Viernes, 16 de diciembre de 2011

Jueves de la III Semana de Adviento


Libro de Isaías 54,1-10.

¡Grita de alegría, estéril, tú que no has dado a luz; prorrumpe en gritos de alegría, aclama, tú que no has conocido los dolores del parto! Porque los hijos de la mujer desamparada, son más numerosos que los de la desposada, dice el Señor.
¡Ensancha el espacio de tu carpa, despliega tus lonas sin mezquinar, alarga tus cuerdas, afirma tus estacas!
Porque te expandirás a derecha y a izquierda, tu descendencia poseerá naciones enteras y poblará ciudades desoladas.
No temas, porque no te avergonzarás: no te sonrojes, porque no serás confundida: olvidarás la ignominia de tu adolescencia y no te acordarás del oprobio de tu viudez.
Porque tu esposo es aquel que te hizo: su nombre es Señor de los ejércitos; tu redentor es el Santo de Israel: él se llama "Dios de toda la tierra".
Sí, como a una esposa abandonada y afligida te ha llamado el Señor: "¿Acaso se puede despreciar a la esposa de la juventud?". dice el Señor.
Por un breve instante te dejé abandonada, pero con gran ternura te uniré conmigo;
en un arrebato de indignación, te oculté mi rostro por un instante, pero me compadecí de ti con amor eterno, dice tu redentor, el Señor.
Me sucederá como en los días de Noé, cuando juré que las aguas de Noé ni inundarían de nuevo la tierra: así he jurado no irritarme más contra ti ni amenazarte nunca más.
Aunque se aparten las montañas y vacilen las colinas, mi amor no se apartará de ti, mi alianza de paz no vacilará, dice el Señor, que se compadeció de ti.


Salmo 30(29),2.4.5-6.11-12a.13b.

Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí.
Tú, Señor, me levantaste del Abismo y me hiciste revivir, cuando estaba entre los que bajan al sepulcro.
Canten al Señor, sus fieles; den gracias a su santo Nombre,
porque su enojo dura un instante, y su bondad, toda la vida: si por la noche se derraman lágrimas, por la mañana renace la alegría.

Escucha, Señor, ten piedad de mí; ven a ayudarme, Señor".
Tú convertiste mi lamento en júbilo, me quitaste el luto y me vestiste de fiesta,
para que mi corazón te cante sin cesar. ¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente!



Evangelio según San Lucas 7,24-30.

Cuando los enviados de Juan partieron, Jesús comenzó a hablar de él a la multitud, diciendo: "¿Qué salieron a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento?
¿Qué salieron a ver? ¿Un hombre vestido con refinamiento? Los que llevan suntuosas vestiduras y viven en la opulencia, están en los palacios de los reyes.
¿Qué salieron a ver entonces? ¿Un profeta? Les aseguro que sí, y más que un profeta.
El es aquel de quien está escrito: Yo envío a mi mensajero delante de ti para prepararte el camino.
Les aseguro que no hay ningún hombre más grande que Juan, y sin embargo, el más pequeño en el Reino de Dios es más grande que él.
Todo el pueblo que lo escuchaba, incluso los publicanos, reconocieron la justicia de Dios, recibiendo el bautismo de Juan.
Pero los fariseos y los doctores de la Ley, al no hacerse bautizar por él, frustraron el designio de Dios para con ellos.



Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.



Leer el comentario del Evangelio por :

San Efrén (v. 306-373), diácono en Siria, doctor de la Iglesia
Comentario al Diatessaron, 9, 7-13; SC 121

"Y, sin embargo el más pequeño en el reino de Dios, es el más grande"

        «Entre los hombres, ninguno es mayor que Juan". Si todos los santos, justos, fuertes y sabios se reunieron y habitaron en un sólo hombre, ellos no podrán nunca igualar a Juan el Bautista..., entonces, dijo que Jesús, era mucho más que los hombres y que pertenecía a la categoría de los ángeles (Mc 1,2 grec; Ml 3,1 hebr).
        "Pero el más pequeño en el reino de los cielos es el más grande»... Por lo que dijo de la grandeza de Juan, el Señor quiso anunciar la abundante misericordia de Dios y su generosidad para con sus elegidos. Si grande y famoso es Juan, es menos de lo que será el más pequeño del Reino, como dijo el apóstol Pablo: "Nuestro conocimiento es limitado... Cuando llegue lo pleno, lo que es parcial, desaparecerá"(1 Cor 13,9-10). Juan es grande, el que dijo con presentimiento: "He aquí el Cordero de Dios" (Jn 1,29), pero esta grandeza, en comparación con la gloria que será revelada a los que sean hallados dignos, no es más que un pequeño gusto anticipado. En otras palabras, todas las cosas grandes y admirables de aquí abajo, en comparación con las bienaventuranzas del más allá, aparecen en su pequeñez y su nada...
        Juan ha sido hallado digno de los grandes dones de este mundo: la profecía, el sacerdocio (cf. Lc 1Avergonzado y la Justicia... Juan es mayor que Moisés y los profetas, pero la ley antigua necesita del Nuevo Testamento puesto que, el que es el mayor de los profetas, dijo al Señor: "Yo necesito ser bautizado por ti" (Mt 3, 14). Juan es también grande porque su concepción fue anunciada por un ángel, porque su nacimiento estuvo rodeado de milagros, porque él anunció a Aquel que da la vida, porque bautizó para la remisión de los pecados. .. Moisés condujo al pueblo al Jordán y la ley ha conducido a la humanidad hasta el bautismo de Juan. Pero "si ningún hombre es mayor que Juan", el precursor del Señor, ¿cuánto mayor serán aquellos a los que nuestro Señor lavó los pies, y sopló su Espíritu? (Jn 13,4, 20,22).


Publicado por mario.web @ 1:06
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