Viernes, 04 de noviembre de 2011

Era una fiesta animada, como muchas de las fiestas juveniles de fines del siglo veinte: una fiesta con amigos, con musica rock, con abundancia de cerveza y con el espeso humo de cigarrillos. En la sala habia una mujer acostada, con una lata de cerveza en una mano y un cigarrillo en la otra.
 
Pero algo extraño estaba pasando, y tuvo que intervenir la policia de Arkansas, Estados Unidos. La mujer acostada en plena sala era la madre de Johnny Harrison, el organizador de la fiesta. Y lo mas chocante y hasta macabro es que estaba muerta, dentro de un ataúd. Al hijo de la mujer lo acusaron de profanación de cadáver y lo multaron con cinco mil dolares.
 
En su defensa, Johnny Harrison alegó que su madre le había pedido que, cuando ella muriera, la despidieran con una fiesta. Pero dificilmente se habria imaginado ella que su despedida llegara al colmo de convertirse en orgia.
 
No hay duda de que estamos viviendo en tiempos en que ocurren cosas muy extrañas. El caso de Johnny Harrison obedece a ese fenómeno que, aunque no se ve todos los dias, manifiesta de un modo patente el menosprecio y el desden hacia los valores morales y espirituales. Ese desprecio, tarde o temprano, ha de llevarnos a la ruina. Pues asi como la civilización comenzó cuando el hombre cavó la primera sepultura, en señal de respeto por sus muertos, terminará cuando deje de honrar a sus difuntos, en señal de haber cavado su última sepultura: la de su conciencia.
 
¿A que se debe esa falta de respeto y aprecio por los valores morales que alguna vez tuvimos por sagrados? En definitiva, no se debe a que hayamos llegado a un punto superior de evolución, sino precisamente a lo contrario. Hemos perdido el pudor, la vergüenza, la dignidad y el respeto a todo lo que antes venerabamos porque hemos confundido la libertad con el libertinaje a tal grado que algun dia las generaciones futuras dirán de nosotros lo que se decia de quienes vivian en la época de los jueces biblicos: que cada uno hacia lo que le daba la gana.

Pues hemos tomado nuestras libertades fundamentales -la libertad de pensamiento, la libertad de conciencia y la libertad de expresión- y las hemos llevado al extremo de convertirlas en licencia para practicar la inmoralidad, la deshonestidad, la lujuria, la lascivia, la perversidad, la bestialidad, la obscenidad y la profanidad. Si no es asi, ¿como se explica que la pornografía se haya convertido en la
actividad mas lucrativa del mundo actual?
 
Con todo, no es demasiado tarde para recuperar esos valores perdidos. Solo tenemos que volver sobre nuestros primeros pasos y acudir a Dios, en reconocimiento del valor de sus leyes morales y espirituales, y que pedirle, como el salmista, que nos de entendimiento para seguir esas leyes y cumplirlas de todo corazon.


Publicado por mario.web @ 22:44
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