Martes, 20 de diciembre de 2011

El Rosario es fruto de una larga evolución. Sus antecedentes se
remontan a épocas muy antiguas. En las sinagogas judías, años antes de
la venida de Cristo el pueblo tenía la costumbre de recitar los 150
salmos a modo de alabanza a Dios. Esto fue heredado por los monjes que
formaron las primeras comunidades durante los primeros siglos de
cristianismo. Monjes muy fervorosos se dedicaron a la repetición de
los salmos en su oración en silencio o durante las actividades de su
día. Sin embargo, muchos no sabían leer, así que sólo recitaban
ciertos pasajes del cada salmo que recordaban o también decían los
buenos pensamientos que él les inspiraba. Luego rezaban el Padre
Nuestro.


Para ir contando sus oraciones los religiosos se ayudaban de con
ciento cincuenta piedrecillas que guardaban en una bolsa de cuero.
Tomaban una, recitaban el salmo y la arrojaban. Pero esto no era
práctico porque al final del rezo tenían que recogerlas y muchas se
les perdían. No obstante, le dieron una hábil solución.

Los monjes tomaron un cordón al cual le hicieron 150 nudos. Se lo
ataban a la cintura y así podían rezar con más facilidad. Allí se
iniciaría este método de rezar con cuentas, que devengaría más
adelante en el Rosario. Todo esto ocurrió durante el tiempo
patrístico.


Tiempo después, particularmente a partir del siglo IX, se empezó a
volver más común entre los laicos la costumbre de rezar 150 Padre
Nuestros en vez de los 150 salmos. La forma de rezar con cuentas se
extendía sobretodo por Europa, promovida por los monjes benedictinos
de Cluny.


Por ese mismo tiempo, el rezo del avemaría se hacía cada vez más
popular. Tal fue su impacto entre los creyentes, que terminó
insertándose en la oración. En el siglo XII se empezaron a rezar 50 ó
150 avemarías intercaladas por 5 ó 15 padrenuestros.

El conjunto de 150 avemarías fue llamado el "Salterio de la
Bienaventurada Virgen María". A mediados del s. XV uno de los hermanos
de San Bruno lo llamó "Rosario".


Cuando se cambió el rezo de los Salmos por los padrenuestros, las
lecturas bíblicas no se dejaron de lado.


Los religiosos decidieron acompañar sus oraciones inspirados por la
Biblia. Los textos escogidos con ese fin fueron extraídos del
evangelio. Santo Domingo de Guzmán utilizó este método de meditación
de textos bíblicos con el rezo de los Aves para la evangelización y
catequesis con mucha eficacia. Así fue que por los esfuerzos de los
Dominicos y de los monjes Cartujos que durante el Siglo XV la
comunidad cristiana llegó a a rezar el Rosario más o menos según su
forma actual. Jacobo Sprenger, dominico, distribuyó estos episodios y
los llamó misterios. Existían tres tipos: gozosos, dolorosos y
gloriosos. Esta división fue confirmada y su forma de oración fue
detallada por el papa Pío V en su bula "Consueverunt" (17 de
septiembre de 1569). El Rosario prevaleció de esa manera por mucho
tiempo.


Santo Domingo, junto con la orden que fundara (Los Dominicos), tomaron
el rosario con mucha devoción y eficacia, y contribuyeron enormemente
en su difusión. Lo utilizan mucho, hasta hoy, durante sus misiones y
han realizado grandes aportes para una mejor meditación con su
práctica.


A lo largo de la historia, el Rosario siempre ha acompañado a la
Iglesia, nutriéndola vivamente con profundas meditaciones y
permitiendo a los que lo rezan un camino a la santidad, como dijo el
Siervo de Dios Juan Pablo II, "Contemplando el rostro de Cristo con
María" Desde allí la Iglesia asume la misión evangelizadora.

El último cambio trascendente en este siglo sucedió en el año 2002. El
muy querido y a la vez, gran devoto del rosario, precisamente, el papa
Juan Pablo II, publicó la "Carta Apostólica el Rosario de la Virgen
María". En ella, aportó un complemento que ayuda más aún a la
reflexión en torno a Jesús: los misterios luminosos.


Publicado por mario.web @ 19:59
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