Jueves, 03 de noviembre de 2011

Todo experimentamos grandes deseos de felicidad. En el fondo todos nuestros actos se encaminan a la búsqueda de la felicidad, nadie en su sano juicio actúa buscando el sufrimiento. La experiencia nos muestra que el problema se plantea cuando aquello en lo que depositamos nuestras esperanzas no nos satisface y, al contrario, nos crea más ansiedad.

Así ocurre con los bienes materiales. Cuando buscamos la felicidad en ellos, cosas materiales y dinero, solemos descubrir que lo que nos proporcionan no es la felicidad sino cierto bienestar o satisfacción pasajera. Algunos autores distinguen entre felicidad y alegría y reservan para la felicidad lo eterno y espiritual, dejando la alegría para nuestro tiempo.

Independientemente de consideraciones sobre la diferencia entre la felicidad y la alegría resulta interesante el planteamiento que hacía el profesor García-Hoz sobre las tres fuentes de la felicidad: el orden, el trabajo y la generosidad.

El orden como fuente de alegría

Obviamente se trata de hablar sobre el orden como virtud y no como manía; las manías son más bien una fuente de problemas y tensiones.

El orden nos ayuda a tener una mejor vida de familia. No me refiero sólo al orden en lo exterior sino también al de la cabeza y, muy importante, al orden en el corazón. Muchos problemas conyugales tienen su origen en lo que clásicamente se ha dado en llamar «una vida desordenada». Las infidelidades no suelen comenzar por asuntos grandes.

En la vida diaria el orden nos ayuda a distinguir y escoger lo que es importante, a no hacer lo que apetece en detrimento de lo que se debe. La lucha por ser ordenado nos debe llevar a hacer las tareas encomendadas y no dejarlas a medio acabar, también a no dejar las cosas sin recoger. Todo esto va unido al amor y el respeto por los demás miembros de la familia, y se hace extensivo a los compañeros de trabajo, clientes y sociedad en general.

La mejor manera de educar a los hijos en el orden es el ejemplo de lucha y superación de los padres. En la medida en que ven esa lucha personal por mejorar, ellos se animan también. Tampoco conviene olvidar la importancia de hablar de la alegría que produce la lucha por ser mejores.

Otros campos de lucha en el orden son la limpieza, la puntualidad. En resumen, detalles cotidianos que facilitan la convivencia, nos hacen mejores y nos ayudan a estar alegres.

 POR ANÍBAL CUEVAS

Gentileza de www.seraudaces.es
www.iglesia.org

Publicado por mario.web @ 19:11
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