Jueves, 11 de febrero de 2010

 

Parte 35 del libro “Católico conoce tu fe” del P. Angel Peña. O.A.R.

 

 

En Fátima, María insiste en cada una de las apariciones en el rezo diario del rosario y nos habla mucho de su Inmaculado Corazón. El 13 de Junio de aquel año 1917 le dice a Lucía: “Jesús quiere servirse de ti para darme a conocer y amar. El quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. No te desanimes. Yo nunca te dejaré. Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te conducirá a Dios”.

 

El 13 de Julio, después de la visión del infierno, le dijo: “Si atendieran mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz. Si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones contra la Iglesia. Los buenos serán martirizados; el Santo Padre tendrá mucho que sufrir; varias naciones serán aniquiladas. Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará y se le concederá al mundo un período de paz:.

 

El 13 de agosto, tomando un aspecto triste, le decía: “Rezad, rezad mucho y haced sacrificios por los pecadores, porque van muchas almas al infierno, porque no hay quien se sacrifique ni ore por ellas”.

 

El 13 de Octubre: “Es necesario que los hombres se enmienden; que pidan perdón de sus pecados, que no ofendan más a Dios Nuestro Señor, que está ya muy ofendido”.

 

Uno de los puntos importantes de Fátima es la consagración al I.C. de María. El 13 de Junio de 1929 le dijo a Lucía: “Ha llegado el momento en que Dios pide al Santo Padre que haga, en unión con todos los obispos del mundo, la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón”.

 

La consagración a María es una señal de amor a Ella, que traerá una protección especial de su parte y la garantía de la salvación. Consagrarnos a María es poner bajo su cuidado lo que somos y tenemos. Es el “Totus tuus” del Papa Juan Pablo II. Digamos, pues, a María: “Soy todo tuyo, Reina Mía, Madre Mía, y cuanto tengo tuyo es”.

 

Como señal externa de nuestra consagración a María, podemos llevar el escapulario de la Virgen del Carmen. En la última aparición de Fátima, María se aparece como Virgen del Carmen; en Lourdes, la última aparición es el 16 de julio, fiesta de la Virgen del Carmen. De ahí que Lucía, carmelita, dijo varias veces que el rosario y el escapulario están íntimamente unidos y que son inseparables. El Papa Pío XII afirmó que el escapulario debe ser signo de nuestra consagración a María y que es garantía de la protección de la Madre de Dios.

 

Para ratificar la veracidad de los mensajes de Fátima, Nuestra Madre había anunciado que realizaría un milagro el 13 de octubre. Aquel día ocurrió el gran milagro del sol, visto hasta a 50 Kms de distancia por más de 100.000 personas. Dice Lucía: “Desaparecida Nuestra Señora en la inmensa distancia del firmamento, vimos al lado del Sol a S. José con el Niño. Parecía bendecir al mundo con unos gestos que hacía con la mano en forma de cruz. Poco después, desvanecida esta aparición, vimos al Señor y a Nuestra Señora, que daba la idea de ser Nuestra Señora de los Dolores. Nuestro Señor parecía bendecir al mundo, de la misma forma que S. José. Se desvaneció esta aparición y me parecía ver todavía a Nuestra Señora en forma semejante a Ntra. Sra. del Carmen” (vemos aquí representados los misterios gozosos con S. José, los dolorosos con la V. de los Dolores y los gloriosos con la Virgen del Carmen).

 

A continuación ocurrió el milagro. Cuentan así algunos testigos: “El sol comenzó a lucir como un disco de plata que se le podía mirar fijamente. Después, por tres veces, giró vertiginosamente sobre sí mismo, irradiando destellos de todos los colores... De repente, un tremendo grito de espanto salió de todas las gargantas: el inmenso globo de fuego solar parecía precipitarse sobre la multitud. Todos creían que era el fin del mundo. Se arrodillaron y clamaron misericordia hasta los mismos ateos, que dieron testimonio al día siguiente en los periódicos. Las ropas de la gente completamente mojadas por la intensa lluvia del día, quedaron milagrosamente secas”.

 

Este milagro del Sol es considerado como el más espectacular de la Historia humana. Aquel día 13 de octubre de 1917, la Virgen les había dicho “Yo soy la Señora del Rosario”. “Que los hombres no ofendan más a Dios que ya está muy ofendido”. Y Lucía comenta: “Qué amorosa queja y qué dulce pedido. ¡Cómo quisiera que todos los hombres del mundo y todos los hijos de la Madre del cielo escuchasen y oyesen su voz!

 

Más tarde, el 10 de diciembre de 1925, se le aparecerá de nuevo a Lucía, cuando sea novicia de las religiosas Doroteas, en Pontevedra (España) y le dirá: “Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan continuamente con sus blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que: a todos los que durante cinco meses en el primer sábado se confiesen, reciban la sagrada comunión, recen el rosario, me hagan compañía durante quince minutos, meditando en los misterios del rosario con el fin de desagraviarme, yo les prometo asistir en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para su salvación”.

 

Esta es la famosa promesa de los cinco primeros sábados de mes. (Parecida a la que hizo Jesucristo a Santa Margarita María de Alacoque, que prometió la salvación a quienes confesaran y comulgaran nueve primeros viernes de mes seguidos). Dios quiere salvar al mundo por medio del Corazón Inmaculado de María. Cristo quiere regalamos la salvación por medio de María.


Tags: libro, católico, virgen, María, inmaculado, corazón

Publicado por mario.web @ 19:05
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios