Jueves, 11 de febrero de 2010


Parte 40 del libro “Católico conoce tu fe” del P. Angel Peña. O.A.R.

 

 

La existencia del diablo está atestiguada por la Palabra de Dios desde las primeras páginas de la Biblia (Gén 3,15) hasta las últimas.

 

En el Apocalipsis se nos habla de “la serpiente antigua, llamada diablo y Satanás, que extravía a toda la redondez de la tierra” (Ap 12,9). Al no poder vencer a María “se va a hacer la guerra al resto de sus hijos, a los que guardan los preceptos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús” (Ap 12,17). Por eso, nuestra lucha “no es contra la carne y la sangre, sino contra los principados y potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los malos espíritus” (Ef 6,12-13).

 

Y el diablo existe, aunque algunos no crean en él. Pablo VI en su catequesis del 15.11.72 afirmaba: “El mal no es sola mente una deficiencia, sino una eficiencia, un ser vivo, espiritual, pervertido y pervertidor. Terrible realidad. Misteriosa y terrible. Y se aparta del cuadro de la enseñanza bíblica y eclesiástica quien rehúsa reconocer su existencia o quien hace de él un principio autónomo sin tener origen de Dios, como toda criatura; o la explica como una seudorealidad, una personificación conceptual y fantástica de las causas desconocidas de nuestros malestares”. El mismo Juan Pablo III el 31.3.85 reconocía que “un capitulo importante de la doctrina católica, es el capítulo sobre el demonio y la influencia que puede ejercer sobre cada una de las personas y las comunidades, sobre toda la sociedad y sobre los mismos acontecimientos”.

 

Hoy día, incluso, se están propagando más y más las sectas satánicas, en las que se adora a Satanás como a un dios. En sus reuniones y misas negras, con orgías de sexo, droga etc., se renuncia al bautismo, se hacen pactos diabólicos, firmados con la propia sangre, y hasta se hacen obscenidades contra Cristo y María, profanando hostias consagradas, robadas de las Iglesias.

 

También hay personas que trabajan con el diablo para hacer maleficios. Maleficio es el arte de perjudicar a otras personas por medio de la intervención del demonio. También se llama hechizo, porque es un hacer, un obrar con determinados objetos previamente preparados para hacer daño, transfiriendo el cuerpo de la persona a un objeto (muñeco, fruta, animal ) para hacerle sufrir o enfermar, incándole alfileres, dejando podrir una fruta o dejando encerrado al animal.

 

Ciertamente que es un gran misterio el porqué Dios permite estas cosas, pero sabemos que Dios todo lo permite por nuestro bien ( Cat 395; Rom 8,28). Y, como diría S. Agustín: “Dios no permitiría los males, si no sacara más bienes de esos mismos males” Por supuesto, que el diablo es una criatura de Dios y no puede hacer más que lo que Dios le permite y hasta donde le permite. De otro modo, ya habría matado a todas las personas buenas del mundo entero. Por eso, no debemos asustarnos y creer en el poder absoluto del Maligno, como nos hacen creer en ciertas películas o música satánica. “Si Dios está con nosotros ¿quién contra nosotros?” (Rom 8,3 l).

 

Para defendernos del Maligno Dios ha puesto a nuestro lado a nuestro ángel custodio, a quien debemos invocar constantemente. Es importante también la protección de S. Miguel arcángel y rezar frecuentemente la oración a S. Miguel compuesta por el Papa León XIII. También es bueno el uso del agua bendita y, sobre todo, mucha oración, rezar el rosario, la frecuencia de los sacramentos y la devoción a la Virgen María.

 

S. Agustín decía: “El diablo puede ladrar, pero nunca morder, sino sólo al que quiere dejarse morder” (PL 39,1820). Es como un perro atado que ladra, pero sólo puede morder al que se le acerca.


Tags: libro, católico, diablo, satanás

Publicado por mario.web @ 19:19
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