Lunes, 24 de octubre de 2011

Cuando los conquistadores llegan a un lugar, queman las naves, es decir, prenden fuego a los barcos en que han venido para que ninguno de los tripulantes tenga la tentación de volverse a su patria.

Así debemos hacer también un poco los cristianos, que si nos hemos decidido a seguir a Cristo, tenemos que romper con el mundo, quemar las naves del pasado y de lo que nos ata a los intereses humanos, y dedicarnos a los intereses de Dios, que son su mayor gloria y la salvación de las almas.

En este mundo actual las tentaciones de volver atrás son muchas, puesto que este mundo se vuelve cada vez más enemigo de Cristo y de la Iglesia, y entonces uno siente la tentación de querer pasar desapercibido en todos los ambientes, contemporizando entre lo que es mundano y lo cristiano, entre Dios y Satanás. Y esto no se puede hacer sin traicionar a Cristo.

Por eso es tiempo de que tomemos la sincera decisión de quemar naves, porque ya el Señor nos ha dicho en su Evangelio que quien pone la mano en el arado y mira hacia atrás no sirve para el Reino de los Cielos.

Así que pensemos bien qué vamos a hacer. Pongámonos a pensar como ese rey de la parábola que iba a entrar en combate con otro rey que venía contra él con muchos más soldados, si podemos hacer frente a los ataques del enemigo. Y cuando tomemos la decisión, quememos las naves, y lancémonos a la conquista del Cielo, y de almas para Dios, porque siempre será verdad que quien ama su vida en este mundo, perderá la Vida eterna.

Que los mártires sean nuestros guías, porque por un momento de sufrimiento ganaron una eternidad de felicidad y una gloria imperecedera.


Publicado por mario.web @ 0:58
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