Mi?rcoles, 26 de octubre de 2011
Yo soy la esposa de Cristo en su Iglesia y a través de la Iglesia.
 
Los amores de la persona consagrada: Dios, La Virgen, La Iglesia y las Almas
Los amores de la persona consagrada: Dios, La Virgen, La Iglesia y las Almas

La vocación religiosa implica una donación de sí total a Dios y a los demás. Consiste en un continuo ejercicio de amor. Precisaremos el significado de este amor. Los amores de una persona consagrada son los mismos que los de Cristo: Al Padre, a María, a las almas y a la Iglesia.

Meditando sobe el Cuerpo Místico de la Iglesia, no me identificaba con alguno de sus miembros, descritos por San Pablo, o mejor dicho, quería identificarme con todos. La caridad me dio la clave de mi vocación. Enendí que si la Iglesia tiene un cuerpo compuesto por diversos miembros y que también tiene un corazón que arde en amor y entendí que lo que hace actuar a la Iglesia es el amor y que si éste se extinguiese, los apóstoles no anunciarían ya el Evangelio, los mártires rachazarían el derramar su sangre por Cristo ... Entendí que el amor encierra todas las vocaciones y abraza todos los tiempos y todos los lugares, en una palabra, que es eterno. Jesús, amor mío, he encontrado mi vocación finalmente. Mi vocación es el amor (Sta Teresa di Lisieux).

Nosotros debemos estimular este amor en las almas a nosotros encomendadas.


1.1 Amor a Dios Padre

La eshortación postsinodal Vita consecrata nos diceque la vida consagrada es una transfiguración en Cristo, un conformarse con Cristo Redentor. Este es el significado de las palabras de Cristo al joven rico: “ven y sígueme” "ven y comparte mi estado de vida y mi mision". En la vida de Cristo vemos que Él en cada momento sigue la voluntad del Padre: “No he venido a hacer mi voluntad sino la del Padre... Padre, glorifica a tu Hijo con la gloria que tenía antes de salir de Tí”. Así nosotros debemos buscar en todo la gloria de Dios. No busquemos en el apostolado nuestra propia gloria, nuestro triunfo, nuetra vanidad, sino la Gloria de Dios. Que todas las intenciones, las obras, sean internamente dirigidas hacia la gloria de Dios y la salvación de las almas. Buscar la gloria de Dios es vivir en la humildad, con gran pureza de intención, purificando mi vanidad, mi curiosidad y mi egoísmo. Buscar la gloria de Dios con mis pensamientos, con mis palabras y con mis obras.

El amor a Dios Padre se expresa en seguir su voluntad con fidelidad. La voluntad de Dios debe ser siempre la brújula de nuestra vida. Debemos acostumbrar a las hermanas a renunciar a todo con tal de vivir en la voluntad de Dios.

Hay una oración atribuida a Clemente XI muy bella:

Volo quidquid vis,
volo quia vis,
volo quómodo vis,
volo quámdiu vis.

Quiero todo lo que tú quieres
Lo quiero porque tú lo quieres
Lo quiero como tú lo quieres
Lo quiero hasta dónde tú lo quieras.


!Cuántos actos de amor a Dios podemos hacer durante el día! Aquí conviene hablar del horario cotidiano de la vida comunitaria, expresión de la voluntad de Dios. En todos los actos de la vida comunitaria se expresa la voluntad de Dios: en el huerto como en la cocina, en el refectorio como en la Celebración Eucarística. La eficacia apostólica depende en gran medida de la fidelidad al horario comunitario. Hay santos que estuvieron toda su vida en la portería o en el huerto. La fidelidad al horario es la fidelidad a la propia vocación. Recuerda que tú perteneces a Dios y Él te ha escogido para llegar a través de tí a tus hermanos. Por ello, ya no te perteneces.

Este amor a Dios Padre, nos da una especial presencia de Él en el alma, en nuestros pensamientos, en las palabras y en las obras y nos ayuda a valorar la comunión con Él y con nuestros hermanos y a vivir la vida con sabiduría.

Hay que recordar que la vida del hombre es la gloria de Dios y esto nos debe dar una idea de lo que significa estar unidos al amor de Dios Padre.


