Jueves, 11 de febrero de 2010


Parte 44 del libro “Católico conoce tu fe” del P. Angel Peña. O.A.R.

La vida es sagrada.

 

La vida humana es sagrada, porque desde su inicio comporta “la acción creadora de Dios” y permanece siempre en una especial relación con El. El hombre no es su dueño absoluto y árbitro incensurable, sino su administrador. La vida se le confía como un tesoro que no debe malgastar, como un talento a negociar y debe rendir cuentas de ella a su Señor. Sólo Dios es el Señor de la vida desde su comienzo hasta su término. (EV 5253).

 

“La Iglesia cree firmemente que la vida humana, aunque débil y enferma es siempre un don espléndido del Dios de la bondad. Contra el pesimismo y el egoísmo que ofuscan al mundo, La Iglesia está a favor de la vida. Por esto, la Iglesia condena como ofensa grave a la dignidad humana y a la justicia todas aquellas actividades de los gobiernos y de otras autoridades públicas que tratan de limitar, de cualquier modo, la libertad de los esposos en la decisión sobre los hijos. Por consiguiente, hay que condenar totalmente y rechazar con energía cualquier violencia ejercida por tales autoridades en favor del anticoncepcionismo e incluso de la esterilización y del aborto procurado”. (FC 30).

 

Juan Pablo II, afirma con toda solemnidad: “Con la autoridad que Cristo confirió a Pedro y a sus sucesores, en comunión con todos los obispos, declaro que el aborto directo, es decir, querido como fin o como medio, es siempre un desorden moral grave. Esta doctrina se fundamenta en la ley natural y en el Palabra de Dios escrita; es transmitida por la tradición de la Iglesia y enseñada por el magisterio ordinario y universal” (EV 62). Esto mismo dice, con la misma fuerza, sobre la eutanasia y habla también de una conjura contra la vida y de una cultura de muerte, extendida por todas partes, a la cual debemos oponernos como hombres y como cristianos. “Nada ni nadie puede autorizar la muerte de un ser humano inocente, sea feto o embrión, niño o adulto, anciano o enfermo incurable o agonizante” (EV 57).

 

A veces “el derecho originario e inalienable a la vida se pone a discusión o se niega sobre la base de un voto parlamentario o de la voluntad de una parte (aunque sea mayoritaria) de la población... De este modo, la democracia a pesar de sus reglas, va por un camino de totalitarismo fundamental” (EV 20). Legalizar el aborto es legalizar la pena de muerte para muchos inocentes no nacidos. Esto no les preocupa a muchos de nuestros contemporáneos, para quienes el placer es el valor supremo de la vida. Se evitan los hijos a toda costa como si fueran indeseables y sólo se busca tener más, gozar más, pero sin esfuerzo y sin sacrificio, sin autocontrol, sin responsabilidad. En este ambiente de sexo, placer y anticonceptivos, se pierde el sentido humano y cristiano de la sexualidad.

 

El Papa Juan Pablo II en su carta a los jóvenes del mundo entero les prevenía contra una nueva mentalidad que ve a la mujer como objeto de placer y se ven los hijos como una añadidura fastidiosa y les decía: “Si es necesario, sed decididos en ir contra la corriente de opiniones que circulan y de los slogans propagandísticos. No tengáis miedo del amor, que presenta exigencias precisas al hombre, sed defensores de la vida”.


Tags: libro, católico, familia

Publicado por mario.web @ 19:28
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