Martes, 06 de diciembre de 2011


2011-12-09




Evangelio

Del santo Evangelio según san Mateo 11, 16-19

En aquel tiempo, Jesús dijo: «¿Con qué podré comparar a esta gente? Es semejante a los niños que se sientan en las plazas y se vuelven a sus compañeros para gritarles: “Tocamos la flauta y no han bailado; cantamos canciones tristes y no han llorado”.


Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dijeron: “Tiene un demonio”. Viene el Hijo del hombre, y dicen: “Ese es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y gente de mal vivir”. Pero la sabiduría de Dios se justifica a sí misma por sus obras». Palabra del Señor.

Oración introductoria

Señor, quiero iniciar esta meditación pidiéndote perdón con humildad por mis faltas y omisiones al no saber descubrir lo bueno que hay en los demás. Ilumina mi oración para que ésta me lleve a crecer en el amor a los demás.

Petición

Jesucristo, dame un corazón auténticamente bondadoso para crecer en una de las expresiones más auténticas de la caridad: la benedicencia, que es el amar a los demás por medio de la palabra.

Meditación
Ser pequeños para ser sabios

«Y está el otro modo de usar la razón, de ser sabios: el del hombre que reconoce quién es; reconoce su medida y la grandeza de Dios, abriéndose con humildad a la novedad de la acción de Dios. Así, precisamente aceptando su propia pequeñez, haciéndose pequeño como es realmente, llega a la verdad. De este modo, también la razón puede expresar todas sus posibilidades, no se apaga, sino que se ensancha, se hace más grande. Se trata de otra sofìa y sìnesis, que no excluye del misterio, sino que es comunión con el Señor en el que descansan sabiduría y conocimiento íntimo, y su verdad. 


En este momento pidamos al Señor que nos conceda la verdadera humildad; que nos dé la gracia de ser pequeños para poder ser realmente sabios; que nos ilumine; que nos haga ver su misterio de la alegría del Espíritu Santo; y que nos ayude a ser verdaderos teólogos, que pueden anunciar su misterio porque han sido tocados en la profundidad de su corazón, de su existencia. Amén» (Benedicto XVI, 1 de diciembre de 2009).

Reflexión apostólica

«La calumnia constituye un pecado especialmente grave contra la caridad y contra el prójimo, pues daña con gravedad su buen nombre y es radicalmente contraria al espíritu de Cristo y su Evangelio. Igualmente la difamación también es un pecado que ha de rechazarse y evitarse por todos los medios, pues, aunque se trate de cosas o hechos negativos verdaderos, también tiene la triste consecuencia de herir gravemente la fama de las personas o las instituciones» (Manual del miembro del Movimiento Regnum Christi, n. 95).

Propósito

Siempre, antes de iniciar mi oración, pedir humildemente la luz del Espíritu Santo.

Diálogo con Cristo 

Cristo, del amor por Ti puede nacer esa bondad en mi corazón que me lleve a ver lo bueno de todo y de todos. Quiero pensar y hablar siempre bien para construir y edificar en el amor. Que nunca agregue a mis comentarios algo que no sea verdad y que busque comentar siempre lo positivo que hay en los otros. Que nunca permita en mis conversaciones la crítica o la murmuración. Con tu gracia, Señor, lo puedo lograr.

«Si la maledicencia es el vicio de hablar mal de los demás, la benedicencia es la virtud de hablar bien del prójimo»

(Cristo al centro, n. 220). 


Publicado por mario.web @ 21:36
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