Jueves, 11 de febrero de 2010


Parte 42 del libro “Católico conoce tu fe” del P. Angel Peña. O.A.R.

 

 

El ser humano viene al mundo en el seno de una familia, por lo cual debe decirse que debe a ella el hecho mismo de existir como hombre. Cuando falta la familia, se crea en la persona que viene al mundo una carencia preocupante y dolorosa, que pesará posteriormente durante toda su vida. La familia es la unión de un hombre y una mujer para formar una. comunidad de vida y amor estable, abierta a la procreación. “La familia es la célula primera y vital de la sociedad. El Creador del mundo estableció la sociedad conyugal como origen y fundamento de la sociedad humana” (FC 42).

 

 

 

El Noviazgo

 

Cuando nace el verdadero amor entre dos jóvenes, cada uno vive el gozo de descubrir en el sexo opuesto, una riqueza desconocida. La sexualidad es un tesoro personal que los distingue como hombre o mujer, por el cual se sienten atraídos, se complementan y buscan la felicidad en la mutua donación.

 

Durante el noviazgo, los dos van a querer testimoniarse mutuamente su amor creciente a través de muchos gestos. Pero deben tener prudencia y guardarse respeto, pues es fácil dejarse llevar de la pasión y llegar a tocamientos y otras manifestaciones amorosas, que ensucian el alma y dejan intranquilidad en la conciencia. El amor debe ser siempre puro y limpio y tener la ilusión de llegar vírgenes al matrimonio.

 

Durante el noviazgo, hay que evitar las relaciones sexuales prematrimoniales, que suponen un compromiso total, de por vida. El acto matrimonial sin matrimonio es un contrasentido. No se puede anticipar un “matrimonio a prueba” ni darse una “prueba” de amor. No se puede jugar con ese hijo, que podría venir de esa relación sexual, y que vendría al mundo traumatizado por no haber sido deseado y haber sentido el rechazo de sus padres desde el primer momento de su existencia. Muchas veces, esas relaciones conducen al aborto, que es un crimen abominable.

 

Y no basta decir que se hace el “sexo seguro” o “responsable”, por usar anticonceptivos, pues éstos nunca son totalmente seguros y, si son abortivos, son criminales y hay que descartarlos. Y ¡cuántos traumas y frustraciones por haberse entregado fácilmente a quien después traicionó el amor y la confianza o no se conocía bien!. Por eso, es necesario un tiempo para conocerse bien. Un tiempo en el que se ore intensamente para pedir a Dios luz para escoger bien a la pareja, que será compañera de toda la vida. El amor es algo tan grande, que debe ser de por vida y no sólo hasta que nos cansemos o haya dificultades. No basta la simple convivencia, sin compromiso alguno; no basta el simple matrimonio civil. Es preciso un compromiso total, casados por la Iglesia, “casados en el Señor” (1 Co 7,39).

 

Por todo esto, hay que cuidar el amor como oro en polvo. Hay que vestir con modestia, evitar bailes deshonestos, exceso de bebidas alcohólicas o ver películas o revistas pornográficas, que degradan el amor. La prudencia exige también evitar estar solos en lugares solitarios, donde fácilmente se puede caer en la tentación; pues una relación sexual con una persona a la que no se hace el don total de sí mismo y de la cual no se quieren tener hijos, no es más que una masturbación.

 

Muchos jóvenes se han acostumbrado a masturbarse, quizás creyendo que no es malo, y se hacen cada día más egoístas y, de alguna manera, se incapacitan para una auténtica relación de pareja, pues en el matrimonio verán a su pareja como un objeto más para su propia masturbación personal, con todas las frustraciones y problemas que esto traerá consigo. Por esto, Dios nos dice por boca de S. Pablo:

 

“No os engañéis, ni los que tienen relaciones sexuales prematrimoniales, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los borrachos poseerán el reino de Dios. El cuerpo no es para la fornicación. ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Y voy a tomar yo los miembros de Cristo para hacerlos miembros de una prostituta? Huid de las relaciones sexuales prematrimoniales. El que fornica peca contra su propio cuerpo. ¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo? Glorificad a Dios en vuestro cuerpo” (1 Co 6,9-20). “La voluntad de Dios es vuestra santificación, que os abstengáis de las relaciones sexuales prematrimoniales y que cada uno sepa guardar su cuerpo en santidad y honor, que nadie se atreva a extralimitarse, engañando en esta materia a su hermano” (1 Tes 4,3-6).

 

¿Podríamos imaginar a un Jesucristo condescendiente, que permitiera el divorcio, la fornicación, el adulterio, el aborto, la eutanasia, la prostitución, la masturbación, el matrimonio de los homosexuales o los medios artificiales de planificación familiar?

 

Escuchemos al Papa Juan Pablo II: “Jóvenes, alzad con frecuencia los ojos a Jesucristo. ¡No tengáis miedo! Jesús no vino a condenar el amor, sino a liberar el amor de sus equívocos y falsificaciones. Para la gran mayoría de vosotros, el amor humano se presenta como una forma de autorrealización en la formación de una familia. Por eso, en el Nombre de Cristo deseo preguntaros “¿estáis dispuestos a seguir la llamada de Cristo a través del sacramento del matrimonio, para ser procreadores de nuevas vidas? ¿Estáis dispuestos a salvaguardar la vida humana con el máximo cuidado en todos los instantes, aún en los más difíciles? ¿Estáis dispuestos a vivir y a defender el amor a través del matrimonio indisoluble, a proteger la estabilidad de la familia, la educación equilibrada de los hijos, al amparo del amor paterno y materno, que se complementan mutuamente?”(España, 19.08.89).

 

Seguid a Cristo y seguid a la Iglesia para no equivocaros. Y nunca os arrepentiréis. Cristo es vuestra meta, caminad los dos juntos en la misma dirección hacia JESUS. María os señalará el camino.


Tags: libro, católico, familia

Publicado por mario.web @ 19:22
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