Mi?rcoles, 10 de febrero de 2010

Parte 25 del libro “Católico conoce tu fe” del P. Angel Peña. O.A.R.

 

 

La Eucaristía es el centro de nuestra fe, la fuente y cima de toda la vida cristiana (Cat 1324). Es el compendio y suma de toda nuestra fe ( Cat 1327). La Eucaristía se celebra solemnemente el primer día de la semana, es decir, el domingo, por ser el día de la resurrección de Jesús, cuando los cristianos se reunían para partir el pan (Hech 20,7). “Desde entonces hasta nuestros días, la celebración de la misa se ha perpetuado de suerte que hoy la encontramos por todas partes con la misma estructura fundamental, siendo el centro de la vida de la Iglesia” (Cat 1343).

 

“La Eucaristía es el corazón y la cumbre de la vida de la Iglesia, pues en ella Cristo asocia su Iglesia y todos sus miembros a su sacrificio de alabanza y acción de gracias, ofrecido una vez por todas en la cruz a su Padre; por medio de este sacrificio derrama las gracias de salvación sobre su Cuerpo, que es la Iglesia” (Cat 1407).

 

La misa es el acto más grande, más sublime y más santo, que se celebra todos los días en la tierra. La misa es el acto que mayor gloria y honor puede dar a Dios. Sto. Tomás de Aquino afirma que la misa vale tanto como la muerte de Jesús en la cruz. La misa es la renovación y actualización del sacrificio del Calvario.

 

El efecto de la misa abarca a todos los hombres de todos los tiempos y a todo el universo. Es una misa cósmica, una misa universal, una misa “católica” en el mejor sentido de la palabra. Por ser la misa de Jesús, tiene el mismo valor que la misa del Calvario y sirve para la salvación de todos los hombres. En ella “somos colmados de gracia y bendición” (Plegaria I).

 

La misa es el memorial de Cristo, que nace, sufre, muere y resucita por nosotros. El sacerdote en la misa actualiza, renueva y realiza eficazmente la obra de la Redención, de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Por eso, decimos que la misa es el memorial de la Pascua de Cristo, el memorial de su infinito amor, el memorial de la cena del Señor, el memorial de la Redención, el memorial de su Pasión, Muerte y Resurrección. En la misa es Jesús quien celebra, el sacerdote es un instrumento suyo, consciente y libre. Durante la misa el sacerdote actúa “in persona Christi” en la persona de Cristo, personifica a Cristo (canon 899). Cristo toma posesión de su persona y, a través de él, se ofrece a sí mismo al Padre, como lo hizo en la cruz. El sacerdote en la misa es verdaderamente Jesús. Y María lo presenta al Padre como a su Hijo.

 

En la misa, Jesús se hace presente entre nosotros como en una nueva Navidad. Por eso, es una celebración gozosa del amor de Dios. Es el memorial del amor de Dios, en el que están presentes también todos los santos y ángeles del Universo, adorando a su Dios.

 

Todos los santos han vivido plenamente esta presencia de Cristo en la Eucaristía. Muchos han tenido experiencias en este sentido y lo han visto, sobre todo San Pascual Bailón, Sta. Margarita Ma. de Alacoque, Sta. Teresa de Jesús... Todos ellos pasaban horas y horas en oración ante el Santísimo Sacramento y Cristo ha confirmado su presencia con infinidad de milagros. En Lourdes muchos enfermos son sanados al momento de la bendición con el Santísimo Sacramento. En el Monasterio del Escorial de Madrid, se conserva milagrosamente, después de varios siglos, una hostia consagrada, teñida en sangre, que salió al ser pisada por un incrédulo. El mismo Lutero admitió la presencia real de Cristo en la Eucaristía y la virginidad perpetua de María.

 

No es de extrañar que S. Pablo, pensando en los que ya en su tiempo cambiaban el evangelio con interpretaciones erróneas decía: “Me maravillo que os paséis tan pronto a otro Evangelio, no es que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren deformar el Evangelio de Cristo. Pero aún cuando nosotros mismos o un ángel del cielo os anunciara un Evangelio distinto del que os hemos anunciado ¡sea maldito!” (Gal 1,6-9). La Eucaristía es uno de los puntos fundamentales que pertenecen al depósito de la fe, de que habla S. Pablo en 1 Tim 6,20; 2 Tim 1, 12.14 etc.

 

Vayamos al sagrario a visitarlo, a adorarlo y a recibirlo dignamente en la comunión.

      Milagros Eucarísticos.

 

A lo largo de los siglos, Jesús ha manifestado su presencia eucarística con muchos prodigios. Uno de ellos fue el ocurrido en Bolsena (Italia) el año 1263. Un sacerdote celebraba la misa, dudando de la presencia real de Jesús, cuando al partir la hostia, brotó súbitamente tal cantidad de sangre que cayó sobre el cáliz, empapó el corporal y los manteles y algunas gotas cayeron al piso. Sto. Tomás de Aquino y el Papa Urbano IV pudieron certificar la veracidad de este prodigio. Este mismo Papa instituyó la fiesta del Corpus Christi.

 

Otro prodigio importante ocurrió en Siena (Italia) en 1730. Unos ladrones robaron 223 hostias consagradas de la basílica de S. Francisco el 14 de Agosto y, desde entonces hasta ahora, se conservan milagrosamente. Las hostias están tan frescas e intactas como el primer día, sin presentar ningún signo de descomposición. Esto, según los científicos que han hecho análisis de laboratorio, va en contra de toda ley física, química y biológica. El mismo Papa Juan Pablo II el 14-09-80 en Siena dijo: “Aquí está la presencia real de Jesús”. Su conservación milagrosa es una señal para nuestro tiempo.

 

Pero el mayor de todos los prodigios ocurrió en Lanciano (Italia) en el siglo VIII. Durante la celebración de la misa, la hostia se transformó en un pedazo de carne y el vino consagrado en sangre, coagulándose después en cinco piedrecitas diferentes, cada una de las cuales pesaba exactamente igual que varias de ellas o que todas juntas.

 

En el correr de los siglos, se han realizado muchas investigaciones serias sobre esta carne y sangre milagrosas, que todavía se conservan en un relicario. En 1971 un grupo de expertos, entre ellos el profesor Odoardo Linoli, catedrático de anatomía, histología, patología y microscopía clínica, y el profesor Ruggero Bertelli, ambos de la universidad de Siena, efectuaron análisis en el laboratorio y llegaron a resultados sorprendentes. Después de 12 siglos, la carne es verdaderamente carne y la sangre es verdaderamente sangre de un ser humano vivo y tienen el mismo grupo sanguíneo “AB”. El diagrama de esta sangre corresponde al de una sangre humana que ha sido extraída del cuerpo vivo ese mismo día. La carne pertenece al corazón.

 

¿No nos está diciendo claramente el Señor, a través de este milagro, que El está siempre vivo entre nosotros en este sacramento? Acerquémonos a El con reverencia y recogimiento. No lo dejemos solo, hagámosle compañía, adorémosle, porque El es nuestro Dios.

 


Tags: libro, misa, Iglesia, Católica

Publicado por mario.web @ 19:10
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