martes, 20 de diciembre de 2011

   La doctrina de San Pablo lo anuncia con casi las mismas palabras.
"Os exhorto, preso por el Señor, a que viváis de una manera digna de
la vocación a la que habéis sido llamados... [pues hay] un sólo Cuerpo
y un sólo Espíritu... un sólo Señor, una sola fe, un sólo bautismo, y
un sólo Dios y Padre de Todos" (Efesios 4, 5-6). Adviértase que Pablo
identifica Iglesia y Cuerpo de Cristo (1 Corintios 12, 27; Colosenses
1, 24).

   A algunas de estas verdades podemos acceder por dos caminos: por
la fe y por la razón; a otras, sólo por la fe. Entiendo aquí por fe lo
que nos enseña la Iglesia que ha sido revelado por Dios y por tanto,
digno de creer. Y al hablar de razón, me refiero al acto del
entendimiento que, libre de prejuicios, y por discurso deductivo-
reflexivo, llega a propuestas objetivas, totalmente aceptables.

   Pues bien, tanto la fe como la razón nos enseñan de consuno que no
puede haber mas que un sólo Señor-Dios, una sola fe verdadera que le
plazca, y una sola Iglesia encargada por su fundador, Jesús, de
ofrecerla, practicarla y defenderla.

   Un sólo Dios y Señor

   Una primera división en el estudio de las religiones es que unas
son monoteístas y otros, politeístas. El monoteísmo cree en un sólo
Dios, a quien exclusivamente ahora, predica y sirve. Lo identifica con
el Creador de cielos y tierra y de cuanto en ellos hay; mientras que
el politeísmo reconoce y adora a multitud de divinidades, de cuya
catalogación, características y poderes se han encargado, a través de
la historia, hombres fantasiosos y por su cuenta y riesgo.

   Religiones monoteístas, bien que no odénticas, sólo hay tres: el
judaísmo, el cristianismo y el islamismo. Ejemplo actual del
politeísmo más complejo, por el número de sus divinidades, es el
hinduismo que adora, incluso, a divinidades femeninas. Estas
divinidades no son trascendentales, sino "figuras de oro y plata, que
tienen ojos, pero no ven; oídos, pero no oyen; pies, pero no andan
(Salmo 135, 15). Y resulta extraño que, ya empezado el Siglo XXI,
continúe habiendo tantos millones de personas que saben leer y crean
el el politeísmo. Dentro de éste, forman grupo aparte las religiones
animistas, numerosas en el Africa negra.

   Los fieles de las religiones monoteístas llegamos a la conclusión
de que no hay -ni puede haber- mas que un sólo Señor-Dios, no sólo
porque así lo enseña la fe (1 Corintios, 8, 4: 8, 6), sino porque así
lo dicta la recta razón. La misma definición de Dios: el Ser Supremo,
creador del universo, que lo conserva y rige con su Providencia,
excluye la posibilidad de cualquier otra divinidad. Y ese Señor-Dios
no es una idea, sino una realidad viva y poderosa, una Persona. Que
esa Persona tiene que existir, lo prueba el hecho de la creación. Si
una silla exige un sillero; un mueble, un artesano carpintero; una
casa, un arquitecto y hábiles albañiles, mucho más exige un Creador, a
quien llamamos Dios, las estrellas, el mar y todos los seres
vivientes.

   Se necesita tener poca inteligencia y/o mala voluntad para no ver
en los seres vivientes más desarrollados -sobre todo en el hombre
inteligente- la mano sabia y poderosa del Dios creador. San Pablo se
lo reprochaba a los paganos romanos con estas palabras: "Porque lo
invisible de Dios se deja ver desde la creación del mundo a la
inteligencia a través de sus obras, su poder eterno y su divinidad, de
forma que son inexcusables..." (Romanos 1, 20). Más que ignorancia de
tan fundamental verdad, uno está tentado a pensar que se niega la
existencia de Dios bueno, pero justo, porque no le interesa al hombre
malvado o simplemente vicioso el que exista.

