S?bado, 09 de enero de 2010
   "No debemos apresurarnos, no debemos impacientarnos" . La prisa, la ansiedad, la tensión nos incapacitan para vivir el presente en paz y poder gozar de cada acontecimiento; el paisaje y las personas pasan desapercibidos, la mente siempre está ocupada en lo que no está haciendo, sino en lo que va a hacer y como consecuencia surgen sentimientos de insatisfacció n, ansiedad, enojo, temor y culpa.
   Vivimos en la era de la tensión, de la enfermedad del corazón, de los nervios y de la presión arterial. "Los hombres no mueren de enfermedad, sino de combustión interna" (W.Muldoom) y así se va quemando la alegría, la inocencia y la actividad creadora.
   El Royal Bank of Canada en una de sus cartas comerciales puso este título: "Calmémonos" Y seguía diciendo: "somos víctimas de una creciente tensión; nos es difícil relajarnos. Inmersos en la vorágine diaria no vivimos plenamente. Debemos recordar lo que Carlyle llamó "la supremacía de la calma del espíritu sobre las circunstancias" .
   Necesitamos mucha calma, mucha paciencia para respetar el proceso normal de crecimiento de las cosas, animales y personas. El tiempo no se detiene, pero tampoco se debe apresurar. Los minutos van uno detrás del otro y así sucesivamente los días, los meses y los años. Hay que darle tiempo al tiempo, porque todo se debe hacer a su debido tiempo.
   "Todo tiene su momento y todo cuanto se hace debajo del sol tiene su tiempo. Hay tiempo para plantar y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar y tiempo de curar; tiempo de destruir y tiempo de edificar; tiempo de llorar y tiempo de reir; tiempo de lamentarse y tiempo de danzar; tiempo de esparcir las piedras y tiempo de amontonarlas; tiempo de abrazarse y tiempo de separarse; tiempo de buscar y tiempo de perder; tiempo de guardar y tiempo de tirar; tiempo de rasgar y tiempo de coser; tiempo de callar y tiempo de hablar; tiempote amar y tiempo de aborrecer, tiempo de guerra y tiempo de paz" (Ec. 3.18)
   "No debemos apresurarnos, no debemos impacientarnos" . La prisa, la ansiedad, la tensión nos incapacitan para vivir el presente en paz y poder gozar de cada acontecimiento; el paisaje y las personas pasan desapercibidos, la mente siempre está ocupada en lo que no está haciendo, sino en lo que va a hacer y como consecuencia surgen sentimientos de insatisfacció n, ansiedad, enojo, temor y culpa.
   Vivimos en la era de la tensión, de la enfermedad del corazón, de los nervios y de la presión arterial. "Los hombres no mueren de enfermedad, sino de combustión interna" (W.Muldoom) y así se va quemando la alegría, la inocencia y la actividad creadora.
   El Royal Bank of Canada en una de sus cartas comerciales puso este título: "Calmémonos" Y seguía diciendo: "somos víctimas de una creciente tensión; nos es difícil relajarnos. Inmersos en la vorágine diaria no vivimos plenamente. Debemos recordar lo que Carlyle llamó "la supremacía de la calma del espíritu sobre las circunstancias" .
   Necesitamos mucha calma, mucha paciencia para respetar el proceso normal de crecimiento de las cosas, animales y personas. El tiempo no se detiene, pero tampoco se debe apresurar. Los minutos van uno detrás del otro y así sucesivamente los días, los meses y los años. Hay que darle tiempo al tiempo, porque todo se debe hacer a su debido tiempo.
   "Todo tiene su momento y todo cuanto se hace debajo del sol tiene su tiempo. Hay tiempo para plantar y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar y tiempo de curar; tiempo de destruir y tiempo de edificar; tiempo de llorar y tiempo de reir; tiempo de lamentarse y tiempo de danzar; tiempo de esparcir las piedras y tiempo de amontonarlas; tiempo de abrazarse y tiempo de separarse; tiempo de buscar y tiempo de perder; tiempo de guardar y tiempo de tirar; tiempo de rasgar y tiempo de coser; tiempo de callar y tiempo de hablar; tiempote amar y tiempo de aborrecer, tiempo de guerra y tiempo de paz" (Ec. 3.18)

Tags: calma, tiempo, pensamiento

Publicado por mario.web @ 16:31
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