Martes, 06 de diciembre de 2011


2011-12-10




Evangelio

Del santo Evangelio según san Mateo 17, 10-13

En aquel tiempo, los discípulos le preguntaron a Jesús: «¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?».


Él les respondió: “Ciertamente Elías ha de venir y lo pondrá todo en orden. Es más, Yo les aseguro a ustedes que Elías ha venido ya, pero no lo reconocieron e hicieron con él cuanto les vino en gana. Del mismo modo, el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos».


Entonces entendieron los discípulos que les hablaba de Juan el Bautista. Palabra del Señor.

Oración introductoria

Querido Jesús, mi Dios y Señor, abre mi corazón a tu infinito amor. Quiero escucharte y responder a las inspiraciones que quieras darme en esta meditación. Creo en Ti, espero porque confío en tu Palabra y te amo porque sólo Tú das sentido a mi vida.

Petición

Jesús, que sepa reconocerte en esta Navidad, Tú eres la verdadera y profunda alegría de mi corazón.

Meditación 
Saber reconocer a Dios

«En la historia religiosa del antiguo Israel, tuvieron gran relevancia los profetas con sus enseñanzas y su predicación. Entre ellos surge la figura de Elías, suscitado por Dios para llevar al pueblo a la conversión. Su nombre significa “el Señor es mi Dios” y de acuerdo con este nombre se desarrolla toda su vida, consagrada totalmente a provocar en el pueblo el reconocimiento del Señor como único Dios. De Elías el Eclesiástico dice “Después surgió como un fuego el profeta Elías, su palabra quemaba como una antorcha”. Con esta llama Israel vuelve a encontrar su camino hacia Dios. En su ministerio, Elías reza: invoca al Señor para que devuelva a la vida al hijo de una viuda que le había hospedado, grita a Dios su cansancio y su angustia mientras huye por el desierto, buscado a muerte por la reina Jezabel, pero es sobre todo en el monte Carmelo donde se muestra todo su poder de intercesor, cuando ante todo Israel, reza al Señor para que se manifieste y convierta el corazón del pueblo» (Benedicto XVI, 15 de junio de 2011).

Reflexión apostólica

«Como en todas las familias, el egoísmo y el individualismo son los enemigos de la unidad y caridad. El individualismo es una tendencia muy enraizada en el ser humano, que le lleva a querer ser él mismo quien, por sus propias fuerzas, satisfaga sus deseos y alcance sus propios objetivos al margen o en abierta oposición al bien de los demás. En contraste, san Pablo presenta a Jesucristo como aquel que no buscó su propio bien, sino que se desprendió de sus prerrogativas divinas y se dio a sí mismo por todos los hombres» (Manual del miembro del Movimiento Regnum Christi, n. 96).

Propósito

Darme el tiempo para hacer una visita al Santísimo Sacramento.

Diálogo con Cristo

Jesús, gracias por mostrarme, con hechos, que no hay mayor alegría que la de vivir agradando a Dios por medio del servicio a los demás. Ésa es la alegría que el mundo y las cosas materiales no pueden dar. Ayúdame a cumplir generosamente, aunque me cueste, con la voluntad de Dios, al dominar mi egoísmo y sensualidad para darle paso al auténtico amor a los demás, por amor a Ti.

«La historia y la mentalidad moderna nos han acostumbrado a clasificar a los hombres en buenos y malvados, listos y tontos, ricos y pobres; pero hay una división más básica y más en consonancia con lo que es el hombre: generosos y egoístas, batalladores y sensuales»

(Cristo al centro, n. 1307).


Publicado por mario.web @ 21:37
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