Jueves, 11 de febrero de 2010


Parte 48 del libro “Católico conoce tu fe” del P. Angel Peña. O.A.R.

El Purgatorio.

 

Después de la muerte viene normalmente un período de purificación, que llamamos purgatorio, pues al cielo “no puede entrar nada manchado” (Ap 21,27). Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico y recomienda también las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos ( Cat 1030-1032).

 

El Concilio de Trento (Den 983) afirma: “La Iglesia instruida por el E. Santo y apoyada en la doctrina de la S. Escritura y de la tradición antigua de los Padres, ha enseñado en los Concilios y ahora en este ecuménico que existe el purgatorio y que a las almas allí detenidas se socorre con los sufragios de los fieles y principalmente por el agradable sacrificio del Altar”.

 

Según 2 Mac 12,43, Judas Macabeo envió a Jerusalén dos mil dracmas de plata para ofrecer un sacrificio por los caídos en la batalla, pensando en la resurrección. “De no esperar que los caídos resucitarían, habría sido inútil y necio rogar por los difuntos, mas si consideraba que una magnífica recompensa les está reservada a los que duermen piadosamente, era un pensamiento santo y piadoso. Por eso, mandó hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos para que quedaran liberados del pecado”.Esta claro, pues, que podemos ayudar a los difuntos con nuestras oraciones.

 

El 1 Co 3,15 se nos habla de que seremos probados por el fuego y dice: “Aquel cuya obra queda abrasada sufrirá daño. El, no obstante, se salvará, pero como quien pasa a través del fuego”. . En 2 Tim 1, 18 S. Pablo desea la misericordia de Dios en el día del juicio para su fiel auxiliar Onesíforo y dice: “El Señor le dé hallar misericordia en aquel día cerca del Señor”. El mismo Jesús nos dice: “ Yo te aseguro que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último centavo” (Mt. 5,26 y Mt. 118,34-35) y sigue Jesús: “Os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día del juicio” (Mt 12,36). Y da a entender que hay pecados que se pueden perdonar en el otro mundo al decir en Mt 12,32 que el pecado contra el Espíritu Santo no se perdona ni en este mundo ni en el otro.

 

S. Agustín escribe: “La Iglesia universal mantiene la tradición de los Padres: que se ore por aquellos que murieron en la comunión del cuerpo y de la Sangre de Cristo” (Sermón 172, l).Y sigue: “Opongan los herejes lo que quieran, es un uso antiguo de la Iglesia orar y ofrecer sacrificios por los difuntos” (Libro de herejías cap. 53).

 

El mismo ora por su madre Santa Mónica y dice: “Señor, te ruego por los pecados de mi madre” (Confesiones IX,Cap. 13).

 

Muchos otros testimonios podríamos citar, sobre todo, de santos que conocieron por revelación de Dios la necesidad urgente de oraciones que tienen las almas del Purgatorio y oraron por ellas. Entre ellos, debemos citar a la Beata Sor Ana de los Angeles y Monteagudo, Sta. Margarita Ma. de Alacoque, S. Nicolás de Tolentino y, sobre todo, la llamada doctora del Purgatorio por sus experiencias místicas en este sentido, Sta. Catalina de Génova.

 

Los judíos del tiempo de Jesús, como los judíos actuales, creían en el purgatorio, como se expresa en 2 Mac 12, y Jesús nunca se lo criticó.


Tags: libro, católico, novísimos, purgatorio, muerte

Publicado por mario.web @ 19:37
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