Martes, 25 de octubre de 2011
Toda comunidad eclesial, y en particular la parroquia, debe anunciar el Evangelio.
 
No hay Iglesia misionera sin parroquias misioneras
No hay Iglesia misionera sin parroquias misioneras



Para que pueda haber una Iglesia misionera se requieren parroquias misioneras.

Toda comunidad eclesial, y en particular la parroquia, que es la célula fundamental de la vida de la Iglesia diocesana, debe anunciar el Evangelio, celebrar el culto que es debido a Dios y servir como Cristo.

Para ello, es necesario, que los fieles redescubran la «auténtica naturaleza» de la Iglesia: no es una administración ni una empresa, es ante todo una realidad espiritual, hecha de hombres y de mujeres, llamados por la gracia de Dios a convertirse en hijos e hijas de Dios, que han entrado en una nueva fraternidad por el Bautismo que les ha incorporado a Cristo.

Se debe impulsar el trabajo de formación permanente y de catequesis, para permitirle a los fieles ser cada vez más conscientes de la riqueza que constituye la vida de una parroquia.

Esta riqueza, se sintetiza en sus tres misiones:

Ante todo, «la misión profética, caracterizada por la tarea de anunciar a todos los hombres la Buena Nueva de la salvación».

En segundo lugar, «la misión sacerdotal, que consiste en participar en el único Sacerdocio de Cristo celebrando los misterios divinos».

Y, en tercer lugar, «la misión regia, que se expresa en el servicio a todos, como lo hace el Señor Jesús».

El carácter misionero de las parroquias, depende, de su capacidad para vivir la comunión en su seno.

Es necesario velar para que la comunidad parroquial exprese la diversidad de miembros que la componen y la variedad de sus carismas, y que se abra a la vida de asociaciones o de los movimientos.

Será entonces una expresión viva de la comunión eclesial, que pone los bienes de cada uno al servicio de todos y que nunca se encierra en ella misma.

Comprometerse en la misión en el extranjero, lejos de empobrecer a la parroquia o a la diócesis, les dará por el contrario una nueva fuerza». De la dimensión misionera no está exento ninguno en la Iglesia.




Audiencia del Papa Juan Pablo II con los obispos franceses de las provincias eclesiásticas de Lyón y Clermont, a quienes recibió al concluir su visita «ad limina apostolorum» al Papa y a la Curia Romana.

Publicado por mario.web @ 16:55
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