S?bado, 06 de marzo de 2010

Comenzamos esta lectura invocando al Espíritu Santo:

“Ven Espíritu Santo, ven por medio de la poderosa intercesión del Corazón Inmaculado de María Santísima, tu amadísima Esposa”. 

Todo Catecismo está dividido en cuatro partes que son:

I - Lo que debemos CREER

II - Lo que debemos RECIBIR

III - Lo que debemos HACER

IV - Lo que debemos REZAR  

Comenzaremos por la primera parte repasando los artículos del Credo. 

El hombre fue creado por Dios y es para Dios. San Agustín dice: “Nos has creado para ti Señor, y nuestra alma está inquieta hasta que descanse en Ti”.

Dios no necesita del hombre ni de nadie porque Él es Perfecto y completamente feliz en Sí mismo. No tiene más que contemplarse a Sí mismo para ser feliz. Pero Él quiso que otros seres gozaran de su felicidad y por eso creó al hombre. Lo creó por puro amor. Para que después de vivir esta vida en la tierra llegue a alcanzarlo a Él en la eternidad y viva para siempre feliz a su lado y en su seno.

Esta es una verdad que debemos grabarnos a fuego en nuestra alma y que tendríamos que repetirnos cada instante de nuestra vida: “Dios me creó por amor”. “Dios quiere que yo sea feliz para siempre con Él en el cielo”.

Y el hombre tiene en su interior este deseo de felicidad completa que el mismo Dios le infundió. Queremos ser felices. Todos. Hasta los pecadores pecan porque creen que al pecar serán felices aunque sea por un momento, aunque después que pasa el momento comprueban que son más infelices todavía.

Este deseo de felicidad que está en nuestro corazón, en lo profundo de él, fue puesto por Dios y Dios lo quiere satisfacer plenamente cuando Él se nos entregue completamente en el Paraíso.

Por eso es de capital importancia tener presente esta verdad para darnos cuenta que nada de lo creado puede llenar nuestro corazón sino solo Dios. Por eso Jesús dijo en el Evangelio: “El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí” (Mt 10, 37) Porque ninguna criatura, aunque sea la más santa, puede llenar nuestro corazón, sino solo Dios. 

Meditemos en esto.


Tags: artículos, Credo, catecismo

Publicado por mario.web @ 20:13
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