Mi?rcoles, 10 de febrero de 2010

Parte 13 del libro “Católico conoce tu fe” del P. Angel Peña. O.A.R.

 

 

“El sacerdocio es el amor del Corazón de Jesús” (S. Juan Ma. Vianney). Podemos distinguir el sacerdocio ministerial y el sacerdocio común de los fieles. Ambos están ordenados el uno al otro; ambos, en efecto, participan, cada uno a su manera del único sacerdocio de Cristo. ¿En qué sentido? Mientras el sacerdocio común de los fieles se realiza en el desarrollo de la gracia bautismal (vida de fe, esperanza y caridad, y pueden ofrecer sacrificios y ofrecerse a sí mismos por la salvación del mundo), el sacerdocio ministerial está al servicio del sacerdocio común y es transmitido mediante un sacramento propio, el sacramento del Orden ( Cat 1547). Ambos son esencialmente diferentes.

 

El sacerdocio ministerial actúa en Nombre de Cristo y en Nombre de la Iglesia, pues la oración y ofrenda de la Iglesia son inseparables de la oración y la ofrenda de Cristo, su Cabeza. Es toda la Iglesia, Cuerpo de Cristo, la que ora y se ofrece, “Por Cristo, con El y en El” en la unidad del Espíritu Santo, a Dios Padre (Cat 1553).

 

Ahora bien, “entre los diversos ministerios (del sacerdocio ministerial), ocupa el primer lugar el ministerio de los obispos, los cuales, a través de una sucesión que se remonta hasta el principio, son los transmisores de la semilla apostólica” (Cat 1555). Para realizar las funciones episcopales, los apóstoles se vieron enriquecidos por Cristo con la venida especial del Espíritu Santo, que descendió sobre ellos. Y ellos mismos comunicaron a sus colaboradores mediante la imposición de las manos, el don espiritual que se ha transmitido hasta nosotros en la consagración de los obispos ( Cat 1556).

 

Por eso, para la celebración de la ordenación de un obispo, sacerdote o diácono, el rito esencial es la imposición de manos del obispo y la oración consecratoria específica, que pide a Dios la efusión del Espíritu Santo y de sus dones apropiados al ministerio para el cual es ordenado ( Cat 1573).

 

ORACION DEL SACERDOTE

 

Dame, Señor, el ser lo bastante grande

Para abarcar el mundo,

Lo bastante fuerte para llevarlo a hombros,

Lo bastante duro para poder abrazarlo

Sin intentar guardármelo.

 

Concédeme el ser tierra de encuentro,

Pero sólo tierra de paso,

Camino que lleve hasta Ti.

 

Esta tarde, Señor, mientras todo se calla

Yo te vuelvo a decir mi SI, alegre y  confiado.

GRACIAS, SEÑOR, POR SER SACERDOTE

 

Los sacerdotes son los colaboradores del obispo para realizar adecuadamente la misión apostólica que Cristo les encomendó ( Cat 1562). Los diáconos asisten al obispo y a los sacerdotes en la celebración de los divinos misterios, sobre todo de la Eucaristía, que distribuyen; asisten a la celebración del matrimonio y lo bendicen; proclaman el Evangelio y predican; presiden las exequias y se entregan a los servicios de la caridad ( Cat 1570).

 

Sólo los varones pueden recibir validamente el sacramento del Orden, pues Cristo eligió a hombres para formar el colegio de los doce apóstoles y los apóstoles hicieron lo mismo, cuando eligieron a sus colaboradores, y la Iglesia se reconoce vinculada por esta decisión del Señor. Esta es la razón por la que las mujeres no reciben la ordenación. Además, nadie tiene derecho a recibir el sacramento del Orden, pues se es llamado por Dios para ejercer un servicio a favor de los demás.

 

Por otra parte, todos los ministros ordenados de la Iglesia latina, exceptuados los diáconos permanentes, son elegidos entre célibes que tienen voluntad de guardar el celibato por el reino de los cielos. En las Iglesias orientales, desde hace siglos, está en vigor una disciplina distinta: mientras los obispos son elegidos únicamente entre los célibes, hombres casados pueden ser ordenados diáconos y presbíteros ( Cat 1579-80


Tags: libro, conoce, sacerdocio

Publicado por mario.web @ 8:57
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