1.2 Amor a la Santísima Virgen María

A) María es Madre de modo especial de todas las religiosas, por ser modelo perfecto de toda consagración, de toda pertenencia total a Dios. La vocación para nosotras es como una anunciación. Esto nos debe hacer concientes de la dignidad de nuestra vocación.

B) En las apariciones de la Virgen de Guadalupe se muestra este cariño especial de la Santísima Virgen y sus palabras nos deben de llenar de gran confianza “¿No estoy yo aquí que soy tu Madre. No estás bajo mi protección, el más pequeño de mis hijos?...”.

C) Consagración a María

Oh Señora mía oh Madre mía
Me ofrezco todo a vos
Y como prueba de mi afecto filial
Te consagro en este día
Mis ojos, mis oídos, mi lengua,
mi corazón, en una palabra todo lo que soy
Y pues pertenezco todo a vos
Madre de bondad
Consérvadme y defendedme
Como cosa y posesión vuestra. Amén.

D) María es un modelo de docilidad a la gracia, especialmete para las religiosas. Debemos evitar acostumbrarnos a las cosas santas y a estar tan cerca de Dios, pues estamos tan inmersas en lo sagrado que lo podemos perder de vista. Acojámos la gracia conscientes de que vivimos en el misterio y corremos el riesgo de no darnos cuenta.

E) La persona consagrada encuentra en María a una Madre especial. Las palabras dirigidas por Jesús desde el Calvario están especialmente dirigidas a los religiosos y a las religiosas representados en Juan, el discípulo que Jesús amaba. Esto nos debe de dar una enorme confianza en la Maternidad de María. María nos ayuda a entender y a descubrir esta maternidad espiritual.

F) Es importante desarrollar la maternidad espiritual: "En la vida de la mujer consagrada María es un ejemplo insustituible para llevar a todos los que Dios nos ha asignado cuidándolos con amor maternal, ayudándolos, especialmente a los más necesitados, a los abandonados, huérfanos, ancianos, a los niños, debemos tratarlos como a Cristo, como María trataba a Cristo” (Mulieris Dignitatem 21).

G) En nuestras comunidades debemos tener actividades para honrar a Nuestra Señora, como consagraciones a Ella, Rosarios, cantos marianos, una visita sabatina comunitaria, las oraciones de la noche dedicadas a María y la despedida de día en su presencia, aprovechar el mes de mayo para dedicarlo a Ella, etc.


1.3 Amor a la Iglesia

Santa Teresa de Jesús decía la final de su vida: “Muero. Estoy orgullosa de morir en la Iglesia Católica. La Iglesia como sacramento universal de salvación y esposa de Cristo. Mi vocación religiosa ha tenido significado en la Iglesia, por la Iglesia y a partir de la misión sobrenatural de la Iglesia...”

Debemos cultivar un amor tierno a la Iglesia. Este amor es propio de los cristianos en general y de los consagrados en particular, porque somos parte especial de la Iglesia, cada uno con su carisma que es un don de la Ilgesia al mundo.

La profesión de los consejos evangélicos, pertenece a la vida y a la santidad de la Iglesia y nuestra vocación es un don para la Iglesia. Además pensemos en todo el bien que las religiosas hacen por todo el mundo: hopitales, escuelas, dispensarios, misiones, vida familiar, vida contemplativa

A) Amor a la Iglesia implica un amor particular al Santo Padre, Vicario de Cristo. Este amor es práctico: obediencia filial, esfuerzo por poner sus indicaciones en práctica, no sólo sus órdenes y mandatos sino también sus deseos. Significa leer sus docmentos. Seguir de cerca sus viajes, sus audicencias, etc.

B) Amor filial al Obispo como jefe de la Iglesia local. Hacia Él debemos cultivar sentimientos de estima, apoyo, bondad, colaboración y obediencia filial.

C) Amor a la Iglesia significa participar en su misión apostólica: Cada uno de nosotros, por el bautismo, somos apóstoles, es decir, enviados, por el mismo Jesucristo, a predicar. Todos los bautizados, somos misioneros, y con los consejos evangélicos, esta misión se ha acentuado. "Simpre prontos para responder a quien nos pregunte sobre la esperanza que hay en nosotros” (I Pe 3,15).

D) Amor la Iglesia significa fidelidad a la Regla y a las propias Constituciones: Santa Catarina de Siena decía: “si sois fieles a vuestras reglas, inflamaréis de amor al mundo entero”.

