Mi?rcoles, 13 de enero de 2010

Desde dentro y fuera de la comunidad eclesial se ha reconocido a Juan Pablo II como un hombre excepcional, único, inclasificable, líder mundial indiscutible y acreedor al reconocimiento universal en favor de la paz y la justicia entre los pueblos. Juan Pablo II ha roto todos los moldes y barreras en sus relaciones personales e institucionales con los distintos gobiernos del mundo y con las demás religiones de la tierra.

 

Ahora bien, entre todos los reconocimientos y títulos póstumos que se han dado a la figura gigante del papa desaparecido, hay uno que le cuadra perfectamente y que ha cumplido con una precisión admirable. Es el de párroco del mundo.

 

Confieso que la primera vez que oi tal pretensión papal, al comienzo de su pontificado, la juzgue un tanto exagerada, aunque no exenta de buenas intenciones.

La realidad supero lo previsible.

 

Al hacer ahora, tras su muerte, un somero balance de su ministerio papal apostólico, hay que reconocer que quizas el titulo que mejor le cuadre es este. Juan Pablo II ha sido el padre bueno, el pastor solicito y el sacerdote santo y ejemplar, cuya vida y acción pastoral es y sera paradigma para todos los sacerdotes del mundo entero.

 

Nadie mejor que el papa en imitar y seguir las huellas de Cristo, el buen pastor. Como el entrego su vida entera en favor de sus ovejas y en atraer a todas las descarriadas.

 

Hoy le lloran todos, pues deja huérfanos no a una diócesis, o a una nación, sino al mundo entero.


Tags: Juan Pablo II, párroco, mundo

Publicado por mario.web @ 11:06
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