S?bado, 09 de enero de 2010

 

Me lo dijo hace mucho tiempo un sacerdote, y no he podido olvidarlo: "mira, Fernando: yo puedo decirte que, en más de veinte años, no he dejado de rezar el Rosario ni un solo día. No te aseguro que lo haya rezado siempre despacio y con atención, pero sí te aseguro que lo he rezado todos los días". Y continuó: "no te digo esto para ponerme de ejemplo. Te lo digo para que hagas lo que hago yo" (¡¡¡ ojo con la frasecita, que se las trae!!!).
      Agradecí mucho la enseñanza. El Rosario debe rezarse con pausa, con sosiego, como quien pasea por la Vida de Cristo cogido de la mano de su Madre, bien abiertos los ojos para no perder detalle del paisaje y bien cerrada la mano en torno a los dedos de María para no perder el calor de su cariño maternal. Pero seríamos muy ingenuos si no reconociésemos que el Rosario es una de las oraciones en que es más fácil distraerse. La repetición tiende a generar automatismos, y los automatismos ayudan a liberar la atención...
Si alguno de vosotros reza el Rosario todos los días, y no se ha sorprendido muchas veces pensando en otras cosas mientras pasaba las cuentas, que Dios lo bendiga. Es un caso excepcional. La pregunta que ahora lanzo va más bien dirigida a quienes diariamente nos tenemos que arrepentir de no haber estado más atentos... ¿Qué sucede con todos esos rosarios mal rezados? ¿Qué valor tienen?
      Aquí es donde el consejo de mi amigo vale su peso en gloria. Porque la tentación más a mano es la de pensar: "¡Para rezarlo mal, mejor no rezarlo!". Otros dicen: "más vale que rece un solo misterio con atención que rezar los cinco distraídamente" . Los más "avezados" empuñan a Santa Teresa y su "golpeteo de latas". Y yo, iluminado por aquel sabio consejo, me atrevo a decir: "¡Bendito golpeteo de latas, que es capaz de sacar almas del Purgatorio a latazo limpio!".
La diferencia que media entre no rezar el Rosario y rezarlo mal es tan grande, que se me antoja infinitamente mayor que la que media entre rezarlo mal y rezarlo bien.
Tampoco cuando hablamos entre nosotros prestamos muchas veces atención a cada palabra. Hablamos de forma casi automática, e incluso, en ocasiones, estamos pensando en otras cosas mientras hablamos... Pero más vale eso que no dirigirnos la palabra. Esa conversación distraída también acompaña, y mucho, a nuestros hermanos. Por eso estoy convencido de que todos aquellos rosarios mal rezados tienen un valor inmenso delante de la Virgen.
      Hay que procurar rezar el Rosario con atención, con fervor y, desde luego, con provecho. Pero quien escribe -os lo aseguro- lleva años intentándolo sin haberlo conseguido todavía, ¡Qué le voy a hacer! Y no quisiera dejar de rezarlo ni un solo día aunque no lo rece bien jamás. Si puedo rezar los veinte misterios "mal rezados", ¡mejor que conformarme con los cinco! Y si un día pudiera rezar con atención las 200 avemarías... Ese día volvería a leer estas líneas para no olvidarme de que se trata de una gracia especial... ¡Ah, lo humano!
Fuente:   Archidiócesis de Madrid, España
Me lo dijo hace mucho tiempo un sacerdote, y no he podido olvidarlo: "mira, Fernando: yo puedo decirte que, en más de veinte años, no he dejado de rezar el Rosario ni un solo día. No te aseguro que lo haya rezado siempre despacio y con atención, pero sí te aseguro que lo he rezado todos los días". Y continuó: "no te digo esto para ponerme de ejemplo. Te lo digo para que hagas lo que hago yo" (¡¡¡ ojo con la frasecita, que se las trae!!!).

      Agradecí mucho la enseñanza. El Rosario debe rezarse con pausa, con sosiego, como quien pasea por la Vida de Cristo cogido de la mano de su Madre, bien abiertos los ojos para no perder detalle del paisaje y bien cerrada la mano en torno a los dedos de María para no perder el calor de su cariño maternal. Pero seríamos muy ingenuos si no reconociésemos que el Rosario es una de las oraciones en que es más fácil distraerse. La repetición tiende a generar automatismos, y los automatismos ayudan a liberar la atención...

Si alguno de vosotros reza el Rosario todos los días, y no se ha sorprendido muchas veces pensando en otras cosas mientras pasaba las cuentas, que Dios lo bendiga. Es un caso excepcional. La pregunta que ahora lanzo va más bien dirigida a quienes diariamente nos tenemos que arrepentir de no haber estado más atentos... ¿Qué sucede con todos esos rosarios mal rezados? ¿Qué valor tienen?

      Aquí es donde el consejo de mi amigo vale su peso en gloria. Porque la tentación más a mano es la de pensar: "¡Para rezarlo mal, mejor no rezarlo!". Otros dicen: "más vale que rece un solo misterio con atención que rezar los cinco distraídamente" . Los más "avezados" empuñan a Santa Teresa y su "golpeteo de latas". Y yo, iluminado por aquel sabio consejo, me atrevo a decir: "¡Bendito golpeteo de latas, que es capaz de sacar almas del Purgatorio a latazo limpio!".

La diferencia que media entre no rezar el Rosario y rezarlo mal es tan grande, que se me antoja infinitamente mayor que la que media entre rezarlo mal y rezarlo bien.

Tampoco cuando hablamos entre nosotros prestamos muchas veces atención a cada palabra. Hablamos de forma casi automática, e incluso, en ocasiones, estamos pensando en otras cosas mientras hablamos... Pero más vale eso que no dirigirnos la palabra. Esa conversación distraída también acompaña, y mucho, a nuestros hermanos. Por eso estoy convencido de que todos aquellos rosarios mal rezados tienen un valor inmenso delante de la Virgen.

      Hay que procurar rezar el Rosario con atención, con fervor y, desde luego, con provecho. Pero quien escribe -os lo aseguro- lleva años intentándolo sin haberlo conseguido todavía, ¡Qué le voy a hacer! Y no quisiera dejar de rezarlo ni un solo día aunque no lo rece bien jamás. Si puedo rezar los veinte misterios "mal rezados", ¡mejor que conformarme con los cinco! Y si un día pudiera rezar con atención las 200 avemarías... Ese día volvería a leer estas líneas para no olvidarme de que se trata de una gracia especial... ¡Ah, lo humano!

Fuente:   Archidiócesis de Madrid, España

 


Tags: santo, rosario, rezar

Publicado por mario.web @ 21:47
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