E) Amor a la Iglesia significa conocer las alegrías y los sufrimientos de la Misma: En la Gaudium et spes podemos leer lo que se dice respecto a la vida de la Iglesia, conocer las actividades del Santo Padre... "Sentire cum Ecclesia" La Iglesia no es una cosa separada y ajena a mí, yo pertenezco a este cuerpo, por ello debo tener un sexto sentido para descubrir las cosas que dañan el corazón de la Iglesia.

Aquí podemos citar un párrafo de los escritos de Henri di Lubac.

“Para mí la gran aspiración de mi vida es ser un hombre eclesiástico, no hay otro medio para ser verdaderamente cristiano. Quien formula los votos no se debe contentar con ser sumiso y leal, o cumplir escrupulosamente todo lo que se requiere para ser un buen católico. Él ama la belleza de la casa de Dios, ésta es su patria espiritual, la Iglesia ha robado su corazón. Es su Madre y sus Hermanos. Nada de lo que le sucede lo deja indiferente. Él se aferra a la Iglesia, se adhiere a su experiencia y se siente rico con las riquezas de Ella. Tiene conciencia de participar por medio de Ella. En la Iglesia aprende a vivir y a morir. No la juzga sino que la deja juzgar. Acepta con gozo sacrificarlo todo por la unidad de la Iglesia” (Henri di Lubac, Meditación sobre la Iglesia).

La Iglesia ha robado su corazón, mi corazón es para la Iglesia y mi amor a Cristo se expresa en al amor a la Iglesia, su esposa. Yo soy la esposa de Cristo en su Iglesia y a través de la Iglesia. Nosotros damos la vida por la Iglesia que es nuestra patria espiritual en la universalidad de la Iglesia y de los institutos, todos somos una sola cosa con Cristo


1.4 Amor a las almas

Para una religiosa las almas deben constituir el gran motivo de donación y de sacrificio personal. El amor esponsal a Cristo encuentra aquí una expresión específica. Amar lo que Cristo ama más: las almas. “Yo por ellas me sacrifico”. Sólo Cristo lo puede decir plenamente y de forma análoga también nosotras, porque la vida de consagración tiene sentido sólo en la misión que Cristo mismo nos ha encomendado.

La bellísima imagen de Cristo como Buen Pastor reflejada en tantas obras de arte desde la antigüedad, nos da una idea de lo qué significa la parábola y del amor que Cristo tiene a las almas, al punto de arriesgar su vida por la oveja.

- Desde los primeros pasos en al vida consagrada debemos enseñar y promover en las religiosas el amor a las almas, a nosotras encomendadas.
- Por ello, es importante ofrecerles un trabajo apostólico desde los primeros años.
- Pero, también en la vida comunitaria, se puede desarrollar este celo apostólico a través de las oraciones, las actividades propias de la vida comunitaria, etc.
- De la contemplación de las verdades eternas es de donde brota el celo por las almas. “Contemplata aliis tradere”, decía Santo Tomás.


Vita Consecrata 75.

A Pedro que se encontraba todavía extasiado en la Transfiguración de Cristo, le es dirigida la invitación de dirigirse a los caminos del mundo para continuar sirviendo al Reino de Cristo, “Baja, Pedro, tú que deseabas reposar en la montaña, predica la palabra, insiste en toda ocasión oportuna e inoportuna, reprocha, exhorta, anima usando toda tu paciencia y tu capacidad de enseñar, trabaja y acepta todo sufrimiento con tal de hacer avanzar un centímetro el Reino de Cristo, enseña el candor y la belleza de la caridad simbolizada en las vestiduras del Señor Transfigurado”. Con la cara vuelta hacia el Crucificado debemos caminar y empeñarnos en ayudar a los hombres en el apostolado. La belleza de la vida divina nos debe empujar a llevarla y difundirla entre las almas, especialmente a las más necesitadas.

Un medio óptimo para desarrollar este amor por las almas es el de las buenas lecturas. Esto está claro en la vida de muchos santos que se han distinguido por su celo apostólico, como Santa Teresa, Santa Teresita, Edith Stein, San Agustín, San Ignacio de Loyola... las vidas de santos ayudan muchísimo.

Autor: Escuela de la Fe


Publicado por mario.web @ 22:17
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