Jueves, 11 de febrero de 2010


Parte 39 del libro “Católico conoce tu fe” del P. Angel Peña. O.A.R.

Las reliquias.

 

Los israelitas tenían verdadera veneración por la Ley de Moisés hasta el punto de que la pusieron dentro del arca según nos dice Deut 3 1,26, junto con las tablas de la Ley escritas por la mano de Dios, según Ex 25,16 y Deut 10,2. Para ellos, tanto el ,arca como la Ley de Moisés o las tablas de la Ley eran verdaderas reliquias sagradas. Lo mismo podemos decir del cayado de Moisés. ¿Podríamos imaginamos que Moisés tratará a su cayado como a una madera cualquiera, cuando Dios hizo tantos milagros a través de él en Egipto? (Ex 6-10). Igualmente, digamos de la rama de Aarón, que había retoñado para, indicar la predilección de Dios por Aarón sobre todas las otras familias de Israel. El mismo Dios en Num 17,25 manda poner la rama de Aarón delante del arca para guardarla como testimonio.

 

Hay muchos otros testimonios en la Escritura sobre la veneración de las reliquias de los santos. En Ex 13,19 se dice que los israelitas se llevaron los huesos de José de Egipto. En 2 Reg 23,18 se ve cómo respetan de la destrucción los huesos del hombre de Dios y el profeta. En 2 Reg 13,21 se nos habla de que el contacto con los huesos del profeta Eliseo resucitó a un muerto y en Reg 2,14 que Eliseo obró un milagro con el manto de Elías.

 

Los cristianos de Efeso aplicaban a los enfermos los pañuelos y delantales de S. Pablo y se curaban (Hech 19,22). En Judas 9 se habla de que S. Miguel disputaba con el diablo el cuerpo de Moisés. ¿Por qué? Porque lo consideraba algo sagrado que S. Miguel quiso defender contra el diablo, que quería destruirlo. En los mismos Evangelios, vemos cómo la mujer hemorroísa sólo con tocar el manto de Jesús quedó curada (Mc 5, 24-34). Y lo mismo pasaba con muchos enfermos en la plazas que le pedían que les dejara tocar siquiera la orla de su manto y cuantos la tocaban quedaban curados.

 

Esta tradición de venerar los objetos sagrados y los cuerpos de los santos ha seguido desde los primeros mártires, enterrados en las catacumbas en el primer siglo, hasta ahora. En las Actas de los mártires, sobre el proceso de los mismos, se nos habla de la veneración que se les tenía como a verdaderos héroes cristianos. En el Martirio de Policarpio 18,2 se dice: “Los cristianos recogieron sus huesos, de mayor valor que las piedras preciosas y más estimables que el oro, para depositarlos en un lugar conveniente”.

 

Uno de los milagros más conocidos y espectaculares es el referente a la reliquia de la sangre de S. Pantaleón, médico romano muerto hacia el año 305. Un poquito de su sangre se conserva en una cápsula de vidrio en el Monasterio de la Encarnación de las Agustinas Recoletas de Madrid. Lo mismo pasa con la sangre de S. Genaro, patrón de Nápoles (Italia). En ambos casos, la sangre, desde principios del siglo IV, sigue licuándose el día de su fiesta y, a veces, permanece líquida por largas temporadas en circunstancias especiales. Este milagro inexplicable para la ciencia médica es comprobado todos los años por miles de personas tanto de Madrid como de Nápoles. Podemos ir a verlo, porque son lugares concretos. Personalmente, entiendo que con este milagro, estos santos quieren decimos que están vivos, junto a nosotros, que escuchan nuestras oraciones e interceden por nosotros.

 

 

 

Las Supersticiones.

 

“Superstición es una desviación del sentimiento religioso y de las prácticas que impone. Puede afectar también al culto que damos al verdadero Dios, por ejemplo, cuando se atribuye una importancia, de algún modo mágica a ciertas prácticas, por otra parte, legítimas y necesarias. Atribuir su eficacia a la sola materialidad de las oraciones o de los signos sacramentales, prescindiendo de las disposiciones interiores que exigen, es caer en la superstición” (Cat 211 l). Esto ocurre con las “cadenas” de S. Judas Tadeo y otros santos, al considerar que sólo con escribirlas y distribuirlas en distintas iglesias se concederá automáticamente lo deseado.

 

Lo mismo podemos decir del agua bendita que, según algunos, para tener eficacia debe ser de 3 ó de 7 iglesias. Algunos creen que algunas oraciones rezadas mecánicamente pueden curar ciertas enfermedades, como si tuvieran efectos mágicos en sí mismas.

 

Esto mismo se atribuye, a veces equivocadamente, a ciertas imágenes consideradas milagrosas, prescindiendo de su relación a la persona que representan, pues sin verdadera fe y amor a Jesús, a María o a los santos, Dios no puede estar contento mi puede manifestar su poder (Mt 13,58).

 

También deben rechazarse como gravemente pecaminosas toda forma de adivinación: el recurso a Satanás o a los demonios, la evocación de los muertos ( Juego de la ouija, etc.) y otras prácticas que, equivocadamente, se supone desvelan el porvenir. La consulta de horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y de suertes, están en contra de la fe y del amor debido a solo Dios ( Cat 2116). Llevar amuletos es también reprensible lo mismo que toda clase de espiritismo, de magia o hechicería mediante las que se pretende controlar las fuerzas ocultas (aunque sea para procurar la salud). Estas prácticas son especialmente graves, cuando tienen la intención de hacer daño al prójimo. También el recurrir a las medicinas tradicionales o a curanderos, cuando estos invocan a potencias malignas, es reprobable.

 

Hay quienes son tan crédulos, que, por falta de auténtica fe, creen que pasar debajo de una escalera es malo, o romper un espejo, que el martes 13 ó domingo 7 es de mal agüero .Y, por el contrario, creen que por llevar ciertas vestimentas o ciertas cosas van a tener suerte y todo les va a salir bien. Confiemos más en Dios y en su poder y no seremos juguetes fáciles de las fuerzas del Maligno y de tantos embaucadores que andan sueltos por el mundo.


Tags: libro, católico, imágenes

Publicado por mario.web @ 19:15
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