantes y librado al azar; tampoco participa de la cosa política.

Hay condiciones gremiales de ética que podrían impedir buenamente -por ejemplo- que circulen propagandas que atribuyen la intrepidez masculina o la distinción femenina al hecho de fumar determinada marca de cigarrillos (¿qué efecto producen en los adolescentes?) o boberías como que el consumir azúcar aumenta la virilidad o indignantes como que la violencia es el modo de triunfar. Pero si esas comisiones representan tan sólo un mínimo porcentaje de los empresarios no tienen ninguna autoridad.

Algo parecido sucede con la política; en lugar de quejarse el empresario debe intervenir: como primera figura o simple soldado raso, pero intervenir. Si por hacer un negocio restamos una presencia a una reunión es muy probable que la ausencia perjudique de tal modo la cosa que después un mal decreto eche por tierra ese negocio y muchos otros venideros.

Autor: Carlos Gasull


Publicado por mario.web @ 1:42
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