Martes, 06 de diciembre de 2011


2011-12-05




Evangelio

Del santo Evangelio según san Lucas 5, 17-26

Un día Jesús estaba enseñando y estaban también sentados ahí algunos fariseos y doctores de la ley, venidos de todas las aldeas de Galilea, de Judea y de Jerusalén. El poder del Señor estaba con Él para que hiciera curaciones.


Llegaron unos hombres que traían en una camilla a un paralítico y trataban de entrar, para colocarlo delante de Él; pero como no encontraban por dónde meterlo a causa de la muchedumbre, subieron al techo y por entre las tejas lo descolgaron en la camilla y se lo pusieron delante a Jesús. Cuando Él vio la fe de aquellos hombres, dijo al paralítico: «Amigo mío, se te perdonan tus pecados».


Entonces los escribas y fariseos comenzaron a pensar: «¿Quién es este individuo que así blasfema? ¿Quién, sino sólo Dios, puede perdonar los pecados?». Jesús, conociendo sus pensamientos, les replicó: «¿Qué están pensando? ¿Qué es más fácil decir: “Se te perdonan tus pecados” o “Levántate y anda”? Pues para que vean que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados –dijo entonces al paralítico–: Yo te lo mando: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa».


El paralítico se levantó inmediatamente, en presencia de todos, tomó la camilla donde había estado tendido y se fue a su casa glorificando a Dios. Todos quedaron atónitos y daban gloria a Dios, y llenos de temor, decían: «Hoy hemos visto maravillas». Palabra del Señor.

Oración introductoria

Señor, qué gran fe tenían esos hombres del Evangelio que supieron encontrar los medios para tener un encuentro contigo. ¡Dame una fe así de grande! Ilumina, guía mi oración para que sea el medio para creer, esperar y crecer en el amor.

Petición

Jesucristo, acrecienta mi fe en Ti para que no haya obstáculo que me impida crecer en el amor.

Meditación
La curación fundamental se da en el encuentro con Cristo 

«Tenemos ante nosotros la multitud de las personas que sufren: los hambrientos y los sedientos, las víctimas de la violencia en todos los continentes, los enfermos con todos sus dolores, sus esperanzas y desalientos, los perseguidos y los oprimidos, las personas con el corazón desgarrado. […] El curar es un encargo primordial que Jesús ha confiado a la Iglesia, según el ejemplo que Él mismo nos ha dado, al ir por los caminos sanando a los enfermos. Cierto, la tarea principal de la Iglesia es el anuncio del Reino de Dios. Pero precisamente este mismo anuncio debe ser un proceso de curación: "…para curar los corazones desgarrados", nos dice hoy la primera lectura del profeta Isaías. El anuncio del Reino de Dios, de la infinita bondad de Dios, debe suscitar ante todo esto: curar el corazón herido de los hombres. El hombre por su misma esencia es un ser en relación. Pero, si se trastorna la relación fundamental, la relación con Dios, también se trastorna todo lo demás. Si se deteriora nuestra relación con Dios, si la orientación fundamental de nuestro ser está equivocada, tampoco podemos curarnos de verdad ni en el cuerpo ni en el alma. Por eso, la primera y fundamental curación sucede en el encuentro con Cristo que nos reconcilia con Dios y sana nuestro corazón desgarrado» (Benedicto XVI,  21 de abril de 2011).

Reflexión apostólica

«Dar a conocer a Jesucristo es hacerse portadores del mensaje central del Evangelio: el amor; un amor recibido, experimentado y valorado como prenda de salvación en esta vida y en la eternidad, y que es a la vez impulso para fomentar la solidaridad con todos, especialmente los más necesitados» (Manual del miembro del Movimiento Regnum Christi, n. 74).

Propósito

Ponerme al lado de los que sufren, pidiendo a Dios que pueda ser un testigo de su bondad.

Diálogo con Cristo 

Gracias, Señor, por este rato de oración. Gracias por recordarme que tengo que vencer el respeto humano y que nunca debo ser conformista ni desalentarme ante las dificultades. Aumenta mi fe para tener la fuerza de ser distinto al modelo de confort que ofrece el mundo. Quiero dar sentido a mi vida, transformarme para ser un auténtico discípulo y misionero de tu amor.

«Cristo no los quiere espectadores pasivos, sino constructores activos e infatigables»

(Cristo al centro, n. 1892). 


Publicado por mario.web @ 21:34
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