   Un sólo Señor

   A diferencia de los judíos e islamistas, a quienes resulta
repulsiva la idea trinitaria en Yahvéh o Alá, los cristianos, mejores
conocedores de la Biblia, creemos, adoramos y servimos a Dios Padre, a
Dios Hijo y a Dios Espíritu Santo, que no son tres dioses, sino una
sola Divinidad; tres Personas de una sola y misma naturaleza y, por
ende, las tres tienen el mismo y único atributo divino. ¿Cómo sabemos
esto?

   Más que "saberlo", lo creemos, pues así nos lo enseñó el Verbo
eterno, enviado por el Padre (Hebreos 1, 1), a quien, nacido de María
Virgen, en el tiempo, llamamos Jesús de Nazaret. El mencionó docenas
de veces a Dios, a quien llamaba con sumo afecto "Padre"; y El
atribuyó acciones divinas al Espíritu Santo (Evangelios).

   Por su sabiduría sin igual; por su vida santa e intachable (Juan
8, 46); por sus innumerables a inigualables milagros (Juan 14, 11), y,
especialmente, por su resurrección gloriosa, predicha con mucha
antelación (Mateo 12, 39-40), Jesús probó que era Dios, enviado por el
Padre para redimirnos y enseñarnos el camino de la salvación (Juan 8,
12; 14, 16). El merece todo nuestro crédito.

   Una sola Iglesia, una sola fe

   Pues bien; ese Jesús, Dios y hombre verdadero, que, al subir al
cielo, sólo dejó unos pocos seguidores, encomendó a los que Él mismo
había escogido (los apóstoles) que continuaran su obra haciendo
discípulos en todas las naciones (Mateo 28, 19; Hechos 1, 8). Y, muy
naturalmente, escogió a dedo al jefe de la misión, Simón Pedro, a
quien le dijo: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi
Iglesia... A ti daré las llaves del Reino de los cielos..." (Mateo 16,
18). Note, querido lector, que Jesús no habla de "iglesias", en
plural, sino en singular "mi" Iglesia. Es una locura pensar que
Cristo, en su sabiduría infinita, pensara en muchas iglesias; lo
sabemos por lógica y por sus mismas palabras, pues nos dice San Juan
que Jesús espera que haya un sólo pastor y un sólo rebaño (Juan 10,
16).

   Esa Iglesia, unida en el amor, presentaría, predicaría la misma fe
en todas partes, tendría un sólo culto y un solo pastor. Pensar que
Dios pueda aceptar como buenas tantas iglesias que enseñan cosas
dispares y contradictorias es una verdadera locura. Actuando bajo la
guía del Espíritu Santo, y fundándose en que "Cristo es el mismo ayer,
hoy y siempre" (Hebreos 13, 8), la Iglesia católica ha enseñado
siempre la misma doctrina, no ha tenido mas que un sólo culto, y ha
obedecido a un solo Pastor, mientras "otros se han dejado seducir por
doctrinas varias y extrañas" (v 9).

   Lejos de mí afirmar o pensar que no hay gente buena, totalmente
enamoradas de Dios en las otras iglesias; lo que niego con rotundidad
es que esas sectas o iglesias de puro corte humano y económico como
entidades, sean aceptables a Dios. Dios se contradeciría -pensarlo
sería ya un gran pecado', pues Cristo les dijo a sus apóstoles -y a
sus sucesores- en el tiempo y en sus cargos: "Quien a vosotros
escucha, a mí me escucha; y quien rechaza a vosotros, a mí me rechaza;
y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado [el
Padre]" (Lucas 10, 16). Si a esta añadimos que Jesús espera que llegue
el tiempo en el que haya un sólo pastor (Juan 10, 16), fácilmente
comprenderemos que sólo puede haber una sola Iglesia aceptable a Dios:
¡La Católica!


Publicado por mario.web @ 20:17
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