Martes, 12 de enero de 2010
Paz en la hora de la muerte. 
Es un pensamiento desagradable éste de la muerte, para el mundo de hoy. Pero la muerte no se evita, llegará en el momento justo en que Dios lo haya designado y no habrá escapatoria. Pero si todos sabemos que vamos a morir un día, ¿por qué no vivimos de acuerdo con los Diez Mandamientos para que ese momento esté lleno de paz, y pasemos de este mundo al otro, tranquilos y confiados? Porque la recta conciencia nos obtiene una muerte serena y en paz.
En cambio el que ha vivido siempre pecando, es muy probable que en el momento de su muerte, esté como desesperado y con terror por lo que le espera al otro lado, pues como dice el dicho: “el árbol cae hacia donde está inclinado”, y si toda la vida se vivió al margen de Dios, en el momento de la muerte no habrá paz para el moribundo.
Estamos a tiempo. Si estamos leyendo esto es porque todavía estamos vivos y Dios nos espera a que cambiemos y empecemos a cumplir los Diez Mandamientos, viviendo en gracia de Dios, para que en nuestra muerte el Señor nos pueda juzgar dignos del Paraíso y no del Infierno eterno.
Es cierto que muchos se salvan en el último momento; que tuvieron una vida de pecado y al último momento Dios les da la gracia del arrepentimiento y se salvan, aunque tienen un largo purgatorio. Pero ¿por qué arriesgar la salvación cuando está a nuestro alcance hacer las cosas bien y tener la conciencia tranquila y limpia en aquél postrero momento?
Recordemos que esta vida es solo como una sala de espera para entrar a la otra vida que es la que permanece para siempre, y allí hay Cielo o Infierno eternos. No juguemos con nuestra salvación eterna.
¡Ave María purísima!
¡Sin pecado concebida!

Es un pensamiento desagradable éste de la muerte, para el mundo de hoy. Pero la muerte no se evita, llegará en el momento justo en que Dios lo haya designado y no habrá escapatoria. Pero si todos sabemos que vamos a morir un día, ¿por qué no vivimos de acuerdo con los Diez Mandamientos para que ese momento esté lleno de paz, y pasemos de este mundo al otro, tranquilos y confiados? Porque la recta conciencia nos obtiene una muerte serena y en paz.

En cambio el que ha vivido siempre pecando, es muy probable que en el momento de su muerte, esté como desesperado y con terror por lo que le espera al otro lado, pues como dice el dicho: “el árbol cae hacia donde está inclinado”, y si toda la vida se vivió al margen de Dios, en el momento de la muerte no habrá paz para el moribundo.

Estamos a tiempo. Si estamos leyendo esto es porque todavía estamos vivos y Dios nos espera a que cambiemos y empecemos a cumplir los Diez Mandamientos, viviendo en gracia de Dios, para que en nuestra muerte el Señor nos pueda juzgar dignos del Paraíso y no del Infierno eterno.

Es cierto que muchos se salvan en el último momento; que tuvieron una vida de pecado y al último momento Dios les da la gracia del arrepentimiento y se salvan, aunque tienen un largo purgatorio. Pero ¿por qué arriesgar la salvación cuando está a nuestro alcance hacer las cosas bien y tener la conciencia tranquila y limpia en aquél postrero momento?

Recordemos que esta vida es solo como una sala de espera para entrar a la otra vida que es la que permanece para siempre, y allí hay Cielo o Infierno eternos. No juguemos con nuestra salvación eterna.

¡Ave María purísima!

¡Sin pecado concebida!

Tags: paz, hora, muerte, reflexión

Publicado por mario.web @ 22:28
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