Domingo, 14 de febrero de 2010
Hoy
Hoy es un nuevo día Señor, la mañana esta soleada y el aire es tibio. Los pájaros pían gozosos y mi alma se queda en suspenso al llegar junto a tí, Señor, para este nuevo encuentro porque hay algo que me turba... hay un gran contraste en el nuevo despertar de este hermoso día con el velo de tristeza que cubre mi corazón. Me parecía que el invierno y los días nublados y sin sol estaban más acordes con mi pena... y ahora que todo tiene más luz, más alegría, me cuesta ofrecerte mi corazón adolorido y decirte: "Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad"... 

Porque hacer tu voluntad implica hacer y ser como tu quieres y permanecer en ti pase lo que pase... y así decimos en la Oración del Padre Nuestro y así se lo dijisteis tu a tu amado padre en el Huerto de los Olivos, "que se haga tu voluntad y no la mía". 

Muchas veces en el silencio de la capilla quise atravesar la puerta del sagrario con mis ojos llenos de lágrimas y poder ver tu rostro amoroso y rogarte en una súplica desesperada ¡ Jesús, ten piedad, Señor ten piedad! Tu me mirabas y sentías pena por mí... lo sé Jesús, por que te dolía mi dolor, por que me veías con la esperanza puesta en tí... ¡en quién sino , Señor !, pero sabías que las cosas no iban a ser así... y no fueron. 

Fueron como tu sabias desde siempre, que iban a ser. Tu nunca te equivocas, nosotros sí. Tu siempre hiciste la voluntad del padre sabías que la voluntad del Padre en sus designios misteriosos, eran... 

Y aquí estoy hoy, Señor, de rodillas para decirte "Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad". Esa voluntad tuya que a veces nos cuesta tanto entender y hacer. 

Salmo 39 Aquí estoy, Señor para hacer tu voluntad. 

Esperé en el Señor con gran confianza. Él se inclinó hacía mí y escuchó mis plegarias. Él me puso en la boca un canto, un himno a nuestro Dios: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. 

Esa voluntad donde para cumplirla y acatarla hay que poner el corazón adolorido en sus manos y poco a poco el dolor se va suavizando, se va aquietando, va llegando el bálsamo de la paz. Ya en los ojos solo queda el temblor de las lágrimas que han cesado de correr y los labios repiten una y otra vez "Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad" y se bien cual fue tu voluntad y solo quiero pedirte fuerza y ánimo para seguir alabándote y amándote por siempre.

Tags: hoy, pensamiento, reflexión

Publicado por mario.web @ 16:00
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