S?bado, 06 de marzo de 2010

Invoquemos al Espíritu Santo:

“Ven Espíritu Santo, ven por medio de la poderosa intercesión del Corazón Inmaculado de María Santísima, tu amadísima Esposa”.

 

El Credo

 

El Credo es el resumen de las principales verdades que debemos creer.

Se llama también Símbolo de los Apóstoles porque contiene el resumen de las principales verdades que los Apóstoles enseñaron por mandato de Cristo.

Recitamos el  Credo diciendo: (1) Creo en Dios Padre Todopoderoso Creador del Cielo y de la tierra. (2) Y en Jesucristo su Único Hijo, Nuestro Señor (3) que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo y nació de Santa María Virgen (4) Padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado (5) Descendió a los infiernos y al tercer día resucitó de entre los muertos (6) subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre Todopoderoso (7) Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. (8) Creo en el Espíritu Santo. (9) En la Santa Iglesia Católica, (10) la Comunión de los Santos, el Perdón de los pecados. (11) la Resurrección de la carne. (12) Y la Vida Eterna. Amén.

Como vemos está compuesto por doce artículos.

A esta síntesis se la llama también “profesión de fe” o “símbolo de la fe” porque resume la fe que profesamos los católicos. Y se le llama “Credo” porque la primera palabra es “Creo”.

Siempre se reza de pie, ya que es un canto de victoria por el hecho de ser el resumen de nuestra fe “que ha vencido al mundo” (I Juan 5, 5) Y también lo rezamos de pie porque queremos demostrar con ello nuestra disposición para defender y propagar la fe católica.

Debemos decir con mucha frecuencia el Credo para conservar y aumentar nuestra fe, principalmente en estos tiempos en que el ateísmo se propaga cada vez más.

Los grandes maestros de la vida espiritual nos dicen que debemos hacer frecuentemente actos de fe, esperanza y caridad. Pues bien, cada vez que decimos el Credo hacemos un acto de fe que agrada muchísimo a Dios y a la Santísima Virgen, como Ella misma lo ha dicho en una de sus Apariciones. Hay que hacer actos de fe, a menudo durante la vida, en peligro de muerte, cuando hay que vencer alguna tentación contra la fe, cuando hay que cumplir algún precepto que exige un acto previo de fe, como la Comunión.

Una forma más sencilla de hacer un acto de fe es decir: “Creo en todo lo que la Santa Iglesia Católica quiere que creamos, porque Dios lo ha revelado”.

Tenemos que cuidar nuestra fe ya que la podemos perder. Y la cuidamos cuando evitamos las malas lecturas, los programas de radio y televisión no católicos. La alimentamos con la oración frecuente, los Sacramentos y la buena lectura, principalmente de las Sagradas Escrituras.

No dejemos que el demonio nos arrebate este tesoro invalorable que nos ilumina en nuestro peregrinar terreno y nos obtiene el premio eterno del Cielo: la fe.

Y si queremos estar seguros de que no perderemos nuestra fe a pesar de las pruebas por las que tengamos que pasar en nuestra vida, consagrémonos al Inmaculado Corazón de María, ya que Ella promete que el que así lo haga conservará la fe hasta el final.

Podemos consagrarnos diciendo la siguiente oración:

“¡Oh Madre! Quiero Consagrarme a Ti.
Virgen María hoy Consagro mi vida a Ti.
Siento necesidad constante de tu presencia en mi vida,
para que me protejas, me guíes y me consueles.
Sé que en Ti mi alma encontrará reposo
y la angustia en mí no entrará,
mi derrota se convertirá en victoria,
mi fatiga en Ti fortaleza es. Amén”. 


Tags: credo, creo, catecismo

Publicado por mario.web @ 20:18
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