Martes, 13 de diciembre de 2011
El ascetismo y los medios electrónicos
El ascetismo y los medios electrónicos

Tecnofilia y tecnofobia en la perspectiva de una filosofía cristiana

La tecnología conforma nuestro entorno humano. Es nuestro medio ambiente. En cuanto medio ambiente escapa a nuestra percepción, y debemos deliberadamente dirigir nuestra atención hacia ella para poder ver de qué manera nos afecta.


La tecnofobia es la actitud de quien desea el regreso a un estado mítico anterior a la tecnología, el regreso a un estado natural. La tecnofilia es la actitud de quien ve en el progreso técnico y científico la única esperanza para la futura felicidad de la humanidad.

El tecnófobo es a menudo llamado Ludita (Luddite), en alusión a la revuelta de trabajadores textiles en Inglaterra que destruyeron las maquinarias de las fábricas textiles que estaban haciendo obsoleto su trabajo (1).

El tecnófilo es a menudo el tecnócrata, alguien que cree que la industria y el gobierno deberían invertir fuertemente en soluciones técnicas a problemas humanos. En particular en el campo de la educación, el tecnófilo exige que el hombre aprenda a adecuarse a las exigencias de la nueva tecnología.

La tecnología en general y los medios de comunicación electrónica (incluyendo todos los tipos de tecnología de la información) representan grandes bienes, pero, como cualquier bien, pueden ser ocasión de grandes males. Es necesario reconocer los efectos de los medios en nosotros como individuos así como también en la sociedad. Como cualquier otro objeto que ofrece grandes atracciones, es necesario desarrollar un ascetismo que nos preserve del abuso de la tecnología.



Naturaleza y espíritu
Es imposible el regreso a un estado de naturaleza pura, porque, como nos enseña Aristóteles, el hombre se distingue de los otros animales en que vive por medio del arte y el razonamiento (2). Nuestro uso humano de la tecnología es, en efecto, un signo de que somos más que simples animales.

La tecnología en tanto habilidad humana puesta en obra nos remite al espíritu del hombre. El hombre transforma el mundo material, elevándolo por medio de su espíritu. La transformación de la materia en trabajo humano tiene su inicio en el espíritu humano. Empieza en el entendimiento humano, al concebir el plan y la finalidad del trabajo de transformación del mundo material.

El hombre, en tanto posee un entendimiento, es un espíritu. El hombre es el animal más elevado y el espíritu más inferior, la única creatura en la frontera entre los dos mundos de la materia y del espíritu (3).

El hombre constituye un punto de intersección entre el orden material y el espiritual y por ello tiene las capacidades y las potencias tanto de las cosas en el orden material como de los seres en el orden espiritual. Así pues, hay en el hombre una notable diversidad de potencias, mayor que la de los animales o la de los ángeles (4).

Si por naturaleza entendemos el orden meramente material, el orden de las cosas que actúan sin entendimiento o voluntad, entonces el hombre no puede retornar a un estado de naturaleza pura porque jamás se ha encontrado en tal estado. Juan Jacobo Rousseau influyó en la difusión de la idea del "buen salvaje", como si pudiese existir un hombre en una condición en la que no fuese necesario formar sociedades organizadas, o en la que el hombre no se valiese de herramientas fabricadas por sí mismo para transformar y explotar el mundo natural.

La masacre de inmensas poblaciones en Camboya en el "Año Cero" del Khmer Rouge es quizás el mejor ejemplo del razonamiento de Rousseau llevado a su lógica conclusión (5). El Khmer Rouge creía que la cultura y la civilización occidental corrompieron al hombre, y que sólo se podría alcanzar una sociedad feliz borrando todos los efectos de la civilización.

Por otro lado, no nos es posible ir más allá de la naturaleza. El hombre no es un espíritu puro. El espíritu que es el hombre es un espíritu que obra por medio del cuerpo.

El espíritu es lo que da forma al cuerpo humano y le da vida. El libro del Génesis nos enseña que el hombre y la mujer fueron creados a imagen y semejanza de Dios. La imagen de Dios en el hombre se encuentra ante todo en su entendimiento, que es lo que específicamente lo distingue de los otros animales, y que es la cualidad que lo hace miembro del mundo espiritual (6).

En este sentido, los ángeles son imágenes de Dios en mayor grado que el hombre, pues sus entendimientos no son estorbados por la posesión de un cuerpo. En otro sentido, la posición del hombre en el mundo material le permite compartir y representar la actividad creadora de Dios de una manera inaccesible a los ángeles.

La reproducción humana, que un ser humano pueda ser la causa de otro ser humano (junto con Dios), es un reflejo de la procesión de las Personas en la Santísima Trinidad. El dominio del alma sobre el cuerpo, ya que el alma está en cada una de las partes del cuerpo, es un reflejo del dominio de Dios sobre el mundo natural (7).

El trabajo humano, por medio del cual transforma el mundo material, es también una participación en la obra creadora de Dios (8). Todo trabajo humano empieza con una idea en el entendimiento humano, la existencia de una forma según el modo de la causalidad ejemplar, y luego esta idea irrumpe en actividad, y el hombre da a la forma una existencia actual en el mundo material.

Así, el trabajo humano transforma el mundo material, y en cierto sentido también lo espiritualiza. Las formas introducidas en la materia por obra de las manos del hombre se inician en el campo espiritual, pues se inician en el entendimiento humano. La peculiar relación del hombre con el mundo material en cuanto espíritu corpóreo lo hace imagen de Dios en un modo que los ángeles no lo son.


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Notas

1. Los luditas recibieron ese nombre por el legendario personaje Ned Ludd, conocido como el Rey Ludd. Ya sea que el Rey Ludd haya existido o no, los luditas, hábiles trabajadores textiles ingleses que perdieron su empleo debido a la difusión de la maquinaria, destruyeron las máquinas, a las que culpaban de su miseria. Las revueltas, llevadas a cabo entre 1811 y 1816, terminaron cuando fueron reprimidos por la fuerza y regresó la prosperidad.

2. Ver Aristóteles, Metafísica, I, i. 980b 25-30.

3. Ver Santo Tomás de Aquino, Summa contra gentiles, II, 68: Inde est quot anima intellectualis dicitur esse quasi quidam horizons et confinium corporeorum et incorporeorum, inquantum est substantia incorporea, corporis tamen forma.

4. Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, I, q. 77, a. 2, c.: Est et alia ratio quare anima humana abundat diversitate potentiarum: videlicet quia est in confinio spiritualium et corporalium creaturarum, et ideo concurrunt in ipsa virtutes utrarumque creaturarum.

5. Ver François Ponchaud, Cambodia: Year Zero, Holt, Rinehart and Winston, Nueva York 1978.

6. Ver Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, q. 93, a. 2.

7. Ver Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, q. 93, a. 3, c.

8. Ver S.S. Juan Pablo II, Laborem exercens, 25.




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Autor: Hugh McDonald | Fuente: VE-MULTIMEDIOS


Publicado por mario.web @ 11:46
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