Martes, 20 de diciembre de 2011


  ¿Es perjudicial buscar remedios o protección por medios
espiritistas? ¿Qué daño puede ocasionar la participación en juegos que
impliquen alguna forma de adivinación, o el buscar el significado de
algo que parezca augurar algo bueno?

  Ángel S. Negrón, Mayagüez, P. R.

  Estimado Sr. Negrón, no me sorprende su inquietud sobre estos
temas de espiritismo y adivinación ya que de unos treinta años para
acá, la Nueva Era (New Age) se ha encargado de despertar un interés en
todo tipo de técnicas de adivinación y espiritismo. Estos son temas
que siempre han provocado la curiosidad de la gente.

  Cuando hablo de Nueva Era me refiero a esa ola cultural /
filosófica / religiosa que pretende reaccionar contra el presente
estado de la humanidad y empujar la humanidad hacia una nueva
conciencia, hacia una nueva forma de ser espiritual. Para eso esta
corriente se sirve de distintos elementos de las religiones
orientales, del espiritismo, de las terapias alternativas, la
psicología transpersonal, la ecología profunda, la astrología, el
gnosticismo y otras corrientes, los mezcla y los comercializa de mil
formas, proclamando el inicio de una nueva época para la humanidad.
Pero, en el fondo, no parece ser más que otro intento vano del hombre
de salvarse a sí mismo haciendo promesas que no puede cumplir y
atribuyéndose poderes que no posee. A través del ocultismo, la magia,
la astrología y otras prácticas mediáticas pretenden dotar al hombre
de poderes mentales y espirituales sobrenaturales y colocarlo como
dueño absoluto de su propio destino. De ahí la incompatibilidad de
conciliar este estilo de vida con la fe y la vida del católico.

  El primer mandamiento de la ley de Dios proscribe la superstición
y la irreligión. La superstición representa en cierta manera una
perversión, por exceso, de la religión ya que lleva a banalizar el
sentimiento religioso y las prácticas que impone la misma religión.
Por ejemplo, afecta el culto que damos al verdadero Dios cuando se
atribuye de algún modo, una importancia mágica a ciertas prácticas que
quizás son legítimas o necesarias. Es el caso cuando vemos al boxeador
que sube al ring a pelear con su contrincante y hace la señal de la
cruz y dice que ganó la pelea por ese sentimiento religioso. O cuando
la gente lleva el rosario colgando del espejo retrovisor de su carro,
como si llevara un amuleto que le protege y quizás ni reza el rosario
personalmente nunca. Atribuir la eficacia a la sola materialidad de
las oraciones o de los signos sacramentales, prescindiendo de las
disposiciones interiores que exigen, es caer en la superstición (Mt
23, 16-22).

  Por otra parte, la irreligión es el vicio opuesto, por defecto a
la virtud de la religión. Es vivir como si no hubiese un Dios.

  Ante su pregunta que se refiere a la práctica de medios
espiritistas para sentirse protegido o recurrir a la adivinación en
busca de algún augurio bueno del futuro, tengo que decirle que
entramos dentro del campo de la virtud de la religión desenfocada o
desorientada. Sin duda, Dios puede revelar el porvenir a sus profetas
o a otros santos. Sin embargo, la actitud cristiana justa consiste en
entregarse con confianza en las manos de la providencia en lo que se
refiere al futuro y en abandonar toda curiosidad malsana al respecto.

  Todas las formas de adivinación deben rechazarse: el recurso a
Satán o a los demonios, la evocación de los muertos, y otras prácticas
que equivocadamente se supone "desvelan" el porvenir (Dt 18, 10; Jr
29, 8). La consulta de horóscopos, la astrología, la quiromancia, la
interpretación de presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el
recurso a 'mediums' encierran una voluntad de poder sobre el tiempo,
la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo de
granjearse la protección de poderes ocultos. Todo esto está en
contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso,
que debemos solamente a Dios.

  Todas las prácticas de magia o de hechicería mediante las que se
pretende dominar potencias ocultas para ponerlas a su servicio y
obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo -aunque sea para
procurar la salud -, son gravemente contrarias a la virtud de la
religión. Estas prácticas son más condenables aún cuando van
acompañadas de una intención de dañar a otro, recurran o no a la
intervención de los demonios. Llevar amuletos es también reprensible
(Ejemplo: la manita de azabache que le ponen a los bebés). El
espiritismo implica con frecuencia prácticas adivinatorias o mágicas.
Por eso la Iglesia advierte a los fieles que se guarden de él. El
recurso a las medicinas llamadas tradicionales no legitima ni la
invocación a potencias malignas, ni la explotación de la credulidad
del prójimo.

  Jesús nos pide un abandono filial en la providencia del Padre
celestial que cuida de las más pequeñas necesidades de sus hijos: "No
andéis, pues, preocupados diciendo: ¿qué vamos a comer? ¿qué vamos a
beber?... Ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo
eso. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os
darán por añadidura" (Mt 6, 31-33; 10, 29-31).

Padre Pedro L. Reyes Lebrón


Publicado por mario.web @ 21:31
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