Jueves, 11 de febrero de 2010


Parte 45 del libro “Católico conoce tu fe” del P. Angel Peña. O.A.R.

Control de la natalidad.

 

Hoy día, es muy frecuente el uso de métodos artificiales para controlar la natalidad y bajo la falacia de que son “científicos” se trata de afirmar su seguridad e inocuidad. Dicen nuestros obispos (24-08-95): “Cuando la Iglesia rechaza los métodos artificiales, lo hace no sólo conociendo las gravísimas consecuencias que muchos de ellos tienen para la salud de la mujer, sino sobre todo defendiendo la dignidad de la persona humana, cuya naturaleza trascendente pone en su horizonte mucho más que el puro placer hedonista. Esta enseñanza se inspira en la verdad que Jesucristo revela sobre la naturaleza de la persona humana y que ha sido confiada a la Iglesia. No es pues, doctrina que pueda cambiar o que defienda por falta de información”.

 

En primer lugar, los DIU (dispositivos intrauterinos con las espirales, T de cobre ) hay que rechazarlos totalmente por ser abortivos, y, por tanto, criminales. En cuanto a las píldoras, hay algunas como la RU-486 claramente y directamente abortivas y otras lo son indirectamente, pero todas son nocivas para la salud. Algunas asociaciones médicas de USA han enumerado hasta 18 enfermedades graves que pueden producir.

 

Con relación a las jaleas o cremas se ha podido certificar también su efecto dañino; incluso las inyecciones de hormonas producen graves daños a la salud.

 

Los métodos quirúrgicos de la vasectomía y ligadura de trompas van contra la ley que defiende la integridad de la persona, pues son una mutilación; van contra la salud y han sido rechazados reiteradamente por la Iglesia, que prohíbe la esterilización perpetua o temporal tanto del hombre como de la mujer (encíclica Humanae vitae No. 14).

 

La Iglesia no acepta ninguno de los métodos artificiales y recomienda el uso de los métodos naturales, especialmente el de Billings. “La elección de los ritmos naturales comporta la aceptación del tiempo de la persona, es decir de la mujer, y con esto la aceptación del diálogo, del respeto recíproco, de la responsabilidad común, del dominio de sí mismo. Aceptar el tiempo y el diálogo significa reconocer el carácter espiritual, y a la vez corporal, de la comunión conyugal, como también vivir el amor personal en su exigencia de fidelidad” (FC 32).

 

Se habla mucho de métodos de planificación familiar, pero hay que educar sobre la fidelidad, la santidad y la estabilidad del matrimonio, del valor sagrado de la vida, de la dignidad de las personas, de la paternidad responsable y del sentido humano y cristiano de la sexualidad.

 

. “Si la Iglesia permitiera el uso de métodos de regulación artificial de la natalidad, se abriría un camino fácil y amplio a la infidelidad conyugal y a la degradación general de la moralidad. Se llegaría a considerar a la mujer como simple instrumento de goce egoísta y no como compañera amada y respetada. ¿Quién impediría a los gobernantes favorecer y hasta imponer a sus pueblos el método anticonceptivo que juzgasen más eficaz?” (Humanae vitae 17). Lo cual llevaría también indisolublemente a la propagación de muchas enfermedades como el SIDA.

 

Pablo VI escribió que el problema no debía referirse a suprimir el número de comensales, sino a multiplicar el pan. No obstante, la filosofía antivida que fomentan los promotores de la planificación familiar se basa en la falacia de establecer una relación directamente proporcional entre el crecimiento de la población y el empobrecimiento de las naciones. Pero los principales economistas y la misma realidad desmienten estos mitos de la superpoblación y de la bomba poblacional.

 

Existen países con alta tasa de crecimiento poblacional que han logrado garantizar el bienestar para sus habitantes, mientras otras naciones subpobladas padecen graves índices de pobreza. El bienestar no es un problema de población, sino de generación y distribución de la riqueza.

 

En el documento del episcopado peruano del 28.5.93 se nos dice “Invitamos a las organizaciones antivida a revelar con transparencia el actuar real y los efectos colaterales de píldoras e inyectables como Nordette, Microgynon, Depo-Provera y DIUs, pues actúan como abortivos según los científicos y expertos de fama internacional convocados por el Consejo Pontificio para la familia de la ciudad de México en Marzo del 93. La Organización Mundial de la Salud (OMS), después de serias investigaciones desarrolladas en cinco continentes, ha reconocido, por el contrario, que el método Billings tiene una eficacia del 98.5%, además de ser gratuito y carecer de efectos colaterales”.

 

Por todo esto, hay que seguir luchando por la familia “santuario de la vida” y defender la vida en todas sus formas, especialmente de la vida humana aún no nacida y evitar todo lo que destruye el matrimonio y rebaja la dignidad del ser humano. Juan Pablo II nos dice: “Respeta defiende, ama y sirve a la vida, a toda vida humana. Sólo siguiendo este camino encontrarás justicia desarrollo, libertad verdadera, paz y felicidad” (EV 5). Y les dice a las mujeres que han recurrido al aborto: “No os dejéis vencer por el desánimo y no abandonéis la esperanza. Abríos con humildad y confianza al arrepentimiento: el Padre de toda misericordia os espera para ofreceros su perdón y su paz en el sacramento de la reconciliación. Os daréis cuenta de que nada está perdido y podréis pedir perdón también a vuestro hijo que ahora vive en el Señor. Incluso podréis estar con vuestro doloroso testimonio entre los defensores más elocuentes del derecho de todos a la vida. Por medio de vuestro compromiso por la vida, coronado eventualmente por el nacimiento de nuevas criaturas y expresado con la acogida y atención hacia quien está más necesitado de cercanía, seréis artífices de un nuevo modo de mirar la vida del hombre” (EV 99).

 

Sólo así la familia será, según el plan de Dios, un hogar donde se acoge la vida con amor, pues para Dios no hay vidas inútiles o sin sentido y, a pesar de las limitaciones que puedan tener los hijos, tienen una dignidad inviolable como hijos de Dios. Por eso, también en toda verdadera familia debe haber oración para que Jesús ponga su paz, amor y comprensión y dé la fortaleza necesaria para superar los problemas y tentaciones de la vida diaria. El nos dice: “Donde están dos o tres reunidos en mi Nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20). La familia que reza unida permanecerá unida.


Tags: libro, católico, familia

Publicado por mario.web @ 19:30
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